Llegan a las villas 15 personas por día

Tras las grandes tomas, varios asentamientos no pudieron ser levantados; un negocio inmobiliario y de acumulación de poder
Fernando Massa
Laura Rocha
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14 de agosto de 2011  

Oportunidad. Propiedad en Villa Soldati, inmejorable ubicación, vista al segundo gran parque de la ciudad. Casa de dos ambientes, un baño, 30.000 pesos. Ultimos terrenos de entre 20 y 25 m2, 8000 pesos.

Ese, si se publicara en algún sitio, podría ser el aviso de la venta de las casillas que se construyeron detrás del asentamiento Los Piletones, en Villa Soldati, a pocos metros de las viviendas sociales que construyen las Madres de Plaza de Mayo en el sur de la ciudad de Buenos Aires.

Aunque las masivas tomas que se produjeron desde diciembre pasado no han vuelto a registrarse, han quedado resabios de esas intrusiones, localizados en varios barrios.

Según cifras oficiales, cada día llegan a las villas y asentamientos de la Capital 15 personas, situación que comenzó con la crisis de 2001 y se mantiene hasta hoy.

La ocupación de tierras porteñas, que ostentan una de las cotizaciones más altas de la Argentina, la suma de territorios y la explotación inmobiliaria son los objetivos que persiguen grupos organizados que explotan la necesidad de la falta de vivienda, según coinciden autoridades políticas y judiciales. La apuesta de máxima de los usurpadores es hacerse de un terreno; la de mínima, conseguir un subsidio del Estado para desalojar el lugar.

Esa lógica extorsiva ha derivado en que una superficie importante de la Capital haya sido ganada por las ocupaciones de tierra. Desde diciembre pasado, las tomas masivas cesaron, pero avanza la ocupación en varias villas porteñas, y persisten, por ejemplo, las intrusiones en las veredas de Riestra, entre La Fuente y Portela en Flores.

En Villa Soldati, unas 20 unidades de material son hoy el resabio de la gran toma del Parque Indoamericano, que dejó tres muertos, en diciembre pasado.

En Retiro, a pesar de que la Justicia prohibió la entrada de materiales de construcción en las villas 31 y 31 bis, las obras siguen a un ritmo febril: las casillas ya llegan hasta las terminales de la estación de ómnibus de Retiro y se transformó en permanente la ocupación de los laterales de las calles que atraviesan el asentamiento más antiguo de la ciudad, linderas con la estación del ferrocarril San Martín; de ahí el nombre del nuevo asentamiento.

También en Chacarita se extendieron las tomas de tierras. Hace casi un mes, un grupo de familias que vivían en el asentamiento que está a la vera del ferrocarril Urquiza, que no es urbanizable, se "mudó" a un galpón vacío y se niega a desocuparlo.

Al parecer, la extensión se habría producido por una pelea interna en la villa que se formó al costado de la vía, que no puede ser regularizada en ese lugar. Las 30 familias que salieron perjudicadas en esa puja se establecieron en uno de los galpones desocupados en terrenos del ferrocarril.

El asentamiento Los Piletones, cuya referente social más destacada es Margarita Barrientos, sumó varias cuadras. Según Barrientos, en el último año y medio se anexaron dos nuevas manzanas.

"Existe una necesidad de vivienda, pero hay mafias que se aprovechan y alquilan tierras o casillas a gente desesperada", explican en el Ministerio de Desarrollo Social porteño.

En Los Piletones, un alquiler de una pieza puede costar entre 400 y 600 pesos. En cambio, en El Playón de Chacarita, puede variar entre los 800 y los $ 1000, por la zona donde están ubicados.

"En la ciudad, las ocupaciones no se hicieron por una necesidad de viviendas. Hubo un claro objetivo de anexar territorios, con un fin inmobiliario y de poder", opinó el fiscal general adjunto, Luis Cevasco.

La usurpación está tipificada como delito en el Código Penal. El artículo 181 dice: "El que por violencia, amenazas, engaños, abusos de confianza o clandestinidad despojare a otro, total o parcialmente, de la posesión o tenencia de un inmueble o del ejercicio de un derecho real constituido sobre él, sea que el despojo se produzca invadiendo el inmueble, manteniéndose en él o expulsando a los ocupantes [...] será penado con entre seis meses y tres años de prisión".

