Incendio en Córdoba: una pareja comparte la pasión por luchar contra las llamas

Juan Ponce y Analía Heredia, con sus hijos
Juan Ponce y Analía Heredia, con sus hijos
Juan Ponce, el jefe de bomberos de La Cumbre, y Analía Heredia combinan el servicio y la familia
Gabriela Origlia
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1 de octubre de 2019  

CÓRDOBA.- Las llamas rodeando la escultura del Cristo Redentor en el cerro de La Cumbre, en el Valle de Punilla, a 90 kilómetros de Córdoba, se viralizaron por lo impactantes. El fuego azotó la zona durante tres días con fuerza. Anteayer y ayer se recuperó la tranquilidad. Quedan 20 bomberos haciendo guardia de cenizas en los puntos más calientes.

La comunidad no tiene más que palabras de agradecimiento y elogios para los bomberos y el personal de Defensa Civil que trabajó en el lugar y que llegaron a ser unos 350 el sábado, en el peor momento, cuando el foco se acercó a las zonas habitadas y se expandió a Villa Giardino. Esa noche hubo 90 evacuados y mucho temor en la población.

Juan Ponce tiene 46 años y lleva 32 como bombero; es el jefe del cuartel de La Cumbre. Fue el responsable de la coordinación de todo el operativo en estos días complicados. "Toda mi infancia estuvo signada por los bomberos; un día pasé y dije que eso era lo que quería ser. Fue mi sueño de niño. Dedico mi vida a esto", cuenta a LA NACION. Es maestro mayor de obras. Trabaja en el área de la construcción y en el cuartel. Su esposa, Analía del Valle Heredia, es sargento del cuerpo. Son padres de un bebé de ocho meses y de un varón de nueve años.

En estos días, por supuesto, casi no vieron a sus hijos: "Quedaron con la familia. Tenemos un contrato familiar de cómo funcionamos. Esta vez nos tocó trabajar a los dos, pero nos organizamos", apunta Ponce. Comenta que en el cuartel son varios los efectivos que son familiares entre ellos: "Más allá de que juntos funcionamos como un grupo familiar, hay parentescos". Analía es una de las ocho mujeres que integran el equipo de 43 bomberos de La Cumbre.

Sobre el incendio que se desató el jueves a la noche, Ponce afirma que fue "más complicado que en otras oportunidades y el más complicado de lo que va del año". Comenzó cuando un poste de alta tensión cayó sobre un pinar e inició el fuego que se extendió hacia el dique San Jerónimo y después, por los vientos, hacia La Cumbre y Villa Giardino, por el Camino de los Artesanos.

"El factor viento, con ráfagas muy intensas hizo que este incendio fuera más dañino -agrega-. Al tener el clima en contra se generaban focos secundarios fuera de la línea principal. Fue una pelea feroz que, por suerte, ganamos". Admite que el peor momento se vivió el sábado por la noche, cuando por el viento y el calor las llamas salieron de control y avanzaron hacia zonas habitadas y, cerca de la medianoche, quedaron detrás del Hotel San Pedro, de Villa Giardino.

"Tenemos un patrón de direccionamiento en función de experiencias anteriores y proyectábamos que cuando tomara esa dirección el fuego entraría en esa zona de interfaz complicada", indica. "Las entradas son muchas veces muy reducidas, sin espacio para maniobrar. Por eso usamos camionetas con un kit forestal con buena capacidad de carga y transporte agua que permiten acelerar la operatividad", resume.

La mayor alegría de todo el cuerpo es que no hubo víctimas humanas ni materiales: "Los baquianos son unos gladiadores, incansables, guapos. Le ponen todo en colaborar con nosotros para controlar las llamas. Lo hacen porque tienen todo lo suyo ahí, en el campo. Su vida está en ese lugar", elogia Ponce. Agradece el "apoyo" y la "solidaridad" de la comunidad; para él no hicieron más de lo que debían. "Me emociona ver cómo, cuando paramos unos minutos a descansar y la gente se puede acercar, comparten nuestra angustia y también nuestros logros".

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