Las 5 quejas más comunes en un edificio porteño

Mariel Judith Kernes es contadora y escribió un libro con las experiencias de su marido, que es administrador de consorcios
Fuente: Archivo - Crédito: Ricardo Pristupluk / LA NACION
Mariel Judith Kernes es contadora y escribió un libro con las experiencias de su marido, que es administrador de consorcios
María Manuela Ántola
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27 de enero de 2016  • 13:45

"El infierno son los otros", así definió categóricamente el filosofo Jean Paul Sartre las relaciones entre los seres humanos. La convivencia con un otro siempre es un asunto complicado. Y si ese otro es tan numeroso como la totalidad de los habitantes de un edificio, la complejidad aumenta exponencialmente.

Mariel Judith Kernes, una contadora de 50 años, es plenamente consciente de ello. Todas las noches durante años su marido le relató al llegar a su casa sus experiencias como administrador de consorcios. Ella estaba a su lado cuando una señora llamada Elvira lo llamaba un domingo al mediodía para contarle que otro vecino se había enojado con ella porque su perro había ensuciado el palier. Lo contuvo después de reuniones de consorcio interminables y de quejas ridículas, como que el bronce de la puerta de entrada de tal edificio no brillaba lo suficiente.

Extasiada con tanto material, Kernes decidió cumplir su sueño y escribir Anécdotas de un administrador de consorcios. El libro reúne anécdotas reales e historias imaginadas sobre la profesión de administrador y la vida en los edificios porteños.

"Administrar es mucho más complejo que solucionar problemas edilicios, tratar con gremios, organizar los trabajos de los encargados, administrar los gastos y los pagos, preparar las expensas. Administrar también es mediar y solucionar los conflictos vecinales. Un buen administrador es una especie de psicólogo", explica Kernes.

Para ejemplificarlo, cuenta que en uno de los edificios que administra su marido vive una persona que es acumuladora. O sea, que es incapaz de deshacerse de las cosas. Llegó un momento en que el olor emanaba desde el departamento de esta señora e inundaba los pasillos. Su marido tuvo que convencerla de dejar entrar personas a su hogar para que pudieran limpiarlo. Como resultado, el edificio albergó en su interior unas 60 bolsas de basura menos.

"Los problemas de consorcio son un clásico, ¿quién no tuvo inconvenientes con un vecino?", sostiene Kernes. Por este motivo, la autora comparte con LA NACION la lista de las quejas más comunes de los vecinos de un edificio:

1- Ruidos molestos : gente que pone el volumen de la televisión o de la música tan alto que puede escucharse en todo el edificio, que corre muebles a las 5 de la mañana, que pareciera que practican zapateo americano o que dejan encerrados a perros que se pasan el día ladrando.

2- Objetos tirados en los patios: hay muchos edificios que en los departamentos de la planta baja tienen patios y no pocos vecinos que usan esos patios como basureros y tiran cosas cáscaras de fruta, colillas de cigarrillos o pañales.

3- Uso inadecuado de los espacios compartidos: Dejar en mal estado el salón de usos múltiples (SUM) o aparcar bicicletas en el palier de los edificios son algunos de los problemas más frecuentes.

4- Incrementos de las expensas: Cualquier aumento que se haga genera la ira de muchos vecinos, ya sea por una actualización del sueldo de los encargados o por gastos extraordinarios como reformas o arreglos.

5- Falta de atención de los administradores: Los vecinos llaman, dejan varios mensajes y no reciben una respuesta.

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