El ejemplo de la paradoja española

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3 de octubre de 2012  

SEVILLA.– A partir de las evidencias epidemiológicas, los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y los trabajadores sexuales están en la parte más alta de la escala de riesgo de adquirir el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.

En España, un país que las organizaciones de activismo gay suelen poner como ejemplo para sus demandas de "no discriminación" para donar sangre, la situación es paradójica. Junto con Italia, y a diferencia del resto de los países, no se les puede preguntar a los hombres sobre su práctica sexual con otros hombres.

La pregunta desapareció de nuestro cuestionario de autoexclusión con este siglo. Paralelamente, la incidencia de casos de VIH no ha dejado de crecer entre nuestros donantes. Sabemos que en su mayor porcentaje son HSH.

A diferencia de sus vecinos, España parte de incidencias y prevalencias de donantes "contaminados" 15 a 30 veces mayor. Y mientras que ellos pueden cuestionarse, como Francia, o aceptar pautas más flexibles con 18 casos positivos de VIH en 2,6 millones de donaciones, en Reino Unido, o seis casos en 2,4 millones, en Australia, o más bajo aún en Suecia, por ejemplo, nuestra realidad está en 170 casos en 1,8 millones de donaciones. Y el 87% de los casos de VIH en donantes son varones. De ellos, el 79% de los donantes nuevos y el 86% de los donantes repetidores pertenecen al criterio de riesgo HSH.

Es evidente que las preguntas predonación que estamos haciendo carecen de la sensibilidad suficiente para reducir los casos de VIH y estar en niveles mínimamente aceptables para la seguridad transfusional, aun con la aplicación de las técnicas más sensibles de análisis de la sangre donada. Esto nos hace pensar en modificar la política de selección y adoptar una similar a la de la Argentina, donde si un hombre tuvo relaciones sexuales con otros hombres en el último año se demora 12 meses la donación.

Esto no debería considerarse "discriminación" por la condición sexual porque no incluye, por ejemplo, a las mujeres que tienen sexo con mujeres, una conducta sin evidencia de transmisión de VIH u otras infecciones, pero sí a las personas bisexuales, otro grupo de riesgo. Se trata de un criterio en el que prevalece el principio primum non nocere (primero, no hacer daño) a los receptores por sobre el del derecho a la donación.

Aunque las técnicas de biología molecular para analizar la sangre elevaron la seguridad, en España el riesgo residual de transmisión de VIH por transfusión es más alto que en el período 1997-2001, cuando sólo contábamos con técnicas serológicas y podíamos preguntar sobre la conducta de riesgo HSH.

* El autor es Director del Centro de Transfusión Sanguínea de Sevilla e integrante del Comité Científico en Seguridad Transfusional del Ministerio de Sanidad de España.

Dr. Salvador Oyonarte

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