
Los costos en Trevelin no son sólo económicos
La ciudad recibe pobladores que huyen de los grandes centros urbanos
1 minuto de lectura'
TREVELIN, Chubut.- Los aventureros siguen llegando a estas tierras, donde se puede vivir sin sobresaltos con un ingreso mensual de 800 pesos. Claro que a las urgencias económicas se suman las dificultades iniciales, como las vividas por Pablo Castelli, de 29 años, y su esposa Inés, de 26.
El pueblo los vio venir con un camión de mudanzas el Día de Reyes de 1996 y al principio los miró con desconfianza. Para colmo, Pablo usa sombrero de ala, lleva una barba abundante y botas de montañés.
Se traslada de un lado al otro en un viejo jeep que perteneció al Ejército Argentino, lo que le valió el gráfico mote de Indiana Jones.
"Para poder instalarnos tuvimos que pagar dos años de alquiler por adelantado y firmar un contrato de desalojo", cuenta Inés, que trabaja como maestra en la Escuela N° 166 y que espera su primer bebe para octubre.
La idea de Pablo, que nació en Nuñez y estudió Turismo en el Instituto Perito Moreno, fue siempre la de trasladarse al interior. En Trevelin ha creado un circuito de turismo receptivo, llamado "Gales al Sur".
El sabor de la aventura
Desde que John Daniel Evans, un galés de 20 años, se internó por primera vez en la cordillera de los Andes en busca de oro, allá por 1884, Trevelin no ha perdido el sabor de la aventura.
Más de un siglo después, llegó una nueva oleada de jóvenes que se apartó del circuito frenético de las ciudades. Hay quienes, incluso, vuelven a apostar a la empresa de construir en este pueblo una familia y un negocio próspero.
La inmigración es el impulso que le dio vida a Trevelin, que significa "pueblo del molino", en lengua galesa.
El primer golpe de arado "gringo" lo dio el joven Evans, que protagonizó una historia de película. Según cuenta su nieta, Clery Evans, el intrépido explorador llegó a la Argentina junto con su familia y otros inmigrantes, cuando sólo contaba con cinco años.
Cuando el entonces ministro del Interior de nuestro país, Guillermo Rawson, anunció que se les entregarían tierras a quienes quisieran poblarlas, un grupo de 153 galeses no lo pensó dos veces. Alquilaron un barco, el "Mimosa", que había navegado entre la India y Ceilán, y se hicieron a la mar.
Al contar la aventura, Clery, una mujer de cuerpo pequeño y cabello corto, señala mapas y exhibe documentos originales que prueban la veracidad de una historia que roza lo inverosímil.
Mientras que la Universidad de Ottawa, en Canadá, insiste en comprarle los originales, las autoridades de nuestro país han demostrado escaso interés por ese tramo de nuestra historia.
Clery confiesa que encuentra cada vez más dificultades para conservar los recuerdos sin dinero y a pulmón.
Esta parada frente al fuego de un hogar en la réplica de la cabaña de su abuelo, donde guarda efectos personales del colono, sus memorias y sus diarios de viaje, escritos en galés.
Con un lápiz en la mano y un mapa de la Patagonia a sus espaldas, Clery cuenta que cuando los colonos llegaron a Puerto Madryn, en 1865, no los esperaba nadie.
A orillas del río Chubut, un río cristalino, fundaron Rawson, pero tres familias, entre ellas la de Evans, enfilaron hacia la cordillera.
"Durante cuatro años tomaron leche y comieron yuyos hervidos porque, como eran gringos, no sabían amansar animales", cuenta Clery.
Amistad con los aborígenes
En uno de esos inviernos, los colonos conocieron a los caciques tehuelches Galeot y Wichel, a quienes Evans describiría como "honorables y excelentes cazadores". Gracias a ellos, los galeses volvieron a comer carne y los tehuelches conocieron el pan con manteca y la comida al horno.
Evans entabló amistad con un hijo del cacique Wichel, que le enseñaría a defenderse en la Patagonia y a quien, años más tarde, encontraría suplicando por pan en un reclutorio militar para indígenas, en Carmen de Patagones.
A Evans le llevó seis meses conseguir el dinero para sacarlo de allí. Fue demasiado tarde: cuando regresó, su hermano tehuelche había muerto de hambre y de tristeza.
"Mi abuelo entendió así porque cuando a los 20 años se internó en la cordillera para buscar oro, los araucanos llegados de Chile lo persiguieron durante seis días y terminaron linchando a sus compañeros, Hughes, Parry y Davies -dice Clery-. Esos araucanos habían aprendido que para sobrevivir, todo hombre blanco debía ser eliminado."
Evans pudo huir porque su caballo criollo Malacara, que en Trevelin ya es toda una leyenda, saltó un barranco de tres metros y se desvasó porque no tenía herraduras.
Sangrando, el caballo siguió adelante hasta que el joven galés consiguió otro animal.
Evans fue uno de los fundadores de Trevelin o pueblo del molino, en idioma galés.
En 1886, el Chubut fue declarado territorio nacional argentino y el 30 de abril de 1902 los galeses votaron en un plesbicito por la nacionalidad argentina.
A fines de siglo, Clery Evans se confiesa tan terca como su abuelo. Cuenta que inversionistas holandeses han querido comprarle el campo que heredó de los primeros colonos, pero no piensa movese de allí. "Les dije que se compren un serrucho grande -cuenta-, porque antes me tendrían que cortar las raíces."
Nuevos colonos
Y los aventureros siguen llegando. Como Pablo e Inés confían en el futuro y dicen que quieren que sus hijos crezcan en Trevelin. No son los únicos. En los últimos ocho años también ha llegado gente de Córdoba, Tucuman y la costa bonaerense.
En este pueblo no hay timbres y no se cierran las puertas de entrada. "Nos acostumbramos a vivir sin miedo. En Buenos Aires se vive al revés -dice Pablo-. La gente buena vive enjaulada y los delincuentes caminan libres por la calle."
Turismo
En Trevelin, el turismo sólo alcanza niveles importantes durante 45 días de enero y febrero. El objetivo de los empresarios turísticos es romper con esta estacionalidad y traer gente en invierno con servicios de 4x4, rafting, cabalgatas, trekking, mountain bike y safari náutico.
El precio de la ropa y de la comida es levemente más alto que en Buenos Aires.
Existen dos escuelas estatales primarias y una privada. También hay dos establecimientos secundarios, uno agrotécnico y el otro con orientación turística. A 15 kilómetros del pueblo se encuentran las facultades de Biología, Ingeniería Forestal, Ciencias Económicas de la Universidad de la Patagonia, que lleva el nombre de San Juan Bosco.





