A los 52 años, donará un riñón para mejorar la vida de su hermana

"Es un acto de amor", dijo a LA NACION la mujer neuquina horas antes de la intervención
Tomás Rivas
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20 de enero de 2012  • 10:00

"Deben estar enojados por lo que te va a pasar por mi culpa", le dice Carlota a su hermana frente a la tumba de sus padres. Pero María de los Angeles sabe que no es así. Que esa pareja que descansa hace siete años en un cementerio de Neuquén estará orgullosa del amor de sus hijas. No es para menos. A los 52 años la menor decidió resignar calidad de vida para mejorar la de su hermana.

Hace 11 años a Carlota Pérez (63) le diagnosticaron insuficiencia renal y desde entonces comenzó a dializarse varias veces por semana a la espera de un trasplante. Finalmente, hoy será su propia hermana la que le donará uno de sus riñones. Horas antes de la operación, María de los Angeles charló con LA NACION sobre este acto de valentía y compromiso que cambiará sus vidas para siempre.

"Siento una paz inmensa", repite mientras espera la intervención rodeada de sus hijos y nietos en la capital neuquina, donde pasó casi toda su vida. Enseguida, comienza a hablar de su hermana y de cómo espera que su vida mejore a partir de hoy. "Le costó muchos años aceptar que sea yo la donante", confiesa. Es que Carlota, una médica reconocida en la zona, sabe perfectamente el riesgo al que se somete su hermana.

En 2008 María de los Angeles había querido donar, pero un cuadro de hipertensión se lo había impedido. Recién en noviembre último los médicos aprobaron la serie de operaciones, que durará en total unas seis horas y requerirá varias semanas de un doloroso post operatorio.

"Mi vida cambiará, pero cambiará para bien", cuenta con alegría María de los Angeles, que entre otras cosas se vio obligada a despedirse de los cigarrillos que la acompañaron durante años. "Tengo la oportunidad de darle a mi hermana una mejor calidad de vida, ¿cómo no la voy a aprovechar?", se pregunta, y cuenta que hace poco pidió un permiso especial para acompañar a su hermana a diálisis.

Le pusieron un delantal y la hicieron pasar a una sala, donde unas 30 personas, entre ellas su hermana, esperaba para conectarse durante varias horas. La ceremonia se repite tres veces por semana hace diez años y la posibilidad de que Carlota abandone esa vida intermitente es una razón más que justifica su acto de amor.

"Hay mucha gente en esta situación y es importante que la gente sepa que se puede. Que con amor se puede", repite una y otra vez María de los Angeles, integrante de la Red Solidaria y voluntaria de Missing Children a quien, sin embargo, le queda incómodo el traje de héroe.

Cadena de oraciones

"El día viernes 20 de enero nos harán una operación que, sin lugar a dudas cambiará fundamentalmente la vida de mi hermana; le donaré mi riñón", escribió hace algunos días en su cuenta de Facebook y provocó una catarata de comentarios y cadenas de oración que se esparció velozmente por la red.

"Hay una buena energía impresionante, no paran de llegar mensajes cariñosos desde todas partes", cuenta emocionada.

Orgullosos, sus hijos y nietos la esperan para cenar. Faltan pocas horas para la intervención y todos se reunieron en la casa familiar. "Ellos están con los temores lógicos, pero yo estoy tranquila, con una paz inmensa. Estoy segura de que mis viejos nos van a ayudar".

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