La lluvia atemorizó a los inundados

El agua no logró entrar en las casas pero la gente levantó del piso los muebles y otras pertenencias Aunque las precipitaciones fueron escasas, hay inquietud por otro desborde del Salado Se interrumpió la vuelta a la normalidad Preparativos contra el agua
Evangelina Himitian
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16 de mayo de 2003  

SANTA FE.- El firmamento se puso violeta y un rayo descosió el cielo hasta la tierra en el barrio Roma. Fue en ese instante cuando Judith, Juan Cruz y Ladislao se miraron y entendieron la señal. Dejaron lo que estaban haciendo -limpiaban el lastre que dejó en su casa la inundación- y volvieron a las trincheras.

Había que levantar una defensa con bolsas de arena y cascotes en la entrada, desde donde reñirle terreno al agua. Había que empezar de nuevo. A tapar las rejillas, a levantar los muebles, a subir lo que se salvó al segundo piso. Porque los estruendos en el cielo y los rumores sobre el río Salado prenunciaban la llegada de la segunda batalla.

Así vivieron los hermanos Rodríguez, en su casa de Sáenz Peña 2383, la mañana de ayer, cuando pasadas las 8 la tan anunciada tormenta se desató sobre esta ciudad. Otros cientos de vecinos se preparaban para recibir el agua con desazón y cansancio. Hubo caras ensombrecidas. Gente que miraba a la calle desde las ventanas todavía embarradas, para controlar el nivel del agua en la vereda.

Otros ya no tenían ánimos de luchar contra lo inevitable. "A los 75 años ya no puedo resistir otra inundación. No en menos de un mes. El cielo está muy negro, con mucha agua. ¿Cuántas bolsas de arena tengo que poner? ¿A dónde me tengo que subir? Si el agua viene, que acá me encuentre. No tengo con qué hacerle frente", aseguraba Domingo Sisca, que habita en el barrio Santa Rosa y que pasó casi diez días viviendo en el techo.

Recuperación abortada

Es que la lluvia que volvió a afectar a esta ciudad comenzó a generar severos problemas a la zona ya castigada por la inundación, pues abortó el proceso de acentuada recuperación observado desde el fin de semana. El mal tiempo dejó al descubierto la vulnerabilidad de los barrios más bajos, en los que todavía el agua cubre calles y viviendas.

Si bien hasta anoche sólo habían caído 25 milímetros, la intranquilidad invadió la amplia franja que quedó anegada el martes 29 de abril.

Mientras ayer llovía, la basura bailaba libre en las esquinas. En Primera Junta y Lamadrid, en Catamarca y Gobernador Freyre, antes del mediodía las ochavas quedaron otra vez anegadas. Hasta ayer estaban sin agua. Pero afortunadamente la inundación por consecuencia de la lluvia no entró en las casas.

Hay una línea gris que divide las casas en dos: lo que quedó arriba o debajo de la inundación de aquel día. "La marca es la referencia de lo que nos pasó. Todavía no se borró y ya parece que puede aparecer otra. Esperemos que pare de llover", asegura Matilde Coronel, que vive en el barrio de los jubilados, un complejo habitacional de 75 viviendas que quedó tapado por la inundación. "Me dijeron que estas casas las van a demoler, que acá no podemos venir. Semejante noticia... y encima no para de llover", se lamentó.

Así vivieron los santafecinos la llegada de este frente de tormenta que, según los vaticinios, durará al menos hasta pasado mañana. Los que intentaban limpiar y separar algo que se hubiera salvado, desistieron. Las sogas con ropa que desde hace dos semanas son las banderas de los centros de evacuados se vencieron por el peso de las prendas que volvieron a empaparse antes de llegar a secarse.

Mal pronóstico

Para hoy está previsto que persista "abundante nubosidad con probabilidad de lluvias y lloviznas", pero por la noche "las lluvias podrían intensificarse, acompañadas de tormentas" hasta el domingo, cuando se anuncia un "mejoramiento temporario". Pero el lunes el clima "volverá a desmejorar con posibles lluvias a partir del mediodía", indicó el Servicio Meteorológico Nacional.

Susana Esmail, que atiende una rotisería en La Florida, también pertrechó la entrada con bolsas de arena. "Me entró un metro y medio de agua, queremos estar preparados. Por acá la gente anda diciendo que el Salado está muy crecido, aunque las autoridades lo nieguen", aseguró mientras preparaba una defensa para su negocio.

En efecto, ante una consulta a fuentes gubernamentales, se aclaró que los caudales del río Salado aún permanecen muy elevados en toda la cuenca (ayer marcó 5 metros en Santo Tomé, 1,37 metro menos que el pico alcanzado el 30 de abril último), por lo que se mantiene el estado de emergencia hídrica.

Queda esperar cómo influirán estas nuevas precipitaciones, aunque se estima que no provocarán una emergencia similar a la que derivó en el desastre de comienzo de este mes.

Las carpas resistieron

Las carpas que instaló el gobierno provincial para unos 400 evacuados resistieron ayer el agua. Pero hubo goteras y los habitantes se pasaron todo el día cavando zanjas y rodeando con arena las tiendas.

"Estamos más o menos. Nuestra carpa tiene unas goteras y de los costados entró agua. Por ahora llovió poco, esperemos que no se ponga peor si llueve fuerte", comentó Natalia Bosser, que vive y vivirá por unos seis meses en carpa.

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