Los pobres deberían recibir lo mejor

Elvira Milano
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17 de septiembre de 2014  

La formalización de los llamados jardines comunitarios no es una mala idea si se considera que de esta forma comenzarían a incorporarse al sistema formal algunas salas que ya existen y están funcionando. Sin embargo, se prevé la integración de esas instituciones al sistema educativo con personas que no tienen formación docente. De ser así, se contradiría el espíritu de la norma.

No tener personal docente formado supone un riesgo grande porque en la formación pedagógica se aprenden prácticas de estimulación y cuidado fundamentales para los niños. Además, los maestros que están en los listados oficiales deberían tener acceso a estas designaciones para que no haya un esquema paralelo de incorporación a la carrera.

La designación de no docentes podría ser una salida válida para paliar un momento de urgencia, pero no sería aceptable que esto se vuelva una modalidad permanente. Por ejemplo, en algunos pueblos muy pobres de Colombia se creó la figura de la "madre cuidadora" en jardines comunitarios, que son capacitadas cada veinte o treinta días. Pero las personas que se hacen responsables de los niños deben ser idóneas y sanas.

Se debería reglamentar que quienes atienden a los niños tengan una supervisión pedagógica periódica y una capacitación adecuada para respetar la equidad educativa.

No por ser pobres se les debe dar a estos niños una menor calidad educativa, al contrario. También se deberían regular las actividades de forma que se planteen acciones que respondan a las necesidades de esos chicos según sus edades.

Y, más allá de los aspectos pedagógicos, quienes estén a cargo de los niños deberían tener además alguna formación básica en puericultura. Por otro lado, deberían contemplarse la existencia de un gabinete de salud o un agente sanitario y la realización de encuentros con los padres en los que se hable sobre los límites, la protección, la higiene y otros cuidados.

Si se cumplieran estas condiciones se estaría haciendo un favor a la educación; serían unos primeros formadores que ayuden a las familias en el cuidado y que den un plus de atención y de elementos socioeducativos.

Además, habría que establecer con claridad el funcionario responsable para el caso de que en estos centros se presenten problemas y también la modalidad de articulación con los jardines comunes y las escuelas primarias. En definitiva, para significar un avance esta norma debería procurar los mejores estándares de atención y educación de los niños.

La autora es profesora del Nivel Inicial, licenciada en Gestión Educativa y directora del Instituto Integral del Sur

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