Tracción a sangre: flacos, heridos y cansados, los caballos son testigos mudos del maltrato

Isabel de Estrada
Isabel de Estrada PARA LA NACION
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26 de mayo de 2020  • 10:54

"Estoy muy orgulloso de defender a los carreros y carreras, hombres y mujeres que enfrentan la exclusión realizando diversas actividades de economía popular en carros tirados por caballos. Sostengo con fundamentos éticos, históricos y legales, que trabajar en carro no es delito", dice Juan Grabois , al tiempo que asegura que su gran amigo Antonio Cabrera, de Villa La Sarita, Quilmes Oeste, "es un hombre bueno y solidario, un verdadero amante de los caballos y los sulkis." Sin embargo, Antonio Cabrera , uno de los referentes del Sindicato Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y Cartoneros , no tiene problema en asegurar a los gritos: "A mí me llegan a parar y me van a tener que matar o yo voy a matar a alguien. Yo mato porque soy una persona desocupada y la única herramienta que tengo es mi carro y mi caballo. Voy a ir preso, que me maten, lo que quieras, pero yo mato". Lo afirma quien se pasea con Juan Grabois en carro, por las calles de Quilmes.

La ONG Caballos de Quilmes estuvo alerta y en pie de guerra durante toda la semana pasada. Quilmes es uno de los distritos más polémicos en cuanto a este tema y, en medio de la pandemia, se corrió la voz de que desde la Intendencia, aprovecharían para presentar en el Concejo Deliberante una modificación a la ordenanza que prohíbe la llamada "tracción a sangre", reglamentada por el exjefe comunal Martiniano Molina , dos días antes de dejar el cargo durante la anterior gestión.

Ante las reiteradas negativas de Mayra Mendoza a recibir a las organizaciones proteccionistas de Quilmes, sumado a las recurrentes y amenazantes palabras de los dirigentes Grabois y Cabrera, se temió que desde la Intendencia se quisiera modificar dicha ordenanza.

No solo existen las correspondientes ordenanzas, sino que, en el noventa por ciento de los casos, los carros - y esto sucede en todo el país- no cuentan con las condiciones mínimas permitidas para circular por la calle

Sin embargo, la dirigente de la Cámpora, grabó un video en el que desmintió rotundamente esa posibilidad al asegurar que trabajarían en pos de un ordenamiento y "paulatino" traspaso de los carreros hacia vehículos a motor, atendiendo a los animales. Confirmando esto, el viernes fue modificado el artículo uno de dicha ordenanza, prohibiendo únicamente la tracción a sangre animal y habilitando los carros tirados de a pie, moto o bicicleta.

Pero lo que nadie pareciera tener en cuenta es que la tracción a sangre es ya un delito en el Partido de Quilmes, y en otros territorios del país. No solo existen las correspondientes ordenanzas, sino que, en el noventa por ciento de los casos, los carros - y esto sucede en todo el país- no cuentan con las condiciones mínimas permitidas para circular por la calle. Por ejemplo, luces, y certificados de anemia, fundamentales para cualquier transporte con caballos. Además, muchos son conducidos por menores de edad, y en la mayoría de los casos se infringe la llamada "Ley Sarmiento" contra el maltrato animal. Lo cierto es que la tracción a sangre es un delito que pocos combaten -salvo los proteccionistas- y la misma sociedad que, ante el triste espectáculo de un caballo que se desploma, exhausto en el medio de la calle, denuncia indignada el tema ante los canales de televisión y ante los pocos periodistas sensibles. "Somos las proteccionistas quienes nos hacemos cargo de ellos, los cuidamos y los recuperamos", dice Eugenia Suárez, de la Comisión Directiva del Centro de Rehabilitación Equina (CRRE).

Una vez más, la ilegalidad pareciera ser la carta ganadora. De la mano del "relato populista", los carreros carecen de deberes y obligaciones. Todo está supeditado a aquellos que pagan impuestos y que viven dentro de la legalidad.

Flacos, heridos y cansados, los caballos son nuestros testigos mudos, víctimas de un sistema completamente degradado, adonde todo vale, amparado bajo la marginalidad y la pobreza, sistemáticamente utilizada por algunos.

"Yo voy a matar a una persona, si me sacan mi caballo", amenaza Cabrera desde su carro, el buen hombre, amigo de Grabois. Y ya se sabe que quien maltrata a un animal, lo hace o lo hará con su mujer, su vecino o su abuelo.

* La autora es Presidenta de la Fundación Zorba

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