Cevasco explica que, si la Justicia no llega en el momento en que se puede comprobar la violencia o la clandestinidad, ya no puede tipificarse como ese delito.

Aumento del 52,3%

Desde 2001, la población en villas y asentamientos en la ciudad creció el 52,3 por ciento, según el último censo de población, realizado en octubre. A pesar de que no hay un dato oficial sobre la cantidad de personas que se instalaron en la ciudad desde diciembre de 2010, fuentes oficiales confirmaron que el crecimiento es sostenido.

El censo de 2001 registró 107.422 personas que viven en villas, mientras que en 2010 ese número trepó a 163.587. Esos guarismos dan como resultado unos 469 nuevos habitantes por mes, es decir, 15 por día. Desde diciembre, la ciudad sumó unas 4000 personas que usurpan terrenos.

Las villas que más crecieron en superficie y población son las del Sur. Entre la 1-11-14 y la 21-24, suman 55.755 personas. Las villas 31 y 31 bis, que no paran de extenderse hacia los costados y hacia arriba, cuenta, según el último censo, con 26.492 habitantes.

En la Legislatura porteña, se aprobó el año pasado un proyecto para urbanizar las villas 31 y 31 bis. Sin embargo, uno de los requisitos es que la cantidad de habitantes sea estable.

DESDE ADENTRO

Los Piletones

Cuando el sueldo apenas alcanza para una pieza

"La gente no puede pagar los alquileres", dijo Beatriz Barrientos, hija de Margarita, en el comedor que fundó su madre, en el barrio Los Piletones, de Villa Soldati. Y puso el ejemplo de su compañera de trabajo Carmen, una mujer de 42 años que dedica cuatro horas diarias a la limpieza de las calles del asentamiento situado detrás del Parque Indoamericano, donde hoy viven unas 1250 familias. Por ese trabajo –su único ingreso–, cobra 850 pesos mensuales. Y sólo de alquiler, paga 600 pesos, correspondientes a una pieza donde vive con tres de sus cinco hijos. El más chico, de apenas un mes y medio. "El baño es compartido y no tienen cocina. Sólo una hornalla que está muy cerca de la cama", advirtió Beatriz. Desde el comedor Los Piletones, le ayudan con la comida como lo hacen a diario con miles de vecinos. Para colaborar con el comedor, comunicarse con el 4919-1333.

Villa 31

Vivir en un asentamiento, la única opción

En diciembre pasado, con la toma del Indoamericano como puntal, en la villa 31 de Retiro unas 2000 personas vieron un predio de cinco hectáreas del ferrocarril como un baldío ideal para convertirlo en un espacio para vivir. En cuestión de meses, los ocupantes levantaron casas de material y lo bautizaron barrio San Martín, en alusión al tren que corre a metros de allí. Rosmarí es una de las ocupantes. "La mayoría fue gente como yo, que alquilaba en la villa y lo hizo por necesidad. Esto estaba abandonado y había robos y violaciones", aseguró. La mujer trabaja de empleada doméstica y está terminando el secundario. Contó que nunca había imaginado que iba a vivir en una villa y, menos, que iba a tomar un terreno. Alquilaba una casa en Villa del Parque, pero el dueño murió y los hijos vendieron el inmueble. Las cosas no le salieron bien y el dinero sólo le alcanzó para mudarse con sus cinco hijos a un alquiler en la villa 31.

El Playón de Chacarita

Buena ubicación, precios más elevados

Las versiones sobre la más reciente ocupación, que vecinos del Playón de Chacarita concretaron en un terreno del ferrocarril Urquiza, son encontradas. Quienes defienden la toma argumentan que fueron familias que no quieren pagar más los elevados alquileres que se cobran allí, donde hay edificios de hasta cuatro plantas; muchos, en plena construcción. La policía, en cambio, habla de especulaciones inmobiliarias. Elsa, una vecina del Playón, dijo que, a diferencia de otros asentamientos, ahí los precios de los alquileres de piezas son más elevados por la ubicación que tienen en la ciudad. Dijo que oscilan entre 800 y 1000 pesos y que a ella, que cobra $ 1500 por mes, le es imposible afrontarlos.

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