El pago gaucho que se empapó de tristeza

El terruño de don Segundo Sombra, emblemática cuna de la tradición, sufre junto al Puente Viejo
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28 de diciembre de 2009  

El pago de Areco se empapó de tristeza porque el agua atropelló a lo potro sin más freno que un ruego, sin más resistencia que un insulto bien parido y? ¡y con eso no alcanza!

Por eso, anoche, la guitarra del músico José Antonio Lucci se quedó en las casas con las bordonas mudas y, al llegar la mañana, don Pepe Guevara habrá atado el break para vadear el agua en el pueblo. Mientras, Rosaura Pasaglia, seguramente miró al cielo como intentando pialar la lluvia.

Así, con nombres y apellidos conmovidos, la fragua no bramó en el taller de Holmberg ni el cincel repicó en lo del platero Draghi. No; sólo un "buen día" de puro rigor gaucho y con el sombrero molestando en la mano se oyó como palabra amable en San Antonio de Areco, el pago de don Segundo Sombra; la emblemática cuna de la tradición.

Fue aquí, en donde la admiración de un chico por las mentas de un gaucho hicieron que desde la estancia La Porteña saliera una de las obras fundamentales de la literatura argentina escrita por Ricardo Güiraldes. Las páginas de ese libro resultaron el principal mojón para que el pueblo ubicado sobre la ruta 8, a 120 kilómetros de Buenos Aires, se convirtiera rápidamente en un referente de las tradiciones y de ese arquetipo del ser nacional que es el gaucho.

Así, se sembró de bolicheros, de almacenes y pulperías, de sogueros cosiendo tientos y de plateros encabando fierros.

Areco es Fiesta de la Tradición en el Parque Criollo Ricardo Güiraldes, jineteada en el campo de doma, camisa bataraza, corralera negra, historia sobre el Puente Viejo, caña, silbo, milonga y verso.

Hace ya un tiempo que en Areco fueron bienvenidos los clubes de polo y las estancias turísticas, con una fusión racional entre el pueblo y campo afuera. Hoy, los técnicos deberían explicar si existe algo irracional en el manejo hidráulico.

Mientras tanto, muchos debieron dejar la querencia con la sensación de aquella despedida de Fabio Cáceres y don Segundo en el Puente Viejo: "Me fui como quien se desangra".

Y aunque es triste el domingo de agua en San Antonio de Areco, sólo la porfía gaucha lo puede volver más seco.

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