Hombre v. mujer

Por Carmen Acevedo Díaz Editora de Moda & Belleza
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8 de mayo de 2003  

Un tiempo de descanso para la campera de gamuza o carpincho y un gasto que vale la pena, el blazer de corderoy.

Sin pretender que el hombre patee el tablero y renuncie a sus irrenunciables, la moda le acerca cada vez más la posibilidad de sacudirse la monotonía sin que eso suponga que se disfrace de nada. Si mal no recordamos, el blazer de corderoy ya estuvo y se fue y ahora vuelve. Y los colores en las camisas, también.

Mucho más lenta en sus cambios que la de mujer, y con perfil infinitamente más bajo al menos por acá (en el calendario de desfiles de invierno, apenas si se han registrado tres o cuatro de hombre contra 70 u 80 de los nuestros), la ropa masculina, sin embargo, le suele llevar a la femenina una gran ventaja, la durabilidad y el cuidado en los cortes. Y si bien antes su desventaja eran los precios bastante más altos, hoy la brecha se achicó. Es que la ropa femenina está cara.

Por supuesto que en el ropero del varón tampoco existe la pilcha eterna, pero sí con más frecuencia la de buenos materiales y cortes precisos, esa que dura lo que su precio hace creer y puede ir mejorando con el tiempo. No destiñe en el camino, se gasta con nobleza y a esta altura de los tiempos donde el vintage tiene buena prensa, pese a sus años puede integrarse a lo nuevo con dignidad. Poco que ver con el se usa y se tiene que desechar en breve porque el género no da más, su color original se perdió o su tamaño se modificó extrañamente, ya en el segundo o tercer lavado. Prerrogativas de cierto fashion femenino y actual.

cacevedo@lanacion.com.ar

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