Lincoln se prepara para el carnaval

Carroceros y artesanos trabajan día y noche para presentar sus creaciones en la esperada fiesta popular
Julieta Paci
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21 de enero de 2012  • 11:35

A lo lejos se escuchan los tambores, los redoblantes anuncian su llegada, y en los galpones linqueños, con el calor de la tarde, trabajan codo a codo decenas de carroceros que se preparan para "el gran día".

Momias que mueven la cintura y diosas egipcias que bailan al ritmo de la música; hombres y mujeres con máscaras y tubos de oxígeno que se protegen de un mundo contaminado; un sapo que despide espuma por la boca; parejas de hormigas que bailan; gauchos embusteros vendedores de caballos y señoras desesperadas que corren en busca del plan "frutas para todas", son parte de algunas de las carrozas artesanales que podrán verse a partir del sábado 21 en el tradicional carnaval de Lincoln .

Esta costumbre se inició en el año 1928, cuando el profesor Enrique A. Urcola incorporó la fabricación de muñecos a partir de una técnica llamada "cartapesta", que consiste en la superposición de trozos de papel con engrudo, método artesanal que aprendió en el Teatro Colón.

"Mi papá trabajaba de escenógrafo para costear sus estudios y ayudar a la familia. En su adolescencia ya había participado como artesano en los corsos de Lincoln, su ciudad natal, construyendo curiosos motivos con ladrillos y barro. En 1927 llegaron al Colón importantes escenógrafos italianos que dieron forma a un jarrón de cartapesta. Al verlos, mi papá se dijo: ¡Eureka! ¡Aquí está el secreto!", cuenta Amanda Urcola, hija de Enrique y creadora del primer museo argentino de arte infantil y del carnaval artesanal, que lleva el nombre de su padre.

Fue en los carnavales del año siguiente cuando las calles, aún de tierra, vieron pasar "Peliculeros", una original carroza con grandes muñecos de cartapesta que se movían saludando al público.

Néstor Valfiorani, uno de los carroceros con más trayectoria, de 79 años, recuerda cuando junto a Urcola presentaron "Hoy polenta", en 1950, un cocinero con una olla grande a la que revolvía mientras movía la cabeza saludando. "En la última noche de corso del muñeco colgaba un cartel que decía: mañana ravioles, y la gente no paraba de reírse", cuenta quien el año pasado obtuvo un premio especial por la creación de unas marionetas con personajes venecianos que se movían manualmente.

Hoy el legado de Urcola puede verse en todos los galpones de la ciudad. "La materia prima de nuestros muñecos es la cartapesta", explica Raúl Traversa, de 47 años, que desde pequeño se encuentra inmerso en el mundo de los artesanos. "Desde chico me apasionaba esto, la mayor parte de las cosas las aprendí mirando y, en una oportunidad, fui a tomar un par de clases con Urcola", dice rodeado de momias y diosas egipcias que en poco tiempo saldrán a desfilar por la avenida Massey, una de las principales de la ciudad.

Traversa, quien el año pasado obtuvo el primer premio en la categoría carroza, hace seis meses que se encuentra trabajando en cuatro motivos distintos. Para ello cuenta con la ayuda de siete personas que, todos los días desde muy temprano hasta altas horas de la madrugada, se internan en el galpón a crear. "La carroza de los egipcios surgió a partir de una imagen que vi en una máquina tragamonedas", explica entre risas mientras acomoda una de las hormigas que será parte de otro de los carros en donde dos parejas competirán en una pista de baile con una hinchada fervorosa y un jurado de animalitos.

Renzo Sánchez y Javier Guiñazú, ambos quinceañeros, arman entusiasmados una mini carroza en donde un gaucho embustero quiere venderle a otro un muñeco que simula ser un caballo. "Nos queda pintarla y estamos listos para salir, esperamos llegar", dice Guiñazú quien ha obtenido en años anteriores, el segundo, cuarto y séptimo premio en la categoría mini carroza.

"Ésta es la capital del carnaval artesanal, la fábrica del carnaval, el resto son sucursales", dice con convicción Claudio Bernini, de 38 años, uno de los principales responsables de que, cada noche de corso, el público quede boquiabierto al ver desarmarse y dar vueltas en el aire a distintos automóviles, los famosos Autos Locos. "Este año modernizamos a los dos taxis locos, les cambiamos los motores para que rujan más que nunca, con los antiguos ya no podían seguir", explica mientras juega con una llave inglesa y limpia sus manos engrasadas en su remera de trabajo.

"La gente que llega por primera vez al corso piensa que es una fiestita pueblerina, algo chiquito, sin importancia, pero después se da cuenta de que no es así", dice Jorge Fernández, intendente de Lincoln.

Fernández explica que este año el carnaval contará con una novedad: un techo lumínico con luces de led que reemplazará a los tradicionales foquitos y hará que las imponentes carrozas, de más de diez metros de largo y aproximadamente cuatro de alto, se luzcan con mayor esplendor.

Como en los últimos años, la entrada será libre y gratuita y, además de las carrozas, desfilarán las escuelas de samba, las batucadas, los cuerpos de baile, las reinas que representan a diversas instituciones y, al cierre de cada noche, habrá recitales con cantantes de renombre como Jorge Rojas, Diego Torres y La Mosca, entre otros. "Este año participarán alrededor de 150 motivos, 12 carrozas grandes y 16 reinas. Habrá cerca de $500.000 en premios para las carrozas, mini carrozas, cabezudos y se esperan unas 30.000 personas por noche", dice Guillermo Cordero, presidente de la Comisión organizadora del carnaval.

Poco a poco la avenida Massey va tomando color; las tribunas a ambos costados de la calle vaticinan la llegada del rey Momo, y los linqueños esperan ansiosos la noche del 21 cuando una bomba, a las 22, anuncie que empezó el carnaval.

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