Ferrugem, a 5 años del caso Malvino

Mientras el asesinato del joven sigue impune, esta playa mantiene un gran movimiento nocturno
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20 de enero de 2011  

FERRUGEM, Brasil (De un enviado especial).- Los blogs y otros lugares de la Web describen a Ferrugem como el lugar "descontrolado" de los argentinos que llegan en manadas. Los chicos tumbados en la arena desde temprano parecen contradecir esa calificación, aunque es difícil precisar si se trata de jóvenes madrugadores o de quienes han terminado la noche allí.

Lo cierto es que este pequeño pueblo situado 50 kilómetros al sur de Florianópolis se hizo trágicamente famoso hace cinco años con el asesinato de Ariel Malvino durante una pelea entre argentinos. Algunas de las variables existentes en 2006 siguen vigentes: en este balneario hay mucha movida nocturna y alcohol muy barato.

Dicen aquí que tras lo de Malvino se potenció la vigilancia. Las camionetas de la Policía Militar brasileña apostadas desde las 19 en el acceso de la calle principal confirman esa sensación. "La policía controla todo el tiempo y hace recorridas por las calles bien a la vista de todos; ¡ojo!: la policía brasileña es «jodida», no te podés hacer el loco", advierte Fabrizio Rapallini, que con cuatro amigos de entre 22 y 24 años colecciona latas de Skol -la cerveza más popular aquí- en una mesa de la calle principal.

Aquí la noche comienza a las 19, en un parador de la playa. Después siguen los pubs y, sobre todo, la calle, donde los diferentes grupos hacen postas con heladeras portátiles cargadas de bebidas. "No hay límite de horario y se hace muy fácil estar toda la noche porque no pagás entrada en ningún lugar", explica José.

"Acá no hay brasileños, es como que desaparecen por unos meses cuando llegan los argentinos; no nos deben soportar", expresa Maxi, un cordobés de los cientos que hay por aquí.

"No hay pibes tan «detonados»; es cierto que se toma mucho alcohol, pero tampoco he visto peleas o cosas así", explica Fabrizio. Cerca, un grupo de rosarinos canta a los gritos en una esquina; es puro chauvinismo. Ese es el principal motivo, según Agustina, de 19 años, de eventuales choques entre los chicos. "Es tan estúpido que no vale la pena decir nada", acota.

De un choque de ese tipo, de uno de esos cruces de miradas que terminan mal, derivó el trágico final de Ariel aquella madrugada del 19 de enero de 2006. Ayer, en diálogo con La Nacion, Alberto Malvino, su padre, reconoció que con el dolor nuevamente a flor de piel, sería un día duro para él y su esposa. "Con Patricia le daremos a Ariel un abrazo con el corazón."

Malvino le explicó a La Nacion que "afortunadamente" la causa dio en los últimos meses "dos pasos importantes". "El 6 de octubre pasado prestaron declaración testimonial ante la jueza [Claudia] Ribas Marinho seis testigos, cinco argentinos y un brasileño, propuestos por la fiscal [Roberta] Mesquita e Oliveira. Por otro lado, fue resuelto definitivamente el problema de las traducciones con el nombramiento de un traductor ad hoc [...] Los testigos ratificaron, de manera contundente y coincidente, los hechos y a sus tres autores." Los acusados son tres correntinos: Andrés Gallino, hoy de 31 años, señalado como quien comenzó la agresión; Horacio Pozo (h.), de 26, al que se indica como quien le pegó a la víctima una trompada desde atrás, y Eduardo Braun Billinghurst, también de 26, acusado de ser quien arrojó la piedra de 17,5 kilogramos que terminó con la vida de Ariel.

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