Los que no cumplieron y dejaron España

Cuatro de las once familias que se establecieron allí rompieron el contrato y partieron sin despedirse
Silvia Pisani
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15 de septiembre de 2002  

MADRID.- Al llegar al pueblo dijeron que ponían un pie en el paraíso. Pero no habían transcurrido siquiera dos años de residencia cuando cuatro de las once familias argentinas llegadas a Aguaviva, en respuesta a su llamado de población extranjera, hicieron las valijas y se fueron, hartas de una vida que no soportaron.

En algunos casos, las familias disidentes dejaron, además del pueblo, pleitos abiertos, cuentas impagas y cierto desencanto con la respuesta argentina. Tal vez explique por qué hoy la comunidad inmigrante más fuerte de Aguaviva es de origen rumano.

"Se portaron muy mal, muy mal. La gente de acá está muy dolida; es gente buena, no está acostumbrada a que alguien los defraude así", dijo Gilda Mazzeo, una porteña madre de dos varones que acaba de dar a luz en el pueblo a su primera hija mujer. "Nosotros estamos muy felices y lo estaremos más ahora", dijo.

Enumera cuatro familias que ya no están: los marplatenses Molina y Bermo; los Fernández, de la Capital, y los López, de Ituzaingó. Todos se reubicaron en otros puntos de España sin cumplir los cinco años de residencia en Aguaviva exigidos por el programa con el que llegaron, con pasajes financiados por el ayuntamiento. En conjunto, suman 23 hijos, pero ni ellos ni sus padres serán reemplazados.

"El cupo de Aguaviva ya se cerró con los nuevos vecinos rumanos", dijo Mazzeo, secretaria de la Asociación Española de Municipios contra la Despoblación, promotora del plan para convocar pobladores extranjeros.

Las otras siete familias argentinas del plan original siguen adelante con su vida. "Lo que ocurrió es muy triste. Algunos se fueron de la noche a la mañana, sin siquiera despedirse", dijo a LA NACION una madre de cuatro chicas que permanece en Aguaviva.

La idea de traer pobladores argentinos con nacionalidad española fue del alcalde Luis Bricio, que fundó la Asociación contra la Despoblación para evitar la amenaza de desaparición que sobrevuela miles de poblados y caseríos españoles, ante el éxodo constante de los nativos.

Hace dos años, Bricio viajó a Buenos Aires, lanzó una campaña por la prensa y más de 6000 familias afectadas por la crisis se interesaron en su oferta. El entusiasta alcalde empezó por su propio pueblo, que con la llegada de los nuevos habitantes saltó de 650 a 720 vecinos. "Una auténtica multitud", decían.

Los nuevos pobladores argentinos sólo daban muestras de alegría y agradecimiento. Poco después, empezaron los problemas; en junio del año último, LA NACION dio cuenta de al menos cuatro familias insatisfechas. Las diferencias crecieron y -pese a los intentos oficiales por disimular la crisis- son las mismas que ya no están.

"El alcalde no cumple lo que prometió; aquí no hay modo de ganar dinero suficiente y apenas llegué me encontré con que el Ayuntamiento me carga una deuda por pasajes y vivienda que no sé cómo haré para pagar", dijo por entonces el marplatense Javier Molina.

"Fue el alcalde el que vino a buscarnos. Nos prometió una vivienda digna y no cumplió; me ha difamado y dicho cosas de mí terribles -apuntó en su momento Luis Fernández-. No digo que el programa sea malo; al contrario, es fabuloso. Sólo pido que se cumpla lo que se prometió", añadió.

Meses atrás, y en diálogo con LA NACION, Bricio no disimuló su queja hacia los disconformes. "Prescindiremos de quienes nos den patadas en la boca o de los que muerden la boca de quien les da de comer", dijo.

La escuela del pueblo despidió el viernes a los alumnos argentinos de la cuarta familia en partir. Ya sin teléfono en el pueblo, sus padres no pudieron ser ubicados, y otro tanto ocurrió con los jefes de familia que los precedieron en la marcha: en Aguaviva nadie pudo dar nuevas señas. Tampoco pudo ser contactado el alcalde Bricio.

Los juicios pendientes por incumplimiento de contratos y deudas impagas se ventilan en los tribunales dela vecina ciudad de Alcañiz.

Según trascendió, la más pequeña de las deudas que se reclaman es por 3000 dólares. Tal el resultado después de dos años para cumplir el sueño de una vida nueva.

Testimonios de quienes sí se quedaron

MADRID (De nuestra corresponsal).- En otros poblados de Aragón y Valencia continuó, con cuentagotas, la llegada de familias inscriptas en el programa de repoblación.

"Se debe saber que una experiencia como ésta no será sencilla. Más para quien viene de una ciudad", dijo Natalia de León, que llegó hace seis meses a Foz Calanda, vecino a Aguaviva. Ella cubre suplencias en un bar del pueblo y en el hostal. "Son empleos sin pretensiones, pero cuando uno viene aquí tiene que estar dispuesto a aceptar todo", dijo.

A poco de consultar, se recogen experiencias de quienes progresaron con los meses. Tal es el caso de Gilda Mazzeo, secretaria de la Asociación contra la Despoblación. A punto de cumplir dos años en Aguaviva, trajo fuera de programa a parte de su familia. "Después de una cosa así, se comprende que todo depende del ánimo con que vengas. Si pretendés que te regalen todo, difícilmente te vaya bien", sentenció Mazzeo.

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