Coronavirus. Los paseos que no fueron: los porteños pasaron de la ilusión al desencanto

Luego de que la Ciudad no permitiera las salidas recreativas, volvió a haber poca gente en la calle
Luego de que la Ciudad no permitiera las salidas recreativas, volvió a haber poca gente en la calle Crédito: Ignacio Sánchez
Tras la conferencia presidencial del sábado, las familias con chicos planificaron salidas recreativas; calificaron la marcha atrás como "un baldazo de agua fría" y "una desilusión"
Federico Acosta Rainis
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28 de abril de 2020  

"Fue como un balde de agua fría para mí y para muchas de mis amigas. Una desilusión. Sabemos y entendemos que es por la salud de todos, pero fue un bajón", dice con un dejo de amargura Juana, una adolescente porteña de 16 años. Su madre, Dolores Gortari, agrega: "Ella ya estaba programando cómo iba a hacer la caminata de una hora de hoy (por ayer)".

Madre e hija cuentan así cómo este fin de semana pasaron en pocas horas de la esperanza al desencanto. Es una escena que se repitió en muchas familias porteñas: el sábado por la noche celebraron la decisión del presidente Alberto Fernández de permitir las salidas recreativas para alivianar la cuarentena adoptada por el avance del coronavirus y el domingo se desayunaron con la decisión del gobierno de la ciudad de no habilitar en ese distrito la opción que hoy entró en vigor en buena parte del país.

"Una breve salida de esparcimiento, en beneficio de la salud y el bienestar psicofísico", de hasta una hora de duración y en un radio de 500 metros a la redonda del domicilio, según quedó definida en el decreto, que por ahora los porteños seguirán sin poder realizar. Las familias con hijos son, quizá, quienes más esperaban esa oportunidad. Porque muchos niños y adolescentes no pisan la calle desde que comenzó el aislamiento obligatorio, el pasado 20 de marzo. Algunos, incluso, desde antes.

Ese es el caso de Juana. "La decisión del Presidente me pareció muy buena, porque con todas las clases virtuales que tenemos y al estar tanto tiempo en una pantalla era bueno poder salir a airearnos un rato", opina la joven, que vive en Barrio Norte junto con su madre, su padre y su hermana menor, y lleva la cuenta exacta de los días de encierro: "Son 42", dice sin dudar un instante. Aunque ahora ya está acostumbrada, Juana cuenta que, al principio, no le fue fácil adaptarse a los cambios. "Del colegio nos mandan mucho material y las primeras semanas con mis amigas nos estresamos un montón", cuenta.

"Es una situación nueva, completamente perturbadora, que irrumpe en la vida de todos y nos desorganiza", explica Irene Kuperwajs, psicoanalista y miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Con el aislamiento, las rutinas del trabajo, el estudio y el sueño se modifican, provocando "angustia, ansiedad e incertidumbre respecto de poder recuperar lo que ya teníamos", completa la especialista.

Entre los más chicos surgen sensaciones que pueden ser difíciles de procesar. Junto al deseo de volver a realizar sus actividades habituales, como visitar a los abuelos, ir a la plaza o encontrarse con sus amigos, aparece también el temor a eso que los adultos llaman "coronavirus", una enfermedad que tal vez no entienden completamente, pero saben que pueden contraer si salen de la seguridad de su casa.

"Cuando escuchamos el mensaje de Alberto fue medio raro, porque Lucía entendió que terminaba la cuarentena y que podía salir a jugar con los amigos", cuenta Eva Márquez, madre de Lucía (5) y Clara (10). Y el domingo, cuando le ofreció a su hija mayor salir a dar una vuelta para distenderse, Clara se negó. "No me lo dijo, pero le daba miedo", reflexiona Márquez. Por ahí uno cargó tanto las fichas durante la cuarentena que ahora le vas a costar salir, algo que uno no pensaba."

"El encierro se puede interpretar en dos sentidos: por un lado genera mucha ansiedad, pero al mismo tiempo afuera está el cuco y hay algo ligado al contagio y a la muerte, y entonces el adentro pasa a ser algo protector. Pero lo que es protector por momentos se transforma en algo insoportable, porque se cortaron los lazos, los cuerpos están encerrados y la sensación de agobio es grande", aporta Kuperwajs.

La experta valora la importancia de las medidas de restricción a la circulación, pero advierte sobre la importancia de evitar los mensajes cambiantes, como ocurrió durante el fin de semana: "Desde el punto de vista psíquico, hay que tratar de dar mensajes que duren, porque cambiar todos los días altera. Las idas y venidas vuelven a instalar que no se sabe lo que está pasando y lo que hay que hacer".

En la calle, todo igual

La decisión del gobierno porteño de mantener la prohibición de salidas fue recibida con amargura, pero fue mayormente acatada por los vecinos. En una recorrida realizada esta mañana por diferentes barrios, LA NACION comprobó que los calles y parques de la ciudad tenían un aspecto similar al de los últimos días, cuando ya se había registrado cierto aumento de la actividad. Y entre quienes paseaban a sus mascotas, iban de compras a algún negocio de cercanía o a pagar un servicio los chicos seguían siendo los grandes ausentes.

"Me preocupa que no haya un plan para volver a la vida normal en la Capital. Siento que nos piden demasiado, pero no comparten tanta información", dijo Milena Rendich, una vecina de Belgrano que había salido a pasear a su perro por los parques de Barrancas. "Me gustaría saber más cifras: creo que esto no es más grave que una gripe común y no entiendo por qué no podemos hacer una salida responsable", agregó.

Cerca de las 10, Martín Ponce, un publicista de 47 años, caminaba rápido por La Pampa al 1700, para ir a comprar ravioles a un comercio del barrio. Lo acompañaba, de la mano, su hijo de cuatro años. Ambos llevaban barbijo. "Estoy de acuerdo con que no se pueda salir para cuidarnos, pero está muy difícil. Tenemos también un bebé de ocho meses que no duerme y en casa estamos caminando por el techo. Ya no sabemos qué hacer: la semana pasada fuimos a andar en monopatín al garaje del segundo subsuelo", dijo Ponce, en diálogo con LA NACION.

Y sobre cómo vivió en su familia la ida y vuelta gubernamental respecto de la posibilidad de los paseos recreativos, contó: "Ni bien supimos que íbamos a poder salir empezamos a programar alguna salida. Pero al día siguiente nos enteramos de que no y fue una gran desilusión. Todos tenemos los horarios cambiados, estamos muy cansados y se está haciendo imposible". Por eso, salió a hacer las compras con su hijo. Para que ambos puedan despejarse, aunque sea un poco, aunque sea un rato.

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