Hicieron un trasplante de riñón y páncreas sin transfusiones

Es el primero en su tipo en el país; antes se había logrado con el hígado
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12 de junio de 2009  

Una mujer surcoreana de 49 años, que reside desde hace mucho en el país y es madre de dos hijos nacidos en la Argentina, recibió anteayer el primer trasplante renopancreático realizado en el país sin utilizar ningún tipo de transfusión sanguínea.

Los cirujanos encargados de llevar a buen puerto este verdadero desafío (si se tiene en cuenta que normalmente un trasplante de estos órganos requiere un promedio de dos unidades de sangre por paciente –alrededor de un litro– y uno de hígado emplea entre 40 y 70 unidades de sangre) fueron los doctores Martín Fauda y Pablo Raffaele, de la Fundación Favaloro.

"Se trata de una paciente diabética tipo I [insulinodependiente] que estaba desde hace varios años en diálisis porque había perdido su riñón –explica Fauda, codirector de la Unidad de Trasplante Renopancreático de la Fundación y todavía exultante por el logro alcanzado apenas 24 horas antes–. [Dado que este tipo de diabetes es ocasionada por el mal funcionamiento de un tipo de células pancreáticas] en estos casos, lo mejor es combinar el trasplante del riñón con el de páncreas. Eso hace que la cirugía sea bastante más compleja."

Pero a la dificultad propia de la operación se le agregó una dificultad más: la paciente es testigo de Jehová, por lo que en las charlas previas con los médicos reclamaba insistentemente que no se le hicieran transfusiones de sangre.

"Nosotros le decíamos que el órgano que se implanta trae sangre del donante –recuerda Fauda–, pero no había caso, son convicciones muy difíciles de cambiar. Finalmente, después de llegar al compromiso de que no la íbamos a transfundir si no era absolutamente necesario, la pusimos en lista del Incucai."

Tras ser alertados sobre la existencia de un riñón y un páncreas cedidos por un donante cordobés, los especialistas programaron la cirugía, que duró alrededor de ocho horas.

Según explica el especialista, para cumplir con el compromiso acordado, decidieron tener a mano un "recuperador", una bomba que aspira la sangre y, si es necesario, la devuelve al sistema sanguíneo del paciente.

"Permite hacer una autotransfusión –comenta–. Pero además hay que ser especialmente cuidadoso. En este caso, el recuperador sólo recuperó 600 cc, o sea que no fue necesario infundir nada de sangre. La paciente terminó la operación con su hematocrito [porcentaje de glóbulos rojos] perfecto. Y, si bien de aquí en más tendrá que estar inmunosuprimida, el trasplante cura su diabetes."

Si todo sigue como en estas primeras cuarenta y ocho horas, la mujer será dada de alta dentro de 10 o 12 días. "Es un logro desde el punto de vista médico y a la vez algo enormemente gratificante –se entusiasma Fauda–. Salió todo de maravillas."

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