“La atención de los alumnos se capta con lo que se enseña”

José Luis Orihuela, en Córdoba
José Luis Orihuela, en Córdoba
El experto en comunicaciones digitales José Luis Orihuela afirma que no funciona el uso de la tecnología “como puente”, y que la brecha cultural entre generaciones es la más grande de la historia
Gabriela Origlia
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14 de septiembre de 2016  • 17:08

CORDOBA.- "Me rindo, no puedo contra los celulares, contra Whatsapp o Facebook", escribió Leonardo Haberkorn, docente y periodista uruguayo para anunciar que no volvería a dictar clases a universitarios indiferentes. Para el especialista en comunicaciones digitales y docente de la Universidad de Navarra (España), José Luis Orihuela, está convencido de que la clave para captar la atención de los alumnos es el contenido.

La carta de Haberkon es de hace unos meses pero (como dictan los tiempos modernos y digitales) volvió a circular en las redes sociales y se viralizó en los últimos días; en el texto recuerda con nostalgia que, hasta hace unos años, lograba con éxito convencer a los alumnos, universitarios, de que dejaran de lado el teléfono durante los 90 minutos de clase. Ahora no lo logra.

Orihuela –cordobés radicado en España hace 30 años- enfatiza que la brecha cultural que existe en la actualidad entre las distintas generaciones es la “más grande” de la historia. “La diferencia es abismal, hay un choque cósmico que no se resuelve queriendo usar la tecnología como puente, hay que cambiar la cultura”.

Se cuenta entre los expertos que creen que incorporar computadoras en el aula no es suficiente para captar el interés de los estudiantes: “El problema es lo que se enseña, el contenido y el método de enseñanza. Los que educan deben tener disposición a aprender de quienes nacieron con la mochila digital”.

Rechaza las posiciones “apocalípticas” sobre los riesgos que la tecnología presenta para determinadas profesiones e industrias, entre ellas la de los medios de comunicación. “No es una amenaza sino una oportunidad”, sintetiza.

En esa línea plantea que la comunicación digital ya es parte de la cultura por lo que conviene despegarse de las marcas y los formatos porque -suponiendo que cambien, se fusionen o desaparezcan- la gente buscará un sustituto. “El futuro ya está aquí, la conectividad ya modificó negocios, política y relaciones personales”, reitera.

El gran aporte de Pokémon Go es, para Orihuela, el “desdibujar los límites entre el mundo físico y el virtual, disolvió las fronteras”. Los millennials (los nacidos entre 1980 y 2000) ya superaron esa diferencia: “Para ellos la intensidad del vínculo es la misma con presentes y ausentes. Sus padres los critican, les piden que vuelvan a la realidad, pero para ellos todo es real”. Subraya que esa generación se enamora “de verdad” por las redes; cambia de opinión política influida por lo digital y hace transacciones comerciales de esa manera.

Cambio crucial

Respecto a si la tecnología puede mejorar la democracia, Orihuela plantea que -por ahora- los políticos no lograron resolver cómo pasar del uso de las redes sociales en campaña a mantener esa interactividad cuando llegan al poder. “No sabemos cómo hacer un gobierno 2.0”, dice a LA NACION.

Señala que los estudios en diferentes países demuestran que no hay un modo único de apropiación por parte de políticos y de empresas de las herramientas digitales y que se observa que cuando se usan “sin estrategia” terminan exponiendo a candidatos, gobernantes, productos o servicios a un ámbito global que –sin un plan definido de respuestas- puede provocar crisis de relación.

Apunta al estadounidense Barack Obama como quien cambió los paradigmas de la comunicación política a través de las redes sociales y de los móviles, aunque advierte que repetir ese fenómeno no es simple porque no se trata de repetir acciones.

Advierte que un concepto clave a comprender (e incorporar) es que las herramientas digitales no sustituyen sino que complementan a las tradicionales. “El foco de la comunicación debe trascender el mundo digital y pasar al físico para que alcance a todos los ciudadanos”, agrega. Sin ese paso, por ejemplo, es difícil conseguir recaudar fondos para las campañas.

A su criterio el mayor déficit es “cortar con la apertura, con la interactividad, con el intercambio” propuesto a través de las redes durante el período de campaña. “No se puede actuar de esa manera porque la gente se siente estafada, exige que esa dinámica continúe”.

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