Los smarthphones, o la fantasía de la presencia

Ana Wortman
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19 de octubre de 2011  • 03:47

La conectividad permanente que generan los smartphones promueve la fantasía de la presencia. Nadie está ausente ni lejos, no tengo que esperar para tomar una decisión laboral, saber que está haciendo el otro, comunicarle mis sentimientos a amigos, novios, amantes o futuros ex novios o amantes o expresar que pretendo estar con el otro a la brevedad.

La velocidad de la información habilita a tomar decisiones que tienen consecuencias en lo inmediato. De ahí que consultores, ejecutivos, empresarios, emprendedores diversos han configurado un modo de ser trabajador, un modo de producir para los cuales los smartphones son imprescindibles. Se asocian a un modo de trabajar, producir, hacer, vincularse, que también se traslada al plano social y afectivo.

Supone cierta astucia de la razón para manejarlos, no sé si inteligencia, pero reclaman un nuevo tipo de racionalidad y de sociabilidad al mismo tiempo. Se comienza a hablar de una manera distinta, a escribir en el chat de una manera distinta. Habilita una comunicación que no da a lugar a largas argumentaciones, responden a cierto automatismo psíquico.

La relación espacio y tiempo ya transformada con la modernidad, se trastoca radicalmente con las posibilidades que otorga las nuevas tecnologías. Nos conectamos con los otros desde ningún lugar. Así como se forman comunidades a partir del uso de estas nuevas tecnologías también muy rápidamente se rompen vínculos.

De todos modos no comparto la idea de que el determinante de cierta liviandad observable en los vínculos afectivos sea consecuencia de estos aparatos y sus posibilidades. Evidentemente se pone en escena una debilidad afectiva previa. Si antes un hombre para cortar una relación decía ‘Me voy a comprar cigarrillos’ y no volvía nunca más, hoy ya no necesita poner el cuerpo ni la palabra para desaparecer. Un sms es más sencillo.

Llama nuestra atención también cómo se modifica la relación con el tiempo, desaparece el pasado y el futuro, todo se convierte en inmediatez, rapidez, presencia virtual, lo cual conspira contra la reflexión, el pensamiento, el hacer una pausa para tomar una decisión. De todos modos es necesario señalar que estas tecnologías de la inmediatez son imprescindibles para un arco del mundo laboral vinculado a las corporaciones trasnacionales, industrias creativas, servicios financieros, el periodismo fundamentalmente.

Es decir, se vinculan con la dinámica de la acumulación capitalista del llamado posfordismo, el cual imprime una relación distinta en la dinámica productiva cotidiana, no automatizada, ni rutinizada, sino más bien individualizada fundada en la creatividad, la innovación, la toma de decisiones. Quienes están en relación de dependencia, en una situación laboral más fordista no están tan apremiados por este tipo de tecnologías.

Se puede afirmar, entonces, que es un sector social y laboral el que está atravesado en sus diversas facetas por las tecnologías y emergen como modelos culturales y subjetivos para el resto de la sociedad.

(*)La autora es doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Instituto Gino Germani de la UBA

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