La gambeta más difícil que enfrentó el delantero de River

Anteayer, su nombre estaba en una lista de refuerzos del Atlético de Madrid
Alberto Cantore
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27 de diciembre de 2009  

En el accidente, murieron sus amigos de toda la vida. Ellos, los que fueron sus compinches en la escuela, con los que se divertía en las canchitas de fútbol de Racing, antes de que la fama golpeara a su puerta, con los que planificó las vacaciones en las playas de Florianópolis, en Brasil, para después encarar la pretemporada junto con el plantel de River...

Alexis Fulcheri y Emanuel Melo, ambos de 21 años, y Gerardo Suñé, de 24, fueron las víctimas mortales del choque que protagonizó ayer Diego Buonanotte, un golpe que conmocionó a todos en Teodelina y que también se trasladó a Núñez.

Un día antes, el nombre del santafecino estuvo emparentado con Atlético de Madrid, que lo incluyó como alternativa en la lista de refuerzos para reemplazar al argentino Sergio "Kun" Agüero, seducido por el fútbol inglés. Empero, la nueva dirigencia de River, que lidera el presidente Daniel Passarella, fijó una postura: el estratega se quedaría para ser una de las banderas de la reconstrucción futbolística que intentarán los millonarios. Emblemas como Ariel Ortega, Matías Almeyda y Marcelo Gallardo serían sus laderos en la misión.

Mucho antes de que Buonanotte se presentara en sociedad en la primera de River, el nombre del futbolista retumbaba en los pasillos del Monumental. Con 17 años, sin jugar, y a pesar de su diminuto físico -1,61 metros y 58 kilos-, ya era una de las caras visibles de Adidas. Junto con el arquero Germán Lux aparecía en un gigantesco cartel que lucía una de las puertas del Monumental.

Las gambetas, la velocidad y la entereza para enfrentar a rivales de mayor envergadura física eran comentarios comunes en Núñez, que se instalaron desde que el técnico Ricardo Lazbal lo ponía en los minutos finales de los encuentros de novena división, en 2001. Desde entonces, supo de sacrificios, esfuerzos, postergaciones... No se rindió ante la adversidad y afrontó las complejidades que se les presentan a los jóvenes que arriban desde el interior con aspiraciones de notoriedad.

El 9 de abril, de 2006, frente a Instituto, de Córdoba, llegó el soñado debut; a los 38 minutos del segundo tiempo, reemplazó a Gonzalo Higuaín, otra joya que ahora brilla en Real Madrid. Pero la vertiginosa carrera se lanzó un año más tarde, cuando Passarella, por entonces técnico, le dio la titularidad en el superclásico con Boca. No le pesó la responsabilidad, el "Enano" tuvo una actuación descollante y fue la figura del encuentro.

Pero 2008 fue el año que consagró a Buonanotte. En el medio local, después de tres años River volvió a ganar un título. La habilidad y sus goles, con nueve tantos fue el artillero del plantel, se ofrecieron como sustento para el campeonato que obtuvieron los millonarios, dirigidos por Diego Simeone. La conquista de la medalla olímpica en Pekín con la selección fue otro motivo de alegría, aunque el final de la temporada le dejó un sabor amargo: por primera vez en la historia River terminó en el último lugar de la tabla de posiciones.

El accidente, la muerte de sus amigos podría dejar secuelas en Buonanotte mucho más profundas que las complicaciones que pudieron significar su trabajoso y sacrificado camino por triunfar en River.

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