El error está en encarar mal el problema

Por Claudia E. Natenzon Para LA NACION
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2 de mayo de 2003  

La historia natural nos muestra el dinamismo de sus componentes. El comienzo de la configuración del delta del Paraná en su forma actual se ubica entre 8000 y 10.000 años atrás. En la Cordillera se hallan restos fósiles de animales marinos que evidencian que en algún momento el mar llegó hasta los Andes. No podemos asegurar que las inundaciones se deban al cambio climático, pero sí sabemos que nos encontramos en un ciclo húmedo; es decir, de precipitaciones superiores a lo habitual.

¿Qué quiere decir esto? Que todo sistema natural tiene variaciones. En los últimos 20 años se han producido en la Argentina inundaciones catastróficas que afectaron a una gran cantidad de población, bienes y recursos en todo el territorio nacional, incluido el sector más dinámico, desarrollado y complejo.

Los datos muestran que, a pesar del llamado de atención que significó la primera de estas inundaciones, ocurrida en 1982-1983, en las dos siguientes (1992 y 1998) los daños no sólo no disminuyeron, sino que resultaron en un impacto mayor.

¿Por qué la experiencia no ha servido para prevenir nuevos desastres de este tipo y disminuir su impacto? La respuesta debe buscarse en múltiples dimensiones.

Las consideraciones públicas sobre las inundaciones aparecen en documentos oficiales, informes de investigación y, sobre todo, en artículos periodísticos donde se expresan las preocupaciones centrales que debaten diversos sectores de la sociedad. Consideramos que en estos debates se parte de una perspectiva errada del problema, al plantear que las catástrofes provienen de un orden natural dado, casi divino, que escapa de cualquier intervención humana.

El origen de las inundaciones extraordinarias estaría, entonces, en la cantidad de agua que trae el río, en las lluvias mayores que lo normal, en el cambio del clima... Enfocar el problema así tiene como consecuencia directa la imposibilidad de resolverlo, pues al ser obra de la naturaleza queda fuera de las decisiones y acciones sociales.

En realidad, esta situación no es extraordinaria; es producto de un sistema dinámico, que presenta variaciones. A esta dinámica deben agregarse los cambios por uso social producidos en el sistema hídrico de la cuenca del Plata, que hoy configuran un sistema cuya dinámica plantea nuevos interrogantes. Pero la cuestión científico-técnica es sólo una parte del problema, que se resuelve cuando hay voluntad política.

Un problema olvidado

Esto no ha sido así. Los decisores públicos consideran las inundaciones como catastróficas sólo cuando están desencadenadas, en la emergencia, y no como el emergente de una situación socioeconómica dada. Antes o después, el problema se relega a un segundo plano o directamente es olvidado.

El inundado se toma como objeto asistencial, se lo "mueve" de un lugar a otro, se lo intima a dejar su casa, se desconoce la posibilidad de que diga qué es lo que quiere, qué es lo que necesita, qué es lo que está dispuesto a arriesgar. Se apuesta a la generosidad del resto de la población. Luego, se genera un monto de donaciones de gran envergadura que no es canalizado directamente al inundado.

La solución única que se propone es la obra dura, la obra de ingeniería, con cemento y hierro, que se presenta como la panacea universal. Sin embargo, ésta pocas veces se lleva a cabo. Y cuando se concreta, no necesariamente se opta por la mejor propuesta.

Un punto de partida para comprender la cuestión es considerar que la catástrofe es catástrofe en tanto hay un grupo social afectado y que cada grupo social afectado no es igual a otros. En cada caso habría que tener en cuenta por lo menos cuatro aspectos: el físico o natural, el aspecto territorial y poblacional, el socioeconómico y –fundamental para la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre– el político.

En momentos de crisis económica, las soluciones "blandas" son una alternativa de gran eficacia, en la cual la intervención institucional y la gestión pública del riesgo adquieren una relevancia central.

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