Las otras madres: las mujeres que acompañan la crianza

Ezequiel Nizzero Cortese, junto a su abuela y a su madre
Ezequiel Nizzero Cortese, junto a su abuela y a su madre Crédito: Rodrigo Néspolo
Historias de hijos que reconocen que la figura materna tiene múltiples caras; un fenómeno que se afianza en este tiempo
Soledad Vallejos
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20 de octubre de 2019  

Jorge Calizaya tiene 56 años. Dos hijas, de 33 y 28, y tres madres: Rosa, Cristina y Julia. Hoy se juntará a almorzar con Rosa, su mamá biológica, a la que conoció cuando tenía 17 años. A Cristina, que vive en Santa Fe y es la esposa de su tío, con quienes vivió durante varios años de su infancia, la llamará por teléfono como todos los años. Y a Julia, la mamá de Rosa, es decir, su abuela, le llevará flores al cementerio. Ella fue la que se hizo cargo de él después de su nacimiento, y murió hace dos años. ¿Quién dijo que madre hay una sola? La de Calizaya no es una historia que encaje en el molde tradicional de familia. Su infancia fue poco convencional. También fue "difícil", resume él, en una trama donde hubo abandono, secretos y temas que aún son tabú, como la identidad de su padre. Pero él dice que su historia tuvo un final feliz, y reconoce que con el tiempo supo rescatar los beneficios de una crianza acoplada entre sus tres madres.

"Con las transformaciones sociales que modifican los modelos familiares no podemos hablar de un modelo exclusivo de 'maternaje', como tampoco de una única manera de ejercerlo. Sabemos, por otro lado, que la función no está determinada por el género. 'Maternar' es poder entrar en conexión emocional, fundar espacios receptivos, entender qué quiere el otro, qué necesita, cómo siente, qué le duele, y todo esto no tiene patrimonio de género", dice Ileana Berman, psicóloga y especialista en maternidad y posparto, que acuña el término "crianza acoplada" como un signo de época.

¿Pueden varias personas al mismo tiempo cumplir ese rol en la vida de una persona? "Por supuesto -afirma Berman-. La maternidad es una función que puede ser cumplida por más de una persona, así como por otra persona que no sea la madre biológica. Me gusta hablar de momentos de 'maternaje'. Etapas que pueden estar vehiculizadas por tías, abuelas, maestras, padres y madres biológicas, por supuesto. Pero no solo eso, porque también podemos pensar que una persona puede ser 'maternada' simultáneamente por varias figuras. Una crianza acoplada".

La televisión llevó al prime time el tema en la tira Pequeña Victoria, que emite Telefe. En la ficción, la gestación por sustitución, la identidad de género y el feminismo se entrelazan para contar la historia de cuatro mujeres que se unen en torno al nacimiento de una beba que, finalmente, deciden criar juntas.

"El cuestionamiento del orden patriarcal, la emancipación de las mujeres, la rebelión de los hijos, la legitimación de las parejas homosexuales, la tecnología, la biogenética y las nuevas legislaciones han producido hondas transformaciones en el modo de armado de las familias y de cómo se ejerce la función parental -interviene Susana Kuras Mauer, psicóloga especialista en vínculos y familia-. Toda función se define independientemente de quién la encarna. Por eso preferimos hablar de trabajo de 'parentalidad', más que de maternidad y paternidad".

Signo de época

Según una encuesta que hizo la Universidad Abierta Interamericana (UAI) para LA NACION, 6 de cada 10 personas reconocieron a otra figura materna en su vida más allá de la madre biológica. Y siempre fueron mujeres: 3 de cada 10 destacaron a una abuela. Detrás, se ubicaron las tías, madrinas y una amiga de la familia. ¿En qué momento de la vida sentiste su mayor compañía? El 46% dijo "siempre". Un 30% mencionó la infancia, y el 10% la adolescencia.

"Los cambios socioculturales, en contextos familiares donde los padres salen a trabajar y están fuera de casa más horas que antes, trajeron nuevas dinámicas y configuraciones -indica Ángel Elgier, director de la carrera de Psicología de la UAI-. Hay estudios que indican que una de las figuras con mayor protagonismo que entra en juego en esta etapa es la abuela. El vínculo afectivo puede enriquecer la relación, aunque el problema podría llegar cuando la abuela cumple funciones de madre a tiempo completo. Además de afecto y contención, es ella la que pone límites, y entonces la relación entre nieto y abuela se distorsiona".

Ezequiel Nizzero Cortese es abogado y tiene 30 años. Sus padres se divorciaron cuando él era chico. A los 11, cuenta, él y su madre se mudaron con su abuela Susana. Pasaron de vivir a pocas cuadras a compartir las 24 horas bajo un mismo techo. Y no se separaron más hasta que Ezequiel se fue a vivir solo, hace tres años. "Era mi abuela la que me llevaba los fines de semana a todos los partidos cuando yo jugaba al fútbol de chico. No importaba dónde fuera, ella preparaba la vianda y salíamos -cuenta-. Los dos somos fanáticos de River, y como mi mamá no maneja, una vez nos fuimos hasta Paraguay en auto para ver un partido. La mitad del camino manejé yo, la otra mi abuela. Ahora tiene 80 años y sigue manejando", dice orgulloso su nieto, que hoy festejará el Día de la Madre por partida doble. "Vamos a almorzar los tres juntos, y siempre llego con un ramo de flores para cada una", dice Ezequiel, que reconoce que Susana siempre fue una figura muy importante en su vida. Hasta llegó a sentir, confiesa, que su madre era su "hermana mayor" y Susana, la mamá de ambos.

Para Mauer, hay lazos que se entretejen y arman una trama de afectos que nutren las necesidades emocionales de cada individuo. "Quizás el arte es tomar de cada uno de los vínculos lo mejor que podamos rescatar, evitando comparaciones mezquinas que por rivalidad nos impidan celebrar la posibilidad de múltiples vínculos 'maternantes'", dice. Y advierte: "A su vez, en la práctica psicoterapéutica se evidencia cotidianamente que se trata de un vínculo complejo, que da mucho trabajo aun cuando hubo amor y entrega plena. Los procesos de subjetivación son sinuosos, plurales y no especialmente previsibles".

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