La odisea de una familia argentina de visita en Chile

Juana Pereda junto a sus hijas María, Lucía, Clara y Juana Ocampo
Juana Pereda junto a sus hijas María, Lucía, Clara y Juana Ocampo
Evangelina Himitian
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21 de octubre de 2019  • 21:25

Juana Pereda se quedó con las ganas. Tiene 91 años y acaba de recuperarse de una fractura de fémur. Como se había pasado toda la internación mirando videos en YouTube del violinista holandés André Rieu y diciendo que esperaba algún día poder ir a un recital de él, sus cuatro hijas le organizaron una sorpresa. La llevaron a Santiago de Chile, donde este fin de semana se iba a presentar el músico con su orquesta. Pero la crisis social que estalló en las calles de la ciudad les cambió los planes. "Llegamos el jueves, paseamos un poco y el viernes empezó el lío", cuenta Juana Ocampo, una de sus hijas.

Cuando surgió la idea del recital, María, Lucía y Clara estuvieron de acuerdo. Alquilaron un departamento en la zona de Las Condes, y pensaron en pasear y recorrer un poco. Llegaron el jueves pasado. Y el viernes al mediodía ya empezaron a ver algunas advertencias en la televisión. Habían ido a un shopping y la gente local les dijo que ni se les ocurriera ir al centro o moverse en subte. Ese mismo día por la noche, Rieu dio el único de los tres conciertos programados. Pero los otros dos, los del sábado y el domingo, se suspendieron. Ellas tenían entradas para el recital del sábado.

"Decidimos quedarnos acá. Algún restaurante pudimos visitar, pero por ejemplo, desde que empezó el toque de queda, se cierra cada vez más temprano. Pensamos en adelantar los pasajes, pero después nos enteramos de que en el aeropuerto había mucha gente varada y preferimos esperar", cuenta Juana, que tiene 64 años, es profesora de literatura y se dedica a una terapia alternativa llamada memoria celular. "Igual fue lindo haber viajado las cuatro con mamá y haber pasado este tiempo juntas", dice.

Sus pasajes de vuelta son para mañana, por eso las hermanas Ocampo decidieron esperar, pensando que la situación se iba a tranquilizar. "Una amiga que vive en Santiago iba a festejar su cumpleaños el domingo, pero me llamó para avisarme que lo suspendía porque no se sabía a qué hora empezaba el toque de queda y era mejor no estar circulando", cuenta Juana.

Pese a las ganas que tenía de ver a Rieu, su madre se lo tomó bien. "Será la próxima vez", les dijo a sus hijas.

Thiago, el bebé que nació en mitad del caos

Matías y Nadia son argentinos y viven juntos en Santiago de Chile desde hace más de dos años. Primero se instaló él; después se casaron y se mudó ella. Pero su primer hijo, Thiago, no podía haber nacido en un momento más convulsionado: el miércoles Nadia tenía programada la cesárea en la Clínica de la Providencia. Todo salió perfecto. La mamá de ella viajó desde Salta para acompañarla. La tarde del viernes, mientras el médico le anunció que al día siguiente se iban a su casa, comenzó el caos en la ciudad.

Desde la ventana del séptimo piso de Matías y Nadia se ven varios focos de incendio
Desde la ventana del séptimo piso de Matías y Nadia se ven varios focos de incendio

La primera reacción de Matías fue llenar el tanque. Cuando salió a la calle, después de varios días de estar entre pañales y llantos, se encontró con una ciudad desconocida. Militares en todas las esquinas, tanquetas de guerra y una sensación muy parecida a la que tuvo en 2001, cuando trabajaba en el centro de Buenos Aires. "Quizás aún peor. Porque es muy fuerte encontrarte con la ciudad militarizada", dice. Hizo una hora y media, y logró llenar el tanque. El sábado a la mañana le dieron de alta a Thiago y la familia cruzó la ciudad con una doble sensación de fragilidad: por llevar por primera vez a su hijo en el auto en medio de una ciudad literalmente en llamas. "Por suerte, en la zona donde vivimos estaba todo más tranquilo", cuenta Matías. Ellos viven en Huechuraba, que es una comuna que está en las afueras y es como un espejo de Las Condes, del otro lado del cerro San Cristóbal.

Pero también allí, aunque se trata de una zona donde reside clase media profesional, varios supermercados fueron saqueados. Por eso, cuando la familia volvió a casa se encontró con que era una misión muy compleja comprar comida. "Por suerte pañales y las cosas más básicas tenemos para estos días. El domingo salí a recorrer y, como los supermercados estaban todos cerrados, fui a una feria de barrio donde se vende fruta y verdura. Había alcanzado a comprar un poco de provisiones cuando de pronto vino como una horda de gente y saquearon los puestos. Yo alcancé a subirme al auto. Fue indescriptible la sensación", recuerda.

Por suerte, dice Nadia, él y Thiago están en el "limbo" del recién nacido. "En este momento, desde mi ventana, en un séptimo piso veo cinco focos de incendio en la ciudad. Y faltan 15 minutos para el toque de queda. Y hay más de 20.000 personas en la plaza. No sé qué va a pasar", cuenta.

El casamiento que nunca fue

María y Juan son otros dos argentinos que este fin de semana se encontraron en mitad de la crisis chilena. Habían viajado a un casamiento de unos amigos y dejaron en Buenos Aires a sus dos hijos de tres y un año. Llegaron el jueves, descansaron en el hotel, en la zona de Las Condes. Y el viernes dieron una vuelta por el shopping cercano. Les llamó la atención que los locales de Apple y Nike estaban cerrados. Y que en las otras tiendas anunciaban que en 10 minutos los locales cerraban las puertas.

Así estaba la ciudad cuando María y Juan salieron del shopping
Así estaba la ciudad cuando María y Juan salieron del shopping

Allí se enteraron de lo que estaba pasando. Cuando salieron, se encontraron con que en la calle no había casi nadie. Volvieron al hotel y allí sus amigos les dijeron que el casamiento se pasaba para el día siguiente. Después, pasó para el domingo y finalmente se suspendió. "No tengo idea de si al final se pudieron casar o no. Yo lo único que quería era salir del país porque me daba mucho miedo lo que estaba pasando; quería salir y volver a mi casa. No me quería mover del hotel, tampoco se sabía qué podía pasar por los saqueos", relata María. Finalmente, ella y su marido lograron subirse a un avión el domingo y volver a casa.

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