La psicóloga de la defensa dijo que Nahir Galarza fue víctima de abuso, que no era novia de la víctima y que tuvo un brote psicótico cuando cometió el homicidio

El tribunal escuchó ayer al perito psiquiatra oficial que entrevistó a Nahir Galarza tras su detención
El tribunal escuchó ayer al perito psiquiatra oficial que entrevistó a Nahir Galarza tras su detención Crédito: www.R2820.com
Paola Robles Duarte
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14 de junio de 2018  • 18:56

Ante el tribunal de Gualeguaychú que juzga a Nahir Galarza por el homicidio de Fernando Pastorizzo, dos profesionales de la salud mental coincidieron en señalar el claro rasgo obsesivo que caracteriza a la acusada. Pero, por lo demás, describieron a dos Nahíres diametralmente opuestas.

Uno, el psiquiatra oficial que entrevistó a la acusada una vez que quedó detenida, afirmó que la chica, de 19 años, sabía qué había hecho y cuáles eran las consecuencias de ello, y evaluó que no experimentaba ni rasgos típicos de enfermedad mental o síntomas de estrés postraumático atribuibles a una situación de violencia de género como la que dice haber sufrido a manos de la víctima, y a la que su defensa atribuye un vínculo causal con el crimen.

Otra, la psicóloga contratada por los abogados de Galarza, en cambio, sostuvo que Nahir tiene síntomas de depresión y autodestrucción –expresados en hipersexualidad y mala alimentación–, indicadores moderados de trastornos esquizoides producto del deterioro de su personalidad y de hechos traumáticos de la infancia, e indicadores de haber recibido violencia de género y haber sido violada. Agregó a ese vademécum, además, que la chica pudo haber sufrido un brote psicótico antes de matar a Pastorizzo, con quien sugirió que tenía un "vínculo afectivo" aunque "no eran novios". Concluyó que la chica estaba "al límite del desborde emocional" y que lo que ocurrió –los dos disparos mortales a quemarropa– "fue un accidente".

Los fiscales y la querella cuestionaron duramente el testimonio de la licenciada en Psicología Alicia Yolanda Paday, que puso sobre la mesa todos los elementos que sostiene la defensa de Galarza para evitarle una condena a prisión perpetua haciendo "caer" los dos principales agravantes: la falta de vínculo de pareja con la víctima y la ausencia de premeditación, desvirtuada por un trastorno de personalidad derivado de haber soportado años de abusos y violencia, quizás de la propia víctima.

Paday dijo ante el tribunal que Nahir le contó que había tenido uno de esos "frecuentes, pero reversibles episodios psicóticos" el día del hecho. "Me lo dijo ella con mucha vergüenza de que yo creyera que estaba loca", explicó.

Pruebas psicológicas

"Elaboré un informe basándome en una selección de pruebas", explicó al tribunal. "Primero realicé una prueba de evaluación cualitativa, utilizando el método de Millon, el cual es infalible para evitar mentiras y ocultamientos. Se trata de un cuestionario de 600 preguntas. La aceptación de la prueba fue alta. Ella no mintió ni ocultó nada", afirmó la mujer, quien agregó que las pruebas comenzaron el 20 de marzo y que "la huella de esto no puede ser de menos de un año para acá".

Según Paday, "Nahir presenta una orientación en su conducta manifiesta que la protege de la angustia. Aparece como extraña, fría, excéntrica, distante, seria, favoreciendo incluso la fantasía que hay sobre ella. Cuando un sujeto tiene huellas de un largo sufrimiento, se muestra como el afuera lo quiere ver, con un bajo nivel de energía, pasivo, distante, retraído, como ocurre con Nahir".

En otro test, "El hombre bajo la lluvia", evaluó diferentes aspectos de la joven a través de una serie de dibujos. Paday dijo que el trazo de Galarza indica "el bajo nivel de energía, el desgano que tiene". Es "un trazo suave, propio de una persona con rasgos tendientes a una depresión. El dibujo está en el centro de la hoja. Generalmente los criminales lo hacen pequeño y en la parte superior derecha de la hoja. Este no es el caso. Y tampoco hay un trazo fuerte ni enérgico que dé la sensación de una persona violenta", resaltó.

Y continuó: "El sexo indiscriminado y la poca alimentación son patrones de depresión, de autoaniquilación y autodestrucción. Ella se pone en un lugar que la vuelve susceptible a la violencia del otro. La compulsión de mostrarse perfecta ante el otro es un signo clave. Trata de demostrar que ella no necesita nada. No demuestra nada por falta de confianza en el otro; es una forma de decir ‘no quiero sufrir más’ y de reprimir sus deseos", remarcó la psicóloga, a la vez que señaló que Galarza posee "falta de autonomía y mucha presión parental a ser perfecta. Es perfeccionista, pulcra, prolija. Obsesionada por esto".

Sobre los rasgos de su personalidad, dijo que "hay algunos más patológicos que otros", pero que no reúne las condiciones para un trastorno definido, ya que "con apenas 19 años, recién se están definiendo estas cuestiones".

Pero asimismo, afirmó que "existe conexión de estos rasgos con la cercanía a un trastorno esquizotípico. Es probable que los haya tenido breves brotes psicóticos, por los mecanismos defensivos que establece Nahir, más vinculados con los psicótico que con lo neurótico. Esto se debe a un deterioro de su personalidad, a hechos traumáticos que probablemente vienen desde la infancia".

