Fue asesinado luego de retirar dinero

Laureano Aldo murió tras recibir un tiro: los asaltantes lo siguieron desde la salida de un banco en Barracas
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1 de diciembre de 2001  

Un empleado de una empresa distribuidora de diarios y revistas fue asesinado a balazos por dos delincuentes que intentaron asaltarlo cuando salía de un banco en Barracas con 8000 pesos que había retirado minutos antes.

El hombre, que fue identificado por fuentes policiales como Laureano Aldo, murió dentro del auto que manejaba, frente al 1464 de la avenida Vieytes. Era español, de 70 años, y vivía en San Isidro. El auto, un Renault Express con patente CNO 420, pertenece a la Distribuidora Austral de Publicaciones, empresa en la que Aldo trabajaba realizando tareas administrativas.

El empleado había salido de una sucursal del Banco Galicia y llevaba consigo 8000 pesos. La policía sospecha que los ladrones lo siguieron desde que salió de la entidad crediticia. Aldo recibió un solo tiro en la ingle izquierda: los médicos forenses dijeron, antes de realizar la autopsia, que es probable que la muerte haya sido causada por un paro cardíaco.

El asiento del auto en el que viajaba Aldo estaba cubierto por los vidrios de la ventanilla rota y por sangre de la herida.

Según una mujer, que prefirió no dar su nombre, una moto con dos hombres empezó a seguir el coche cuando frenó en un semáforo de la esquina de Vieytes y Río Cuarto, a 40 metros del lugar del crimen. Delante del vehículo de Aldo circulaba otro auto de color verde metalizado que, según fuentes policiales, probablemente haya actuado como apoyo de los delincuentes.

Cuando el semáforo se puso verde y el auto avanzó, uno de los hombres que iba en la moto se bajó, rompió el vidrio del conductor del vehículo y le disparó. Luego, y aparentemente sin robarle nada, huyeron.

Roberto Farías, titular de la comisaría 30a., relató que "tras el Renault circulaba un Falcon rojo con dos personas que vieron todo lo sucedido: uno de ellos se bajó y permaneció junto al herido hasta que murió".

Walter, dueño de un garaje situado en la misma cuadra, dijo a LA NACION que "el ruido del tiro sonó como el reventón de un neumático". "Yo salí a mirar: nunca pensé que iba a encontrarme con un hombre muerto", indicó.

Madres angustiadas

Cinco minutos después de ocurrido el hecho, un patrullero llegó al lugar. A unos 15 metros del sitio donde Aldo cayó muerto está situada la Escuela N° 27. Ricardo Solbes, docente de la institución desde hace 23 años, expresó su consternación ante lo ocurrido: "Es realmente preocupante, sobre todo sabiendo que no es un hecho aislado: refleja una realidad cada vez más dura y terrible. Nosotros tenemos miedo por los chicos. Ya ni ellos están a salvo".

Minutos después del homicidio, algunas madres de los alumnos de la escuela primaria empezaron a llegar para retirar a sus hijos y llevarlos a sus casas. Al ver la calle cortada, los patrulleros, la ambulancia y la gran cantidad de gente, muchas de ellas se angustiaron. "Pensé que había pasado algo en el colegio y casi se me para el corazón; tengo dos nenes y tuve miedo por ellos", se alarmó Ana.

El caso está en manos de la fiscalía de instrucción N° 12, a cargo de Carlos Cubría. Poco antes de las 13, los peritos llegaron al lugar para realizar los peritajes de práctica.

Los hombres que estaban en el Falcon rojo, testigos más directos de lo sucedido, fueron llevados a la comisaría a declarar. El cuerpo de Aldo permaneció en el lugar más de dos horas: luego fue trasladado a la morgue.

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