La tendencia "procomún" enfrenta al copyright

Plantea compartir más allá de los derechos
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18 de enero de 2012  

Aquel pequeño agujerito que abrió Internet en el espíritu de compartir cosas entre los seres humanos comenzó a hacerse cada vez más grande. Alentados por la posibilidad de encontrar áreas de interés común, transversales y de acceso masivo, la tendencia del "procomún" gana espacio no sólo entre los tecnólogos y especialistas en la Web, sino también en ámbitos de organización civil. El interrogante se plantea solo: ¿por qué si en Internet la gente se muere por compartir, crear en grupo y participar eso no puede trasladarse a la vida real?

La idea comenzó a rodar con más fuerza después del Premio Nobel de Economía en 2009, otorgado a Elinor Ostrom, la primera mujer en obtener este galardón. La Real Academia de las Ciencias de Suecia seleccionó a Ostrom "por su análisis de administración económica y la organización de la cooperación". Se considera que Ostrom es una de las estudiosas más destacadas en el área de recursos compartidos o bienes comunes, en particular, respecto de cómo los seres humanos interactúan con el propósito de mantener a largo plazo los niveles de producción de recursos comunes, tales como bosques y recursos hídricos, pesca y áreas de cultivo.

Por "procomún" (traducción al castellano del término inglés commons) se entiende aquellos bienes, recursos, procesos o cosas cuyo beneficio, posesión o derechos de explotación pertenecen a un grupo o a una comunidad de personas. Estos bienes corresponden a tres categorías generales: regalos de la naturaleza, creaciones materiales y creaciones intangibles. Procomú n, en palabras de Antonio Lafuente, del MediaLabPrado, es la forma de expresar una idea muy antigua: que algunos bienes pertenecen a todos, y que constituyen una constelación de recursos que debe ser activamente protegida y gestionada por el bien común. El concepto está ligado a la figura jurídica de dominio público.

Según el norteamericano David Bollier, otro de los la teóricos más destacados del "procomún", la idea clásica del mercado no consigue entender cómo unas comunidades estructuradas sobre la confianza, el trabajo voluntario y la colaboración pueden ser más eficientes y flexibles que los mercados convencionales del "mundo real". Su pensamiento se basa en las experiencias de quienes cooperan habitualmente en el desarrollo de aplicaciones diversas gracias al "software libre", lo que no implica que todo su producto sea "gratis", pues desarrollan en ocasiones adaptaciones específicas de herramientas informáticas dirigidas a particulares o a empresas y cuyo costo se deriva expresamente del trabajo empleado en cada adaptación. En los países desarrollados esta tendencia ha comenzado a plantear desafíos aún de laboratorio todavía insospechados para la vida real.

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