Fuente: LA NACION

Vínculo violento

"Ella relató hechos de violencia sufridos con Fernando, que él alentaba esos hechos de violencia y descalificación hacia ella. No eran pareja, tenían un vínculo subjetivo patológico, integraban un círculo de violencia que se pudo haber dado entre ellos. Nahir tiene todas las características de una víctima de violencia de género, No puedo decir que de parte de Fernando... Pero tiene todos los indicadores"

"Dudo que no haya sido abusada sexualmente. Me contó que se inició sexualmente con Fernando, le pregunté al respecto y no quiso hablar. No puede confiar. Se está defendiendo todo el tiempo", dijo.

Agregó Paday que "la baja tolerancia a la frustración de Nahir es un claro mensaje: ‘no puedo sufrir más’. Si continúa expuesta a una situación de violencia puede haber una desestructuración del tipo psicótico, porque obviamente es muy sensible. No quiere sufrir más. Ella me dijo que no le iban a creer. Estoy segura de que fue víctima de violencia psicológica, sexual y verbal. Los insultos y la descalificación también son violencia. La psicóloga destacó que "probablemente esté mejor presa, ya que no ha recibido violencia donde está, la han tratado muy bien en la comisaría".

"La obsesión con los gérmenes, la compulsión, el sexo indiscriminado, por ejemplo, son una manera de repetir un trauma no elaborado. Tenía relaciones sexuales descontroladas, a modo de autoflagelación. Y como todos sabemos las mujeres abusadas y golpeadas tienden a sentirse culpables", disparó Paday. Agregó: "Nahir, es la típica mujer que recibe violencia. Ella creía que lo podía manejar. Violencia sistemática y fuerte. Mucha violencia verbal y descalificación que seguramente comenzó a naturalizar. Los noviazgos violentos adolescentes comienzan así, son muy peligrosos y explosivos. Son impredecibles. Ella no tenía miedo, creía que podía manejarlo, por eso no lo hablo y no lo contó", dijo la mujer, que se atribuyó "experiencia" en el abordaje de adolescentes y niños.

Crédito: www.R2820.com

La relación con la víctima

"Había un compromiso simbólico con Fernando de parte de Nahir. Fue su primera pareja sexual, pero no eran novios", sostuvo Paday. Y amplió: "Lo que había era dependencia afectiva de Nahir hacia él. Cada tanto se llamaban y tenían sexo. Había un vínculo simbólico, afectivo, en el que sentía la obligación de cuidarlo, de protegerlo. Esta tendencia a proteger y depender era producto de su personalidad, pero no eran pareja. Habían sido novios al principio, por unos cuatro o cinco meses y hace cuatro años que se conocían".

Y concluyó: "Las personas, cuando habitan un círculo de violencia ocultan la situación, la dependencia afectiva. Es muy probable que ella haya ocultado lo que ocurría para que no le impidieran dejar de verlo, pero no había compromiso afectivo, había dependencia".

La versión opuesta

Antes de la polémica desatada por el testimonio de la psicóloga Paday, fue el turno del médico psiquiatra Simón Pedro Giglione, integrante del equipo técnico del Juzgado de Familia y Menores de Gualeguaychú.

"La atención espontánea y voluntaria eran normales. No presentó alteraciones en la memoria, manifestó siempre conciencia total de sí misma y de la situación. No presentó trastornos, discernía lo bueno de lo malo, lo aceptable de lo no aceptable, lo lícito de lo que no lo es", explicó el médico, que mantuvo tres encuentros con Galarza bajo la metodología de "entrevistas semiestructuradas".

Galarza, sostuvo Giglione, manifestó "baja tolerancia a la frustración con tendencia a la irritabilidad y a la desregulación emocional. Su apetito estaba conservado y su intelecto era acorde a su edad", explicó, a la vez que contó que "las facultades mentales superiores [atención, memoria y concentración] se encontraban compensadas al momento del examen".

Nahir "manifestó cierto tinte obsesivo respecto de tener las manos sucias con gérmenes y al lavado permanente antes de las comidas, pero esto no se configuraba dentro de un trastorno obsesivo compulsivo, ya que no tenía implicación en su vida diaria. No está dentro de una consideración patológica", afirmó el profesional.

"Los rasgos de personalidad no se configuraban dentro de un trastorno de personalidad, no se evidenciaron enfermedades mentales. Podría haber surgido algún signo dentro de la entrevista, pero no surgió", sostuvo el psiquiatra.

La fiscalía lo indagó sobre un posible trastorno de personalidad del tipo esquizotípico, lo que hubiese redundado en una tendencia al aislamiento social, a conductas excéntricas sin llegar al delirio, aunque conductas extravagantes. Sobre esto, y contrariando lo que después de él diría la perito de la defensa, Giglione dejó sentado que "Nahir no presentó personalidad de este tipo al momento de las entrevistas, del examen completo".

"El rasgo que observé con respecto a la cuestión obsesiva compulsiva fue lo de las manos, pero no llega a constituirse en un trastorno obsesivo compulsivo", insistió.

Sin estrés postraumático

Ante la pregunta de la consultora de la Defensa sobre si la compulsión de lavarse las manos podía estar vinculada a un hecho traumático como un abuso, el médico dijo que "no se encuadraba en un trastorno" e insistió con que "no se percibió sintomatología de un estrés postraumático".

"El antecedente del tipo traumático al que refirió de manera espontánea la joven fue una comunicación –o episodio, precisó– con Fernando Pastorizzo en la que habría sido agredida verbalmente. Lo reveló como un hecho traumático ante una pregunta en la entrevista psiquiátrica. Luego agregó, en la última entrevista, que había sido más de un episodio", explicó.

"Manifestó también un episodio que figura como una causa previa [haciendo referencia a un autosecuestro cuando tenía 16 años], donde tuvo una intervención en Cámara Gessel, pero se negó a hablar del hecho y de alguna sintomatología vinculada", agregó.

Y concluyó: "No manifestó ninguna tendencia o antecedente de ideación o conductas autoagresivas".

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