Los precios calientan la temporada en las playas

En Punta del Este se multiplican las quejas a la hora de comer afuera
Fernando Massa
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31 de diciembre de 2011  

PUNTA DEL ESTE.– Los chicos acaban de llegar del mar con hambre y van directo a la heladerita. Agustina González Chávez, madre de tres de ellos, se encarga de abrirla y les reparte algunas frutas. Otros abren un paquete de galletitas o toman una botella de agua mineral. Los sándwiches de pollo y tomate que trajo la familia De la Arena ya se acabaron. Los habían armado con lo que quedaba del pollo con papas que compraron para la cena del día anterior en una rotisería. "Con 50 dólares hicimos dos comidas para los cinco", cuenta Javier de la Arena, que trabaja en Buenos Aires en una multinacional de cosméticos, y que pasa las vacaciones en Punta del Este desde los cinco años. Este verano para con su mujer e hijos en un tiempo compartido, en Rincón del Indio, y como los precios están mucho más caros cambiaron algunos hábitos: tratan de no comer afuera y aprovechan la comida comprada al máximo o se la rebuscan y en vez de comprar lomo, eligen una colita de cuadril.

En una recorrida que hizo LA NACION por distintas playas de la costa esteña, las familias argentinas con chicos consultadas coincidieron en algo: Punta del Este está decididamente muy caro para los desprevenidos, aunque para el que conoce dónde comprar o comer, las vacaciones pueden costar algo más razonable, o por lo menos tanto como en Cariló o Pinamar.

Los Del Carril, amigos de los De la Arena, alquilaron con otras familias argentinas -son doce en total- una casa entre Montoya y Manantiales. "El consejo es no comprar en La Barra, salvo cuando te quedés corto de algo. Nosotros madrugamos y nos vamos al mercado y a la feria de Maldonado para comprar frutas y verduras, ahí en avenida De los Gauchos y Artigas. Son buenas y baratas", explica Fernando Del Carril, padre de tres chicos de 14, 10 y 9 años, que trabaja en una empresa de consumo masivo.

Es que la diferencia de precios, muy abrupta en algunos casos, sobre todo según de qué lado del puente de La Barra se esté, es la regla y no la excepción. Un simple ejemplo: una Coca puede costar 14 pesos argentinos en un quiosco; 24, en un bar, y 43, en la playa Bikini.

"Sólo vale el Franklin"

"En Punta del Este, las cosas valen más o menos lo mismo que siempre, pero lo que mata es el tipo de cambio", comenta Fernando. Javier De la Arena, sentado en una reposera a su lado, se ríe, y dice: "El gran consejo es que se no vengan con pesos argentinos porque el Roca acá no vale nada. Acá sólo vale el Franklin". Agustina González Chávez se suma a la conversación y apunta que el año pasado el peso argentino se tomaba a casi 5 uruguayos y que hoy eso bajó a 3,50.

Sí: la moneda es otro factor por observar este verano. Porque si bien en la mayoría de los comercios aceptan al peso argentino, no todos lo toman al cambio oficial ($ 1= $U 3,50). En el supermercado de José Ignacio, por ejemplo, los aceptan a regañadientes y, días atrás, lo tomaban a $U 3,30.

La moneda del Este, sin dudas, es el dólar. En los últimos días, su valor se apreció unos diez centavos, luego de sucesivas bajas en relación con el peso uruguayo. Y para cambiar, más que las casas de cambio, las familias consultadas aconsejan cambiar directamente en un supermercado grande, como las cadenas El Dorado o Tienda Inglesa, pero no en un mercado chico.

De todas maneras, con la restricción en la Argentina a la libre compra del dólar, lo que más conviene es realizar la mayor cantidad de gastos con tarjeta de crédito. En Buenos Aires, el saldo de las tarjetas lo convierten a pesos a la cotización oficial del día.

La familia Irigoyen, de La Plata, elige a Punta del Este como lugar de descanso desde hace siete años. "Si sabés dónde ir a comprar o dónde ir a comer, Punta del Este cuesta más o menos lo mismo que Pinamar o Cariló", dice Gerardo Irigoyen, mientras disfruta del día junto su mujer Alejandra y su hijo Fausto en las playas de Solanas.

Al lado, está sentado Ricardo Martín, amigo suyo desde la infancia. "Si hacés vida tranquila, de familia, es así. Ahora, si salís a almorzar y a cenar todos los días, te sale una fortuna", afirma.

Para ir a comer recomiendan el Club de Pesca, donde una familia puede comer bien, con vino incluido por 100 dólares, o un clásico como las chiviterías La Pasiva, Rex o Medio y Medio, donde un chivito y una cerveza de litro pueden costar unos cien pesos argentinos. Más barato que eso es poco lo que se consigue por estas playas.

Y para los turistas que buscan buena comida preparada, los Martín apuntaron que el supermercado Devoto es ideal: anteayer consiguieron un kilo de paella, con langostinos incluidos, y hecha en el día, a sólo 490 uruguayos, unos 140 argentinos.

Suben las máximas en rutas a la costa

LA PLATA.- Cuando ayer el tránsito se adueñaba de las rutas hacia las ciudades de la costa bonaerense, donde circularon hasta 2500 autos por hora, el gobierno provincial decidió actualizar las velocidades permitidas para la circulación en 16 tramos del Corredor Vial Atlántico. En la mayoría de los casos, la máxima avalada se incrementó en 20 kilómetros por hora. Así, en lo que corresponde a la Autovía 2 siete tramos sufrieron modificaciones. En los kilómetros 323 y 395, la máxima permitida pasó a 80 km/h; en los kilómetros 42, 113.5, 203 y 340, a 100 km/h, y en el kilómetro 82, a 120 km/h.

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