En el Roca, el Estado no mejoró el servicio

Puertas abiertas, suciedad y demoras habituales
Julieta Paci
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26 de febrero de 2012  

Con el grito de "¡café, café!" y de "vendo pastillas de menta" de fondo, el ferrocarril General Roca emprendió su marcha a las 9.10. Debería haber salido antes de la estación de Quilmes, pero se retrasó alrededor de quince minutos. "Nada raro", según dijeron los pasajeros que suelen tomarlo para ir a trabajar todos los días.

Para Bárbara Yaquinta, de 26 años, empleada de un comercio de comida rápida, la aventura de viajar en el Roca (manejado por una Ugofe compuesta por el Estado más Metrovías, Ferrovías y TBA, luego de que el Gobierno le quitara la concesión a Transportes Metropolitanos) recién comienza: "Hace tres semanas que me vine a vivir a Quilmes, pero lo que noté es que el tren tarda mucho en llegar a Constitución y que son muy habituales las demoras".

Ya arriba, los que viajaban sentados -que eran los menos- tomaban mate, escuchaban música o dormían; los que estaban parados intentaban conservar su lugar y miraban por las ventanillas destartaladas que, entreabiertas, permitían el paso de aire fresco.

"Viajamos incómodos, apretados, sucios", se quejó Daniel Jiménez, de 29 años, de Quilmes. "Hay carteles que dicen que los trenes se desinfectan, pero eso es una mentira, hay una mugre que asusta", afirmó quien viaja todos los días a Sarandí para trabajar como pizzero y que está ahorrando para comprarse un auto y abandonar el transporte público.

En cada puerta, carteles amarillos y rojos anunciaban el peligro: "Prohibido viajar en el estribo", pero aún así nadie parecía leerlos. Parados en el filo, con los cabellos al viento, decenas de personas aguardaban ansiosas la llegada a la estación Avellaneda.

"No hay seguridad de ningún tipo; la gente va parada, amontonada como puede; las ventanas están rotas y las puertas siempre van abiertas", protestó Juliana Barrios, de 29 años, de Berazategui. "En el verano la situación es aún peor, no hay aire acondicionado y con las altas temperaturas se hace imposible", dijo contundente, ya que habitualmente viaja a la Capital para hacer trámites.

Migajas de galletitas, de alfajores, boletos y algunos papeles decoraban el piso gris y pisoteado por ínfimos zapatos y zapatillas y, en más de una oportunidad, hubo manos desaprensivas que, a través de las ventanillas, arrojaron desechos.

"Los vagones van bastante llenos, pero se viaja mejor que en el subte", aseguró Gustavo Bertolani, de 51 años, de Quilmes. Contó que "entre las 7 y las 8, tomarse el tren es una locura porque va lleno, y después de las 19 la situación se complica debido a la inseguridad", pero que durante el día "la cosa está tranquila y si alguno se hace el vivo entre los pasajeros lo ponen en su lugar".

Según Bertolani, "la suciedad aparece a la tarde, a la mañana ese tema no molesta, pero lo que no debería pasar nunca es que se viaje con la puerta abierta".

A las 9.42, el tren llegó a la estación Constitución y la gente, que ya se había levantado de sus asientos minutos antes, se amontonó en las puertas luchando por salir apresurada.

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