La historia secreta del cura condenado por abuso sexual

Sus víctimas, niñas de entre 11 y 14 años
Gustavo Carabajal
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24 de noviembre de 2007  

"El padre Napoleón Sasso comenzó su tratamiento psicoterapéutico en abril de 1994, supuestamente afectado de pedofilia", expresaba el informe firmado en abril de 1997 por una psicóloga que entrevistó al cura luego de que se decidiera su traslado desde la diócesis de San Juan a una institución de Buenos Aires que se dedica al tratamiento de sacerdotes en crisis.

Hace dos semanas, la Justicia condenó al sacerdote Mario Napoleón Sasso a 17 años de prisión porque consideró que, entre 2002 y 2003, habría abusado sexualmente de un grupo de niñas de entre 11 y 14 años que concurrían al comedor comunitario de Pilar que estaba a su cargo.

Durante el juicio oral que terminó con la condena contra el cura quedó al descubierto una oscura trama que incluyó los procesamientos por supuesto encubrimiento de dos sacerdotes colegas de Sasso y el hecho de que algunos miembros del Obispado de Zárate-Campana habrían tomado conocimiento de los antecedentes de supuesto pedófilo que tenía Sasso y de las recomendaciones para que no trabajara con menores.

Además, durante el debate que se ventiló en el Tribunal Oral Criminal N° 1 de San Isidro, se incorporó por lectura en la causa una carta del arzobispo de San Juan, monseñor Italo Destéfano, dirigida en 1997 a un grupo de obispos en la que se exponía el problema que sufría el padre Sasso y se los exhortaba a buscar una solución.

La presunta pedofilia de Sasso quedó al descubierto en 1994 mientras estaba en San Juan. En 1997, fue trasladado a Buenos Aires a una entidad especializada en el tratamiento de sacerdotes en crisis. Tres años después, Sasso fue designado al frente de un comedor comunitario al que concurrían familias carecientes del barrio La Lonja, de Pilar. En 2002, habría cometido el primero de los cinco abusos por los que fue condenado. Su primera víctima fue una niña de 11 años, cuya identidad se mantiene en reserva. La pequeña declaró ante los jueces María Elena Márquez, Federico Ecke y Juan Carlos Tarsia y ante el fiscal Carlos Washington Palacios.

Estuvo en el mismo recinto que el sacerdote que había abusado de ella. Cuando llegó al punto de su relato en el que se refirió a los constantes manoseos del cura, la niña, que había sufrido problemas derivados de la desnutrición, comenzó a cerrar los ojos, se le agitó la respiración y quedó al borde del desmayo. Ante esta situación los jueces resolvieron suspender la declaración para proteger a la testigo y ordenaron que el acusado fuera llevado a un sector de la sala donde no podía ver a las víctimas.

Las otras víctimas señalaron que cada vez que concurrían al comedor de la capilla, el sacerdote las recibía desnudo, les pedía que no gritaran y cerraba la puerta con llave. Una de ellas agregó que Sasso la llevó a su habitación para mostrarle imágenes pornográficas en su computadora.

Según los investigadores, la aparición de una mujer que trabajaba como colaboradora en el comedor resultó la clave para poder probar la responsabilidad del acusado en los abusos.

Ante la falta de respuesta de los sacerdotes colegas de Sasso, la mujer recurrió a un médico y sacerdote, quien dispuso la realización de una campaña para que a 150 niños del barrio La Lonja se les realizara un chequeo médico. Cuando llegó el turno de que una de las niñas se desnudara para ser revisada, el médico advirtió las reacciones típicas de una víctima de abuso sexual.

Sacarlo por Misiones

Tres testigos, colaboradores de la capilla San Miguel, recordaron ante los jueces que habían sido convocados por un cura colega de Sasso para llevarlo en automóvil hasta Misiones y para que, desde allí, cruzar la frontera rumbo a Paraguay. Uno de ellos sostuvo, además, que recibió dinero del sacerdote amigo de Sasso para solventar los gastos.

"Durante el trayecto nos contó algunas circunstancias de su pasado al afirmar que había tenido una actitud deshonesta con algunas de las chicas, reconociéndolo, llorando y pidiendo perdón. Además, nos contó que estuvo en otras circunstancias similares y que por eso fue sometido a un tratamiento en el que una médica le aplicaba una medicina para que no sintiera esos deseos", coincidieron los tres testigos.

Fuentes del obispado de Zárate-Campana dijeron que Sasso siempre dependió del Arzobispado de San Juan y que, a raíz de la condena contra el sacerdote, se le quitó el aval canónico a la casa para rehabilitación de sacerdotes en crisis, situada en Tortuguitas. Mientras que en marzo de 2006 se prohibió la actividad de cualquier sacerdote que tuviera antecedentes de abuso de menores.

Además, se dictaron duras normas en los casos de denuncias contra sacerdotes por abuso de menores. El obispo a cargo de la diócesis cuando ocurrieron los abusos renunció en 2005, supuestamente por problemas de salud.

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