La inclusión digital también es posible

Cecilia Arizaga
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28 de agosto de 2013  

La inclusión de las redes sociales en la vida académica es una oportunidad para quienes estamos a cargo de la educación en cualquiera de sus niveles -primario, secundario, universitario y posgrado- en tanto que nos moviliza y nos corre del lugar de "inmigrantes digitales" para ocupar un rol privilegiado en la tarea de pasar de la discusión de la brecha generacional al desafío de la brecha sociocultural.

Los modelos 1 a 1 en el aula, una computadora por alumno, son un primer e importante paso de inclusión digital en los sectores más vulnerables, pero con desafiar la brecha sociocultural me refiero a un salto cualitativo en pos de trabajar en una problemática que atraviesa a cada sector social: cómo se usan las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), qué capitales se ponen en juego y cuáles promover.

Las generaciones que nacieron con las nuevas tecnologías -los llamados "nativos digitales"- se caracterizan por la capacidad de asimilar las nuevas formas de experimentar la vida cotidiana a partir del uso de las TIC. El cambio constante, la velocidad, la fragmentación y la accesibilidad de la información son aspectos de esta cibercultura que afectan las formas de conectarnos con el mundo.

A los que tenemos más de 30 años, y que por esa brecha generacional solemos entrar en la categoría de "inmigrantes digitales", nos basta con recordar lo que era grabar la música que nos gustaba de la radio para entender que lo que ocurre con las TIC va más allá de la facilidad de tener a mano y ya todo lo que queremos. Lo que emerge es una nueva sensibilidad a partir de un nuevo modo de relacionarse y de percibir los productos culturales.

La naturalización del cambio constante y la accesibilidad de la información imponen un nuevo ritmo de vida que impacta en la subjetividad. Las redes sociales expandieron estas nuevas formas de sentir y experimentar la vida cotidiana al ámbito de la sociabilidad. En distintos trabajos de campo con adolescentes, algunos sobre el uso de las TIC, este "modo de ser" de la cibercultura juvenil se cuela en los relatos de sus vidas cotidianas.

Hoy, la accesibilidad de la información hace que el problema no sea tener o no tener contenidos, sino cómo usarlos. Esto implica un cambio de mirada respecto del rol docente para desarrollar el capital cultural y simbólico desde las aulas e incentivar lo que llamo "las 4 C": la curiosidad , como desafío a la saturación de información; la creatividad , hoy mientras consumimos también producimos; la actitud crítica ante la multiplicación de datos, y el espíritu colaborativo que el uso de las redes puede propiciar.

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