La inseguridad preocupa a la Iglesia

El vocero del Episcopado dijo que el crecimiento del delito "es uno de los grandes dolores de los obispos y de los argentinos"
Mariano De Vedia
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16 de diciembre de 2009  

El creciente y alarmante aumento de la inseguridad, que ayer cobró la vida de al menos otras dos personas en el Gran Buenos Aires, preocupa hoy a los obispos y es "uno de los grandes dolores de la Iglesia y de los argentinos".

Con esas palabras describió el padre Jorge Oesterheld, director de Prensa de la Conferencia Episcopal Argentina, el ánimo con el que la veintena de obispos que integran la comisión permanente del organismo comenzaron ayer una reunión de dos días.

El vocero episcopal dejó traslucir la inquietud de los pastores de la Iglesia, en sintonía con recientes encuestas de opinión que ubican la inseguridad como la principal preocupación de los ciudadanos.

Oesterheld, que estimó improbable por ahora un pedido de audiencia de las autoridades episcopales a la presidenta de la Nación, transmitió el deseo de los obispos de "trabajar en favor de un país reconciliado y en paz, en el que todos los argentinos podamos convivir".

Luego de que distintas zonas del conurbano se conmovieron el mes último con los crímenes de la catequista Renata Toscano, en Wilde; de la maestra Sandra Almirón, en Derqui, y del joven Germán Martínez, en Remedios de Escalada, el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Frassia, reclamó "políticas de Estado contra la inseguridad".

"La violencia generada por la pobreza y las adicciones está manchando el suelo con sangre inocente", había declarado el obispo, luego de que uno de los robos seguidos de muerte produjera el relevo del jefe policial de Lanús.

"No alcanza con decir que están trabajando para capturar a los asesinos", había advertido Frassia, al avalar un pronunciamiento del área de Pastoral Social de su diócesis.

También el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, alertó dijo la proliferación del delito es "uno de los problemas más graves" que sufrimos. Y lo identificó con "una manifestación del desquicio de la Argentina de hoy".

Aguer advirtió que "el Estado no puede cumplir cabalmente su función de tutelar la vida y los bienes de la población" y sostuvo que ello "es una deficiencia gravísima".

Para prevenir el delito y controlarlo, el arzobispo reclamó "medidas serias y sostenidas a lo largo del tiempo, mejores leyes y una recta administración de la justicia".

Crueldad y desprecio

Afectado por una gripe, el cardenal Jorge Bergoglio estuvo ausente ayer en la reunión de la comisión permanente, aunque sigue de cerca el tema y comparte la preocupación de sus pares. El encuentro fue abierto, así, por el vicepresidente primero del Episcopado y arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Héctor Villalba. No se descarta, sin embargo, que el cardenal primado se sume hoy a las deliberaciones.

En un clima de fuerte conflictividad social, la Iglesia entiende que la inseguridad es un drama que crece en una doble dimensión: en intensidad y en signos de violencia. Así lo expresó el Episcopado en la última asamblea plenaria, realizada el mes pasado en Pilar.

En esa ocasión, los 90 obispos de todo el país expresaron su profunda preocupación por "la crueldad y el desprecio por la vida en la violencia delictiva, frecuentemente vinculada con el consumo de drogas, que no sólo causan dolor y muerte en muchas familias, sino que también ponen a los jóvenes en el riesgo de perder el sentido de la existencia".

A lo largo del año, la Iglesia alzó su voz reiteradamente frente a los acuciantes problemas de la inseguridad y la droga, que produce efectos devastadores, con graves consecuencias, especialmente en la población carenciada.

El padre Pepe Di Paola, que suscribió un duro documento en abril pasado junto con los curas que ejercen su misión pastoral en las villas de la ciudad, fue amenazado de muerte luego de denunciar que "la droga está despenalizada de hecho" y que los pobres son los más afectados.

"La despenalización de hecho generó inseguridad social y la raíz de la inseguridad social hay que buscarla en la insolidaridad social", advirtieron los curas villeros en un documento que fue respaldado por todos los sacerdotes de la arquidiócesis. El propio Bergoglio jerarquizó la preocupación y el trabajo de los sacerdotes villeros al crear una vicaría que depende especialmente del arzobispo de Buenos Aires y que puso a cargo del padre Pepe.

El miedo y el azar

En sintonía con el inquietante cuadro social, el obispo de Quilmes, monseñor Luis Stöckler, expresó su preocupación por los jóvenes que no estudian ni trabajan. "Muchos de ellos están atrapados por el paco, destrozan su salud y pasan con facilidad a delinquir", dijo, al presidir una misa en el Cruce Varela.

"Bajar la edad de imputabilidad no garantiza la protección que nuestros niños y jóvenes necesitan. Ellos están hambrientos de afecto y comprensión", dijo Stöckler, que conduce la diócesis que durante 25 años manejó monseñor Jorge Novak.

Consciente de la sucesión de amenazas y hechos delictivos, el obispo Stöckler advirtió: "Cunde en nuestros barrios el miedo frente a las permanentes agresiones, asaltos, robos y homicidios. Al azar se agrede a cualquiera, a veces por cosas o sumas insignificantes. Los vecinos reclaman una mayor presencia de las fuerzas de seguridad y quisieran poder confiar en ellas",

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