Escalas de la recolección al milagro

La industria que comienza en la intimidad bonaerense y llega hasta Europa
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11 de octubre de 2004  

La ruta de la orina nace en la intimidad de unos 165.000 baños bonaerenses y muere, exportación mediante, en Europa o en los Estados Unidos, cuando algún especialista aplica una inyección intramuscular a alguna mujer que no puede tener hijos o que necesita producir muchos óvulos para una fecundación in vitro.

Pero, en el medio, hay decenas de escalas. Los jóvenes que recolectan los bidones en los barrios y los acopian en esquinas. En Longchamps, por ejemplo, se acopian en la Plaza de las Artes. Luego, pasan a un camión.

Juan Carlos tiene asignado Florencio Varela. El es el responsable de manejar el camión, que no es suyo, sino de un fletero que, a su vez, lo alquila a un hombre que le "vende" los bidones con pis al laboratorio Biomás.

-¿Ustedes son de Biomás? -preguntó esta cronista a las 6.30, en una calle de Adrogué. El chofer contestó que sí. "Bueno, más o menos. Trabajamos para un hombre que trabaja para el laboratorio", explicó.

Juan Carlos comienza el recorrido temprano, a las 6. En la caja lleva dos chicos que suben y bajan del vehículo para cargar y acomodar en el interior los bidones que otros chicos acumularon en las esquinas. LA NACION los acompañó a bordo durante un tramo del recorrido. El buen humor los mantiene más allá del olor ahí arriba. "Salís y te bañás apenas terminás, porque apestás. Pero el trabajo está bueno, yo saco 100 pesos por semana", se entusiasma Luis, mientras encastra los bidones como si fueran bloques para armar.

Ellos reconocen su ruta por los bidones que las mujeres les dejan en la entrada, la noche anterior. Pero cada sector tiene su propio sistema para marcar el camino. En Quilmes, en la calle 337 al 3300, los responsables de la recolección se valen de un mecanismo muy poco feliz, que llamó la atención de los vecinos. Marcan cruces rojas con aerosol en el poste de la casa. Así lo constató LA NACION en su recorrida. Uno de los vecinos, que pidió no ser identificado, dijo que se sorprendió un día, cuando salía de su casa y vio que uno de los hombres que recogían las donaciones bajó del camión y con un aerosol marcó una cruz.

El laboratorio Biomás tiene promotoras que recorren las calles para detectar donantes. Pero como las zonas son muy extensas, es frecuente que los dueños de los camiones, a su vez, contraten promotoras que intensifiquen el rastrillaje.

El destino de los 1400 bidones que a diario recoge cada camión tiene como próxima parada las instalaciones que Biomás tiene en San Martín. Allí funciona una planta industrial en donde se colecta todo el pis y se fracciona para entregarlo como materia prima. Trabajan unas 160 personas.

El resultado es trasladado hasta los laboratorios de Massone, en Saavedra, donde 89 personas -33 de ellas profesionales especializados- se dan a la tarea de convertir el pis en una droga contra la infertilidad.

Producen gonadotrofinas denominadas menotrofina y hormona folículo estimulante (FSH). También una pequeña producción de gonadotrofina coriónica humana (HCG), todos productos para tratar la infertilidad humana.

El siguiente paso implica saltar océanos: Europa o Estados Unidos, donde una vez inyectada, la droga puede producir el milagro más glorioso que pueda experimentar una mujer: la concepción de un hijo que demora en llegar.

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