Kirchner en Brasil: por favor, un asesor allí

Por Carmen Acevedo Díaz De la Redacción de LA NACION
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11 de mayo de 2003  

Convengamos: la Argentina no va a ser más rica, ni más pobre, ni a tener mejor o peor suerte en la resolución de sus problemas porque quien acceda a la presidencia de la Nación se vista con elegancia. Muy lejos de tanto, y sin que el buen gusto del futuro primer mandatario sea capaz de arreglar nada, convengamos, sin embargo, en que podría contribuir como parte de un todo a mejorar la imagen del país en el exterior. O, al menos, a recuperar parte de la fama que algún día conseguimos y ahora parece alicaída, la tan comentada elegancia argentina de inspiración europea.

Es que, si hay que atenerse a lo que se ve, parece que cada vez están más lejos los tiempos de los hombres públicos conocedores de los códigos básicos del guardarropa socialmente correcto, y cada vez más cerca los de aquellos que, o porque no les interesa o porque ignoran cómo hacerlo mejor, cometen algunos errores que en esta materia son casi imperdonables.

Lula tiene buen asesor

Un vistazo a Néstor Kirchner y Luiz Inacio Lula da Silva en su reunión, el jueves, en el Palacio Planalto, en Brasilia, reconfirma que este candidato no es la excepción a la regla tampoco cuando cruza la frontera.

Mientras el líder del Partido de los Trabajadores, actual presidente de Brasil, informa con su aspecto que sigue al pie de la letra los consejos de un buen asesor, Kirchner deja al descubierto que no lo tiene, o que si lo tiene es el hombre equivocado.

En la ocasión, Lula llevó un traje liso impecable, con tres botones (uno prendido), tal cual indica la tendencia más actual, y correcta corbata de seda bordó con rayas transversales en crudo y ocre, de ancho dispar. Al pie, un par de muy buenos zapatos marrones de horma italiana.

A su lado, el candidato argentino quedó francamente deslucido. Para empezar, debería someter a revisión su preferencia por el traje cruzado, a esta altura un modelo con patente de antigualla. Pero si no quiere renunciar a él, vaya y pase, se le puede perdonar la variante demodée.

En cambio, de ninguna manera se le puede perdonar que si se da el gusto de llevarlo cruzado no se lo cruce y siempre lo deje abierto, con una caída de las delanteras que dista de favorecerlo.

En azulino tizado, tono por demás incierto, en Brasil acompañó sus seis botones con camisa blanca y corbata obispo de seda imprimé con nudo mínimo. La combinación podría haber mejorado ya sustancialmente con sólo elegir una corbata de dos o más colores, pero afines al del traje, en algún rayado sobrio.

El mocasín argentino

Pero del todo discutibles, por más argentinos que luzcan, resultaron sus mocasines negros con hebilla lateral plateada, apropiados para caminar la ciudad en ropa sport o disfrutar del weekend y no para encontrarse con el presidente del país vecino, por más que el carácter de la reunión haya sido informal.

Porque argentinos también hay excelentes zapatos cerrados, con hebilla incluida, si ése es el detalle que desvela. Desaciertos llamativos considerando que en la Argentina hay una tradición sólida en indumentaria masculina, con firmas que ofrecen productos de muy buen gusto y calidad.

Sucede que cuando se tiene peso político en serio no es aconsejable manotear el ropero y mandar a la valija o ponerse encima lo primero que se encuentra.

Como en otras cuestiones, primero hay que pensar lo que se hace. Y si no hay tiempo de pensar en esas cosas entonces habría que arbitrar los medios para elegir a alguien que lo haga por uno, pero de la manera adecuada.

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