Hallaron tres cuerpos y la esperanza de un milagro se desvanece

El número de muertos se elevó a 13; no cesa la búsqueda entre los escombros de la torre derrumbada en la calle Salta
Fernando Massa
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9 de agosto de 2013  

ROSARIO.- Claudia no duerme desde el martes a las diez de la mañana, cuando todavía en Pergamino se enteró por mensajes de texto y llamadas telefónicas lo que había pasado en el edificio donde vivía su hijo, Santiago Laguia, que sigue sin aparecer. D esde ese momento no paró un segundo: se encargó de difundir la imagen de su hijo por todos lo medios posibles, incluso imprimió fotocopias que se pueden encontrar por todo Rosario.

Anoche, el secretario de Salud de la Municipalidad de Rosario, Leonardo Caruana, confirmó una triste noticia: el hallazgo sin vida de Soledad Medina, de 31 años. Otros tres cuerpos encontrados por los rescatistas entre los escombros no habían sido identificados al cierre de esta edición.

En tanto, Claudia sentada en la sala de espera del Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias de Rosario (Cemar), donde la mayoría de los familiares de personas ausentes pasan las horas a la espera de novedades, dice que si alguien lo llegase a encontrar o a cruzar por la calle, que no lo toque ni le hable, sino que llame enseguida para dar aviso, dado el estado de shock en que se podría encontrar. "No voy a parar hasta encontrarlo, salvo que lo hagan debajo de los escombros. Sé que debajo de los escombros ya no quedan muchas esperanzas? pero lo voy a encontrar y de la manera que sea me lo voy a llevar conmigo", dijo.

Santiago llegó desde Pergamino hasta Rosario hace siete años con la idea de estudiar medicina. Ayer le tendrían que haber dado la fecha de los próximos finales: sólo le quedan tres materias para recibirse. Después, volver a Pergamino, adonde viaja cada fin de semana, y apuntar a la deportología e ir en busca de su sueño de convertirse algún día en el médico del club del que es fanático, Independiente.

Hasta el 8° E del edificio de Salta 2141 había llegado tres años atrás, cuando un amigo que ya se había recibido se lo dejó para él. "Al departamento ya entraron dos veces los rescatistas, porque esa torre no se cayó: la primera vez fue rápida y no lo vieron. La segunda ya pudieron revisarla mejor y tampoco había ningún rastro de él", contó Claudia.

Una llamada interrumpe su relato. Un primo con una información urgente: que un chico oriundo de Chabas, pueblo santafecino, dijo haberlo visto la noche anterior en la terminal de ómnibus de Rosario y que le había pedido prestada plata. Claudia se ilusionó, pero sabe que ya hubo varios datos similares que no dieron resultados: como un muchacho que dijo haberlo visto en la esquina de las calles Italia y Mendoza en estado de shock y que, cuando le hablaron, salió corriendo. Ella corrió hacia allá, pero sin suerte. Todo el tiempo es así. No hay respiro.

Al Cemar llegó una mujer y Claudia enseguida se emocionó: la señora que la saludaba con mucho afecto era la madre de una chica que fue novia de Santiago y que falleció en un accidente de auto tres años atrás, cuando ellos estaban en una impasse . "Justo ella me viene a dar consuelo -dice con una sonrisa-. Es impresionante el apoyo que tenemos de la gente. Familia y amigos que nos hacen compañía, la gente en la calle y acá, en el Cemar, con comida, médicos, apoyo psicológico."

Claudia recordó el shock que se llevó cuando vio por primera vez el edificio que ocupaba su hijo, un impacto que "casi le da un infarto". Tampoco puede olvidar las palabras de una persona que trabaja en las tareas de rescate y que le describió cómo había sacado a alguien que respondía a la fisonomía de su hijo, y que, además, hablaba de haber rescatado a su vecina Luisina, también desaparecida hasta el momento: "Me dijo que él estaba shockeado y que ella estaba en un estado de histeria? Yo pienso todo el tiempo que cómo me va a describir así a mi hijo, si es una persona que jamás lo vio?", sostuvo Claudia.

Le quedaban cinco horas por delante para tener el nuevo informe oficial de las autoridades. Por supuesto que no podía sacarse de la cabeza la noticia de que habían encontrado personas fallecidas bajo los escombros (más tarde confirmarían el nombre de Soledad Medina). Pero también pensaba que en la "zona cero" seguía trabajando sin descanso, entre muchos otros rescatistas, una brigada que estuvo en el terremoto de Haití, donde hallaron personas con vida debajo de los escombros siete días después. Mientras, ella seguiría haciendo lo imposible por encontrarlo, aferrada a su fe en San Expedito y con su hija yendo de visita al padre Ignacio con una foto de Santiago para que él también sumara una mano. En tanto, el jefe del equipo de rescate, Ángel Poidomani, anunciaba ayer que las tareas de remoción de escombros tomarían aún "un par de días largos".

En esa espera y búsqueda seguían también los familiares y amigos de Maximiliano Fornaresse, visitador médico de 34 años. Su auto, un Bora gris, se encontraba en la puerta del edificio. Además, se registró un llamado telefónico de él a las 9.26 a un médico. Pero no hay más novedades.La misma esperanza que tampoco pensaban perder Daniel Giraudo, tío de Maximiliano Vesco, de 29 años, ni ninguno de los familiares y amigos que no se moverían del bulevar Oroño ni del Cemar pese al frío, el sueño, la angustia o el paso del tiempo en detrimento de sus expectativas. La tragedia, el dolor se concentran en este rincón de Rosario.

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