La imagen, reflejo del país

Por Gino Bogani
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11 de mayo de 2003  

Representa a un país. Eso es lo primero que tiene que tener en cuenta una primera dama al elegir su guardarropa y la forma de mostrarse frente al mundo. Por ese medio no sólo se muestra ella, sino el nivel cultural y estético de un país. Es fundamental que muestre una imagen elegante, estética y con estilo.

Debe tener bien arreglado el pelo (su marco) y el maquillaje, siempre sobrio y natural. Que resalte lo mejor de sí y oculte las debilidades. Nada de mechones estridentes, flequillos, rulos exagerados.

Tampoco creo que una primera dama deba seguir los dictámenes de la moda paso a paso. Es más inteligente elegir colores y diseños frescos, jóvenes y elegantes. También debe tener en cuenta lo importante que es vestirse adecuadamente para cada ocasión. Esta es una de las claves de la distinción.

Cada persona tiene la libertad de elegir a quien quiera (Jackie Kennedy, referente de la moda internacional, se vestía tanto con Oleg Cassini como con Christian Dior y Givenchy), pero siendo una primera dama, embajadora del país en el mundo, lo más correcto es que se vista esencialmente con un diseñador local.

Al ser la Argentina un país en crisis, creo en la necesidad de mantener la sobriedad y no salir a dar vueltas por el mundo con un tapado de marta cibelina. Estar overdressed o flashy no es sinónimo de elegancia. Esto no significa que haya que nivelar para abajo; todo lo contrario, la calidad no significa ostentación.

Es indispensable, también, que tanto el presidente como la primera dama estén bien asesorados. Su imagen, recordémoslo de nuevo, es el reflejo de todo un país.

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