Lectores que perdieron su plaza

Obras inconclusas, paseos destruidos y vecinos enojados en la Plaza del Lector
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5 de diciembre de 2001  

"La lectura es un placer", pero, paradójicamente, en la Plaza del Lector parece no serlo. Sobre Las Heras y Agüero, el predio -que hace poco tiempo era el orgullo de los vecinos- podría confundirse con una plaza de la bombardeada ciudad de Kabul.

"La Plaza del Lector está en un estado de inexplicable abandono, la calle Agüero entre las avenidas Del Libertador y Las Heras es el reino de la impunidad de los cuidacoches , que amenazan e intimidan a los vecinos que no quieren pagar por un servicio que no necesitan ni pidieron", protestó Javier García Elorrio, miembro de la Fundación Ciudad.

Debajo de este espacio público, cedido por la Biblioteca Nacional a la empresa The Parking Lot, hay un estacionamiento de autos. Como desde la fuente de la plaza se producían filtraciones hacia el garaje, "hace un año comenzaron las obras para repararla, pero hace tres meses se pararon", explicó María Rosa Mascarenhas, que vive frente al predio.

Ante la consulta de LA NACION, el ministro de Educación, Francisco Delich, dijo: "La plaza es del concesionario. La empresa es la responsable por el mantenimiento y por las obras".

LA NACION realizó varios intentos para comunicarse con los representantes de la empresa The Parking Lot, pero no obtuvo respuesta de parte de ellos.

"Era nuestro orgullo"

La Plaza del Lector fue inaugurada el 28 de julio de 1998 y hasta hace un año era motivo de orgullo para los vecinos: en un predio de 2700 metros cuadrados tenía instaladas cámaras de seguridad -que ahora no funcionan-, música ambiental -que ya no se oye- e iluminación -que ya no existe-.

La entrada principal, sobre avenida Las Heras al 2500, está clausurada y, como no hay un cartel que indique que se puede acceder por Agüero, muchos transeúntes no entran porque creen que está clausurada.

A un lado se encuentra el Café del Lector, cuyos dueños se mostraron muy preocupados por el estado de la plaza: "Desde que está cerrada la entrada por Las Heras, bajó entre un 20 y un 25 por ciento la cantidad de clientes durante los fines de semana", aseguró Gustavo Ismirlian, encargado del restaurante.

Y agregó: "Además de todos los problemas que tenemos por esta crisis, hay que sumarle que nadie se hace cargo de arreglar la plaza".

El proyecto, que demandó una inversión de dos millones de pesos, fue financiado por la empresa concesionaria, que administra las dos plantas de estacionamientos -con capacidad para 160 vehículos- situada debajo de la plaza. A los cinco años, esa edificación debe entregarse a la biblioteca para ser utilizada como depósito.

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