La adversidad no pudo con Zahira

La niña de 6 años se recupera de la fractura de cráneo que le provocó la caída de una rama en una plaza
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17 de diciembre de 2009  

El día que llegó al hospital, a Adrián Morales le dijeron que su hija, Zahira, tenía un diez por ciento de posibilidades de sobrevivir y le aconsejaron prepararse para lo peor. Dieciséis días después, la niña de seis años ríe, canta y juega, y hasta pide que la maquillen para verse "más linda".

El milagro ocurrió en el hospital Gutiérrez, adonde Adrián llegó con su hija en brazos luego de que una pesada rama de plátano cayó sobre la cabeza de la menor y le provocó una fractura expuesta de cráneo.

El hecho ocurrió mientras Zahira jugaba con su hermanito en un arenero de la plaza Almagro, el 1° de este mes.

Desesperado, Adrián, con su hija muy malherida, se cruzó ante los autos pidiendo ayuda. Una mujer los recogió y los llevó al hospital.

El hombre recuerda aquel trágico momento con estremecimiento. Dice que nunca podrá borrarlo de su memoria. Eso no le impide, sin embargo, esperanzarse con la rápida evolución que ha venido mostrando su hija.

"Ayer, la llevamos a hacerse el encefalograma y la tomografía de rutina. Antes de salir de la habitación, me pidió que le pusiera un vestidito, un collar, zapatos y un gorro. Es que Zahira siempre fue muy coqueta", contó emocionado el padre de la niña. "No papá, así no puedo salir, no quiero que me vean fea", le había dicho Zahira.

Por el golpe, la pequeña sufrió una fractura expuesta de cráneo, y una astilla tocó una pequeña parte del cerebro, por lo que hubo que extraerle masa encefálica del hemisferio derecho.

Desde entonces, recibía medicación por vía endovenosa. Pero anteayer los padres decidieron terminar con esa metodología: "No daba más, pobrecita. Desde que la internaron, la pincharon por todo el cuerpo, hasta en los talones, para pasarle remedios", contó su padre, y agregó que "le duelen los bracitos de tantos pinchazos" y "ve a la enfermera y llora".

La recuperación de la niña asombró a los médicos del hospital. "Nos pedían que pensásemos lo peor, pero nosotros siempre tuvimos fe. Ahora, mejora a pasos agigantados, aunque todavía falta un trecho largo", dice el padre.

En los próximos días, a Zahira la espera una intensa rehabilitación que le permita mover con total normalidad sus extremidades del lado izquierdo, dañadas por el golpe. "El bracito lo mueve muy lento y no llega a estirarlo del todo. Además, todavía le cuesta caminar", relatan sus padres.

Con respecto al accidente, Zahira no habla ni pregunta nada. Ni siquiera por qué está en el hospital. Sólo manifiesta la sensación de que a su hermanito le pasó algo, porque él estaba a su lado en el momento del golpe.

"Con la madre le hicimos un dibujito del cuerpo humano, especialmente de la cabeza, para explicarle lo que le pasó, porque no queríamos que se viera al espejo por temor a cómo iba a reaccionar", explicó el padre.

Dicen que lo que más impactó a Zahira fue que le hubieran rapado la cabeza. Después de verse en esa situación, pidió un gorro. "Ese gesto nos dio muestras de que está bien, porque se fija en todos los detalles. Lo que más nos pide son aros, que la maquillen y le pinten las uñas", cuentan sus allegados.

La familia de Zahira está muy agradecida con todos quienes que rezaron por ella. "Vino gente de Tucumán y de Uruguay a verla y a rezar. Nos trajeron muchas estampitas y hasta hay nenes que le dejan cartitas."

Según su padre, "Zahira se convirtió en esperanza para todo el sector de terapia del hospital". Varios niños allí internados mejoraron su estado desde su llegada. "Los padres de los otros chicos prendían velitas por sus hijos en el santuario que habíamos construido para Zahira y se empezaron a mejorar. Muchos dicen que mi hija es una bendición", dijo Adrián.

Agustín, el hermano de Zahira, tiene 3 años y desde que se accidentó no la veía. "El momento en que se reencontraron fue conmovedor", cuenta su padre. "Zahira preguntaba mucho por Agustín porque, como en el momento del accidente él estaba a su lado, creyó que le había pasado algo. No se quedó tranquila hasta que lo vio. Y a Agus le pasó lo mismo: quería ver a su hermana a toda costa." Ahora, según Adrián, todos los días juegan y se ríen juntos, "como si nada hubiera pasado".

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