La fiesta que hizo bailar a todo Punta del Este

6800 personas e invitados VIP no quisieron perderse el festival de música electrónica que ya es un clásico
Silvina Ajmat
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6 de enero de 2013  • 13:19

Mañana del sábado. Los que madrugan, por lo general, salen a correr y llegan a La Barra cerca del mediodía para tomarse un café en alguno de los clásicos bares de la zona. Ese día el clima entre los habitués era distinto: un movimiento extraño imponía ansiedad a la rutina. En una mesa, un hombre entregaba precintos de distintos colores. "Esto va a explotar", comentó un chico desde una mesa aledaña, señalando el intercambio de pulseritas. "Esto", era la megafiesta electrónica que tuvo lugar anoche en Punta del Este y que, efectivamente, explotó. Más de 6800 personas se dieron cita en el predio de El Jaguel, el mismo lugar donde el año pasado actuó David Guetta para casi 8000 fanáticos de la electrónica, esta vez, para bailar al ritmo de las mezclas de Steve Angello (uno de los integrantes de Swedish House Mafia), Luciano, Hernán Cattaneo, Cesar Merveille, Renato Ratier y Fernando Picon.

Durante diez días, los organizadores de la Movistar Summer Fest Punta del Este, evento que busca imponerse como la única fiesta masiva del verano, trabajaron sin descanso para levantar un escenario enorme, envuelto en pantallas de led y montar un VIP descomunal. El sábado a la noche, los objetivos parecían haberse cumplido: nadie buscaba fiestas en La Barra. A la medianoche, los bares de moda estaban vacíos. Todos estaban en "la" fiesta.

El primer detalle distintivo del evento está en su concurrencia. Miles de jóvenes todos cuidadosamente lookeados y muchos excéntricos ostentando remeras, zapatillas y accesorios con luces incandescentes y titilantes para llamar la atención. Además, las celebrities más exclusivas de Punta del Este están allí, mirando, veleidosas, desde lo alto del VIP. "Cuatro precintos me dieron, no tiene sentido", se quejaba Concepción Blaquier, que llegó derrochando actitud y estilo con unas enormes plataformas, calzas, campera de cuero y galera. Cuando quiso pasar hacia su mesa, ubicada con una buena vista del show, tuvo que hacer malabares para que, debajo de una enorme pulsera de plata tallada, los agentes de seguridad encuentren el precinto requerido para esa ubicación. Algo similar le pasó a Ari Paluch, que tenía varios precintos pero no el de acceso al living y tuvo que esperar que lo hicieran pasar. También a Bernardita Barreiro, que llegó al show mucho después que su hermana Dolores , y estuvo un buen rato retenida en la puerta esperando el precinto correcto.

El que no tuvo ningún contratiempo, fue Marcelo Tinelli . Imposible determinar por qué puerta hizo su entrada, pero sin dudas provocó un alboroto. Llegó junto a sus dos hijas mayores con sus respectivas parejas, y un séquito de amigos. Se dijo que habían llegado en helicóptero, aunque nadie escuchó el batir de las hélices. Se instaló en un living especialmente montado para él y para los más exclusivos (al lado estaban los hijos de De la Rúa junto a sus respectivas parejas, Valeria Mazza y Alejandro Gravier; Dolores Barreiro y Matías Camisani , un poco más allá). Luego, casi no se movió de allí. Había estado tuiteando con entusiasmo que iría a la fiesta y se lo vio muy divertido. Con un look hiper juvenil – jean desgastado, remera blanca y zapatillas- , se la pasó charlando con distintas jovencitas, a cuál más linda. ¿Scouting para otro Bailando? No. Simplemente sociales. En su mesa corrió el champagne con speed, el Chandon Délice, y tragos de vodka con jugo de pera y pomelo.

Otros famosos que dijeron presente: Zaira Nara , Jimena Butilengo, Cinthia Garrido, Benito Fernández, Virginia Da Cunha, el abogado Fernando Burlando, entre otros.

El detalle de color de la noche fue la llegada de los hermanos Antonio y Aíto de la Rúa. El ex de Shakira llegó de la mano con su novia, Daniela Ramos, embarazada de seis meses, aunque nadie podía jurar que fuera ella. Es que se ocultó debajo de una peluca platinada y unos anteojos tipo Lennon muy oscuros. Bailaron durante dos horas y se fueron temprano, a las 3.30.

El resto siguió hasta el amanecer. La fiesta duró en total 7 horas de pura música y la noche acompañó con un clima ideal. Se convierte en un clásico del verano que nadie se quiere perder.

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