Landrú: de Perón a Kirchner, 60 años de humor político y absurdo

Colegas y amigos presentaron ayer en la Legislatura ¡El que no se ríe es un maleducado!, un libro que recopila y analiza su obra; por sus trabajos, el premiado humorista fue perseguido y censurado en los 70
María Elena Polack
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6 de marzo de 2014  

"Puchunguita es un encanto/ mi puchunga es un primor/ las caderas de mi negra/ miden 122." Parte de la cumbia de Mike Laure, interpretada con cadencia por Juan Carlos Colombres, Landrú, fue la sorpresa de la presentación de ¡El que no se ríe es un maleducado! , la compilación de toda su obra.

El público que se acercó ayer al Salón Dorado de la Legislatura porteña sonrió y aplaudió la humorada de Landrú, que prefirió protagonizar un video casero para participar del homenaje que sus colegas, sus simpatizantes y los diputados de la ciudad ofrecieron ayer al destacado humorista.

"No estoy para emociones violentas", se había disculpado Landrú ante Horacio del Prado, el compilador del libro, quien contó la anécdota y dejó en suspenso el saludo del maestro hacia su público.

Fue divertido escucharlo cantar y reír "A puchunga la invitaron/ al velorio de Ramón/ el muerto vio sus caderas/ de pronto resucitó una cumbia", en el intento de restarle solemnidad al reconocimiento de toda su carrera.

¡El que no se ríe es un maleducado! es una amplísima recopilación de 10 capítulos y 462 páginas, editada por Alpha Text, en la que Horacio del Prado, hijo de Calé, otro historietista legendario, trabajó durante tres años, y que cuenta con prólogos de colegas, historiadores, especialistas en lengua castellana y hasta de la actriz Norma Aleandro, con la que Landrú compartió durante un tiempo un programa de radio.

Ciudadano ilustre de la ciudad desde 2003, Landrú nació en 1923 y publicó su primer chiste en la revista Don Fulgencio, de Lino Palacio, en 1945, donde su hermano Jorge Palacio, más conocido como Faruk, le sugirió el seudónimo que se convertiría en su sello de éxito.

En Cascabel aparecieron sus primeros trabajos de humor político, y en 1957 fundó Tía Vicenta, la revista que con ironía cuestionó la dirigencia nacional hasta su clausura, en 1966, durante el gobierno militar de Juan Carlos Onganía.

Antes y después de Tía Vicenta, su genio tuvo lugar en las páginas de Vea y Lea, Avivato, Pobre Diablo, Rico Tipo, Patoruzú, Sucedió con la Farra, Dinamita, Gente de Cine, Loco Lindo, Leoplan, Gente y la Actualidad, Somos, Mercado y los diarios El Mundo y Clarín. En 1971, la Universidad de Columbia le otorgó el destacado premio María Moors Cabot, el más antiguo reconocimiento internacional en periodismo.

Entre sus personajes más destacados se recuerdan la Tía Vicenta, Rogelio "el hombre que razonaba demasiado", al Doctor Chantapufi y el señor Porcel.

Landrú ha satirizado la política argentina desde el primer mandato de Juan Domingo Perón en 1945 hasta la gestión del ex presidente Néstor Kirchner. "El humor político de Landrú es una lima sorda: va poniendo en su lugar los ridículos", resumió el presidente de la Academia Nacional de Educación, Pedro Luis Barcia, que, en su habitual tono humorístico, recordó algunos de los chistes más absurdos de Landrú.

"La sumatoria del trabajo de Juan Carlos es monumental. Su humor no envejece, sino que es una gran calesita", sostuvo su colega Hermenegildo Sábat, actual presidente de la Academia Nacional de Periodismo, quien repasó sus inicios en el periodismo gráfico junto a Landrú.

El periodista radial Rolando Hanglin se definió como un "gran fanático de Landrú de toda la vida" y desgranó recuerdos y anécdotas personales. "Era el absurdo llevado al paroxismo", planteó Hanglin al referirse al creador de publicaciones fundacionales como la revista Tía Vicenta.

"Hemos trabajado juntos. Es el genio más grande de nuestro pequeño gremio de periodistas humoristas. Nunca agravió. Nunca agredió. Es un gran observador de las tendencias y de los tipos sociales. Siempre pescaba con precisión y con fuerza todos los tipos humanos de Buenos Aires y también sus conceptos y sus ideas", añadió. En primera fila, buena parte de la familia de Landrú seguía con atención cada comentario. Uno de sus hijos, Raúl, asistió acompañado por buena parte de sus hijos y de sus nietos.

Apenas un poco más atrás, se repartían muchos amigos y colegas de la vida del humorista, como Miguel Brascó, Juan Carlos Saravia, José Claudio Escribano, Antonio Requeni, Norberto Firpo, Eduardo Meléndez, Luis Grosman y Daniel Balmaceda.

Casi todos tenían comentarios para hacer en voz baja y con una sonrisa nostálgica sobre los personajes de historieta que adornaban el pequeño estrado: el Señor Porcel, el Señor Cateura, Rogelio, María Belén, Tía Vicenta, Jacinto W el Reblan, Sir Jonás el Executive, el Gato Clase A, Mirna Delma.

Diputado porteño por Pro y vicepresidente de Boca Juniors, Oscar Moscariello ofició de anfitrión de la ceremonia en el Salón Dorado de la Legislatura y recordó el impacto que había causado en su familia la clausura de la revista Tía Vicenta, dispuesta por el gobierno militar de 1966.

"Como humorista político, hoy Landrú pondría una cuota de humor. Hacía sociología humorística", destacó Moscariello, al calificar el "humor político como un editorial de una profundidad enorme".

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