El fin de una forma de conocimiento

Javier Navia
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15 de marzo de 2012  

La Encyclopaedia Britannica pertenece a una época en que una biblioteca, aunque se limitara tan sólo a aquellos numerosos tomos de cuero verde y bordó, prestigiaba una casa. El conocimiento era "aspiracional", como acaso hoy lo es la tecnología, y poseer una cultura general era un atributo al alcance de casi cualquier individuo, independientemente de su clase social y más allá de los títulos que la educación formal pudiera aportar.

Ese conocimiento vasto se conoció, precisamente, como "saber enciclopédico". Y a su inexorable desaparición es a lo que asistimos.

¿Quién de niño no depositó con cuidadoso esfuerzo sobre la mesa del comedor, despejada de las migas de la cena, el pesado tomo de una enciclopedia para hojear con asombro sus páginas ilustradas? Abrir una enciclopedia en cualquier página deparaba la sorpresa del conocimiento inesperado. El cuerpo humano, una reproducción de Las meninas , un motor de dos tiempos, el impronunciable nombre científico de una planta. El dedo infantil, como un aventurero explorador victoriano, podía desde recorrer un mapa de Africa hasta descubrir las fuentes del Nilo o de cualquier otro río de nombre exótico. Las imágenes satelitales no existían y los países se representaban en colores. El mundo entero descansaba en un estante arqueado por el peso de esos tomos, y estaba siempre allí, al alcance de la mano.

Wikipedia es otra cosa. Se ingresa una palabra y se obtiene una definición. A lo sumo la pantalla devuelve como valor agregado el vínculo a una o más páginas web que darán más información, pero sobre el mismo tema. Es la metáfora de un mundo en que la cultura general dio paso a una especialización que profundiza pero acota el universo individual de conocimiento.

Internet guarda un saber infinito. Pero quien esté ávido de acceder a él debe poseer la llave, es decir, la "palabra clave". Saber lo que busca. Ir al grano. La enciclopedia no nos pedía eso. Sus páginas nos invitaban a explorar, como Marlowe al adentrarse en el corazón de las tinieblas, pero encontrando luz a cada paso.

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