Los científicos no mienten pero...

Diego Golombek
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9 de junio de 2014  

Retractar (del latín, retractus, retroceder, negar). Los artículos científicos son en cierta forma la carta de identidad de los investigadores: el resultado de su trabajo, el objeto de su evaluación, su camino a la promoción o al olvido.

No cabe duda de su importancia y, como consecuencia, de la presión que tienen los científicos por someter sus investigaciones al juicio de sus pares hasta llegar al ansiado paper en la revista soñada. Es cierto que a veces esta presión puede llevar a apuros, adelantos, experimentos sin el control adecuado que hace que después el mismo grupo u otros puedan descubrir un error, un método mal aplicado, una estadística equivocada.

Cuando esto sucede, la moral y las buenas costumbres indican que se debe informar y publicar el error (y circula la broma de que la publicación de una errata es excelente, ya que agrega una publicación más al currículum).

El problema grave, gravísimo, es cuando no se trata de errores, sino de falsedades, truchadas, datos fabricados o plagiados. Los ejemplos que llegan a la prensa son siempre horribles y revelan las bajezas de sus perpetradores. Cuando esto se descubre, el trabajo se retracta y la ciencia sufre. Insisto: esto es terrible -máxime cuando se trata de trabajos que tienen que ver con la salud humana-, pero debemos decir que, mal que mal, es muy infrecuente: los científicos, en general, no mienten, no inventan datos, no copian resultados, repiten pacientemente experimentos hasta estar seguros de lo que publican. Insisto: las generales de la ley son, mayoritariamente, los buenos científicos.

Es cierto, también, que los papers son literatura de convencimiento: los datos son los datos, y no hay con qué darles, pero con esos mismos números se pueden contar diferentes historias, elegir qué y cómo narrar, el orden de los factores, la estética de una figura o una tabla, la cita que corrobora y no la que pone en peligro nuestra argumentación.

En definitiva: que la ciencia es ciencia, pero tiene la característica de que la hacen unos seres muy curiosos llamados científicos que, en el fondo, no dejan de ser profundamente humanos.

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