El reparto de comida es muy rápido

Hay filas de 600 metros, pero no exigen documento ni comprobante para la entrega
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4 de mayo de 2003  

SANTA FE (De una enviada especial).- Hay más de 600 metros de cola para entrar en el estadio del Club Atlético Unión, en la avenida López y Planes y Candioti. Es mediodía y ya se entregaron 5500 cajas de alimentos que mandó desde Buenos Aires el Ministerio de Desarrollo Social. Hay gente que espera desde hace dos horas.

Otros caminaron dos horas para llegar aquí. Algunos pedalearon y hay quienes hicieron dedo. Se las arreglan para buscar algo que comer.

"Empezamos a entregar las cajas a las 9 y vamos a seguir hasta las 21. Las trajeron ayer en cinco aviones Hércules, que descargamos hasta la madrugada. Vinimos 14 personas desde la Capital y acá trabajamos con cientos de voluntarios", dijo Miriam Guernico, de Desarrollo Social.

La entrega es realmente rápida. Pasan uno tras otro. De hecho, ni siquiera hay tiempo para controlar que sea una caja por familia. No preguntan nada. El problema es que la fila no se acaba nunca. Hay tanta gente necesitada... Se va uno y llegan tres.

Dos móviles de la policía provincial custodian el operativo, pero hasta ahora no hubo problemas. Ni ahí ni en el estadio de Gimnasia y Esgrima o en el Dique Dos, donde también se entregan estos packs de alimentos. Las cajas tienen ocho productos, que varían entre fideos, aceite, azúcar, mermelada, polenta, leche en polvo, yerba, arroz, harina de trigo y latas de tomate.

En la fila se escuchan cientos de historias. Todas tristes. Quien más, quien menos, tienen sus cosas bajo el agua. Juan Carlos Salva (33) llegó en su bicicleta desde Monte Vera, a siete kilómetros de la cancha. Le tomó unos 40 minutos y trajo una bolsa para desarmar la caja y poder llevarse los alimentos."Allá quedaron mi señora y mis dos hijos. Dependemos de esta caja porque no tenemos ni para comprar una leche. Estoy esperando desde hace dos horas, pero no me importa. No puedo volver sin nada. Ellos están esperando que les lleve algo para meterse en la boca; están con hambre", explicó Carlos.

Susana Gómez Iranda llegó agotada. Camino y caminó. Durante una hora y cuarenta minutos. Pensó que no llegaba más. Lo que no sabe es cómo va a volver cargando la caja: "Ya lo voy a resolver. Voy a hacer dedo, no puedo perder más tiempo porque tengo que ir a cocinar esto y volver a buscar más".

Desesperación

"Estoy separada y tengo cinco hijos -siguió la mujer-. El más chiquito, de un año y medio, se quedó con mi vecina. Arreglé con ella que me cuidara los chicos y yo busco la comida para todos. Por eso tengo que volver; no va a alcanzar con una sola caja."

Lo que más le interesa a Laura Domingo (21) es la leche en polvo para su beba de ocho meses. Ella, dice, se arregla con un mate cocido y unas galletas que le acercan unos vecinos. Está en casa de un familiar en la que ya escurrió el agua, pero no les quedó nada. Queda a 15 cuadras del estadio y las recorrió con su hija colgada de una mochila para bebes. Es lo único que el agua perdonó. La tenía puesta cuando su casilla de chapas desapareció.

"Es imposible llevar un registro de a quiénes se les entregan las cajas -explicó la representante del ministerio-. Imaginate que si ya tienen que hacer cola y esperar bastante tiempo, cómo sería si estuviéramos anotando y chequeando si ya alguno de su familia se llevó algo. No podemos: esto es una emergencia y hay que entregar la comida lo más rápido posible."

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