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Historias para conocer

El médico que viaja a caballo durante tres días hasta Yapeyú en homenaje a San Martín

Mariana Reinke
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16 de agosto de 2019  • 15:24

MERCEDES, Corrientes.- Como siempre, cerca del mediodía, Luis Miguens colgó el guardapolvo blanco en el perchero de su consultorio. Había terminado su jornada en el hospital Las Mercedes. Era tiempo de volver a casa. Pero desde hace dos meses agregó en su recorrido una parada. En moto se dirigió a una chacra cercana para ver el estado de los dos caballos que apartó hace meses para una nueva cabalgata a Yapeyú, cuna del General José de San Martín.

Todo comenzó hace exactamente 31 años cuando su hijo mayor, al que apodaban "Hueso", tenía 8 años y, junto a un amigo decidió organizar una pequeña marcha a Yapeyú con el espíritu de rendirle homenaje al Libertador, como lo hacían otros pueblos de la provincia.

Desde chico, Miguens tuvo relación con el campo y los caballos. En la estancia de la familia en Chascomús, entre sus ocho hermanos y sus primos se disputaban los pocos caballos mansos que había. Pasó el tiempo y el destino hizo que se instale casi por casualidad en la ciudad correntina de Mercedes, donde encontró su lugar en el mundo. "En esta zona sí era muy fácil acceder a tener caballos", cuenta.

El médico Luis Miguens con dos de sus hijos
El médico Luis Miguens con dos de sus hijos

La cruzada constaba de 150 kilómetros y tres días a caballo, en postas. En esa primera cabalgata fueron solo cuatro: Luis, su hijo y dos amigos. Durante el trayecto se sumaron a otras columnas de menchos (paisanos correntinos).

Al año siguiente la cosa se agrandó y pasaron a ser más de 30, entre padres y chicos. "Además de lo épico y de rendir homenaje al Padre de la Patria, siempre insistí en que es un programa para la familia. Los grandes dejan por unos días su mundo laboral, los chicos suspenden la escuela y juntos comparten un programa fantástico. Se ponen las bombachas, se calzan las botas o polainas, con frío, dolor en el cuerpo, con hambre y hasta con lluvia. La cabalgata no se suspende por mal tiempo", comenta.

Para Miguens siempre fue fundamental que la gente entienda que una cosa es andar a caballo y otra muy distinta es marchar. "Hay que darle ritmo a la cabalgata con el tranco correntino", era la frase que repetía durante cada viaje.

Visitas masivas

En un principio las paradas eran en las estancias donde los dueños los recibían con gusto. A medida que el programa se hizo multitudinario se complicó la organización. Con más de 100 jinetes, sumado a los 250 caballos que se largaba en los potreros, pasaron a ser visitas no gratas en los campos. Se tuvo que cambiar la logística: se unieron con el ejército para organizar mejor la marcha. Así fue que los jinetes entregaban los insumos y los militares proveían de carpas, baños y todo lo necesario para acampar.

La cabalgata hasta Yapeyú dura tres días
La cabalgata hasta Yapeyú dura tres días

Ese acuerdo, que duró tres años, le brindó a la cabalgata "un sentido más épico y jerárquico", una especie de marcha militar. "Llegábamos a la posta, izábamos la bandera con el fogón prendido, unos mates y el asado listo para comer. Al amanecer nos despertaba el toque de diana para reunir a la tropa y emprender la marcha", cuenta.

Joaquín, "Tintín", hijo menor de Miguens, se sonríe al recordar cómo se identificaba a la cabalgata mercedeña: "Los gauchos de Miguens". También se acuerda que para darle una mano a su padre, debido a la cantidad de gente que se había anotado (en su mayoría foráneos), con su hermano Hueso pusieron un aviso en la radio local para alquilar caballos y pilchas para hacer frente a la demanda.

"Era gracioso, los menchos golpeaban la puerta de casa para ofrecer sus caballos que según ellos eran mansos de andar. Llegamos a alquilar más de 80 caballos y para distinguirlos, los numeramos", cuenta.

Una de las cabalgatas más emotivas para Miguens fue la del año 2001. "Con 284 jinetes, el campamento parecía un verdadero vivac militar (campamento para soldados) al estilo de La Conquista del Desierto, con mástil, carpas y fogones repartidos. Más de un kilómetro de hileras de caballos atados junto al alambrado. Una de esas noches nos sorprendió la banda del ejército que rememoró la retreta del desierto. Fue emocionante", recuerda.

Entrando a Yapeyú un 17 de agosto
Entrando a Yapeyú un 17 de agosto

Con el tiempo, sus cinco hijos crecieron, se fueron a la universidad y algunos se casaron. Fue el momento de pasar el mando a otros padres para que sean ellos ahora los coordinadores de la marcha y pasar a ser un jinete más.

Para Tintín, si bien desfilar junto a los granaderos es mágico, lo impagable es el momento en que se pasa por el arco de entrada al pueblo: "Cada 17 de agosto Yapeyú se ilumina. Todos quieren llegar y ver a los vecinos a la vera de la calle principal que dan la bienvenida. Vivir eso no tiene precio".

Hoy con 68 años Miguens guarda en su memoria las vivencias de las cabalgatas junto a sus hijos y sueña algún día revivirlas con sus nietos.

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