Encontró diez mil pesos en joyas y las devolvió

Una pasajera las olvidó en su taxi; él gana $ 500 por mes
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28 de febrero de 2004  

Raúl Corbalán, chofer de una empresa de radiotaxis porteña, encontró un alhajero con joyas de un valor superior a 10.000 pesos y documentación personal en el asiento trasero de su auto y los devolvió inmediatamente a su dueña, una argentina que está de vacaciones en Buenos Aires y que reside desde hace años en Estados Unidos.

"La verdad es que al principio no me di cuenta de qué era, no parecía un alhajero, sino un necesaire blanco. No quería tocarlo, pero la curiosidad pudo más y lo abrí. Estaba lleno de joyas, alhajas y documentos personales", contó a LA NACION el taxista de 34 años.

Según la pasajera de 76 años, María Mabel Luppoli de Vicuña, el alhajero contenía, entre otras cosas, una amatista, una aguamarina y un collar de perlas auténticas. "Son joyas que heredé, por eso tienen tanto valor para mí", explicó Mabel, que llegó a Buenos Aires para visitar a dos de sus cuatro hijos varones.

"Lo devolví al día siguiente y la verdad es que sentí mucha satisfacción porque la mujer se emocionó cuando me vio", dijo Raúl mientras jugaba nervioso con su teléfono celular.

"Nunca dudé en devolverlo. ¿Quién soy yo para vender los sentimientos de una mujer?", se preguntó tratando de explicar su buena acción.

Con ropa informal -camisa caqui, jeans gastados y zapatillas- y una actitud despreocupada, Raúl, que por falta de dinero vive algunos días con su madre en Avellaneda y otros en la casa de su novia en Villa Devoto, admitió que este hecho lo hizo reflexionar.

"Me sensibilizó mucho y me dieron ganas de empezar a cambiar. Hice cosas malas en mi vida y a veces sueño con eso. Son remordimientos que uno tiene y con este tipo de cosas lavo un poco las culpas", confesó.

Tras liderar una murga en Avellaneda y trabajar varios años como cadete, Corbalán, que vive en el barrio porteño de Villa Crespo eligió ser taxista para tener más libertad. "Me quise independizar y pensé en manejar un taxi porque estaba cansado de estar en una oficina."

Un ejemplo

En tanto, Mabel, que vive en Stockton, California, desde que enviudó y viaja a Buenos Aires dos veces por año, considera que la honestidad de Raúl es un ejemplo para los argentinos.

"Este joven, que no quería recibir nada a cambio, demostró que nuestro país también puede ser confiable", opinó con seguridad la vecina de Recoleta. Esto demuestra que los seres humanos somos iguales en todas partes del mundo y las cosas buenas y malas pasan en todos lados", agregó.

Cuando Raúl se presentó para devolver el alhajero, se vio obligado a aceptar siete dólares en concepto de recompensa para que Mabel no se ofendiera.

"La plata no me interesa. En ese momento pensé: "¡Pobre mujer, el valor sentimental que tendrá todo eso!"", expresó el taxista, que cobra unos 500 pesos mensuales.

La dueña de las alhajas reconoció que se sintió conmovida por el gesto de Raúl. "En California recibo constantemente malas noticias de la Argentina y cuando pasan estas cosas siento que hay que decirlas."

Seguro de sí mismo el taxista, a su vez, se define como padre soltero porque tiene dos hijos -Bianca y Quentin- y aún no pasó por el registro civil. Contó que bautizó a su hijo menor con el nombre de pila del talentoso director cinematográfico de quien se declara admirador absoluto.

"Hoy, por suerte, mi único problema es económico, pero no hay nada que me preocupe más que mis hijos. Desde que ellos nacieron siempre me pregunto cuánto tengo para ganar y cuánto para perder", concluyó Raúl.

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