Las ferias, un espacio laboral para enfrentar la crisis

Cecilia Wall
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1 de mayo de 2003  • 00:40

Las ferias artesanales que se desarrollan en los espacios públicos de la Capital Federal reflejan en estos días las más diversas formas creativas para combinar arte con sustento. Artesanos, músicos, bailarines y pintores encuentran en las plazas un ámbito laboral con características particulares.

Merlina Martínez y Fernando Nahmijas, estudiantes universitarios y bailarines de tango, trabajan juntos desde hace un año y descubrieron en el dos por cuatro un medio para sobrevivir. Bailan frente a la Iglesia del Pilar, en la Feria de Recoleta, todos los fines de semana, pero entienden que su trabajo no sólo depende de su actuación.

“Una ronda grande de espectadores no significa más dinero en la gorra, si hay muchos argentinos, es entendible que no puedan colaborar, por la crisis económica que estamos atravesando” explicó el joven bailarín.

Según Merlina, su compañera y estudiante de Terapia Ocupacional, “cada vez hay más turistas y se nota la diferencia con la gente de acá, el argentino te alienta pero no puede dejar dinero, en cambio, los extranjeros, sí”.

Los turistas siempre ofrecen una buena oportunidad para la venta. Así, Martín de 60 años, fabricante de carteras de cuero, confiesa que la Feria de Recoleta es el lugar apropiado para vender sus productos porque “transita mucha gente, especialmente gente que no es de acá”.

“La mayoría de las personas que se acercan son chilenos y uruguayos que buscan los objetos de cuero que no encuentran en otros países”, señaló el artesano.

En tanto, Natalia Berlasconi, vendedora de velas que fabrica en su casa, aclara que “la venta en la feria es una cuestión de suerte” porque hay mucha gente que pasea durante toda la tarde sin gastar dinero.

César Fernández se dedica a la aerografía integral artística y vende remeras estampadas con rostros de músicos, coincide que “por la situación del país, la gente de acá no puede comprar”. A pesar de esto, todos los fines de semana viaja desde Temperley hasta la Capital para vender sus productos.

Las ventas callejeras representan para muchos artesanos la única fuente de trabajo. El caso de Lucas Casas, encierra la situación de varios de sus compañeros. El es diseñador y vendedor de pantuflas en la feria, trabajó en una zapatería muy importante y tuvo su propio local, pero desde hace un años, se dedica a vender al aire libre. "No queda otra", concluyó.

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