Maritchu Seitún: "No es tan grave perderse cosas como el primer paso de un hijo"

La psicóloga Maritchu Seitún, que acaba de publicar un nuevo libro sobre crianza, explica la necesidad de reforzar los vínculos en la infancia
La psicóloga Maritchu Seitún, que acaba de publicar un nuevo libro sobre crianza, explica la necesidad de reforzar los vínculos en la infancia Crédito: Marcelo Gómez
Soledad Vallejos
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5 de septiembre de 2019  

Analizan sus características y la manera en que el apego influye en la vida de un niño o un adolescente. En el libro Apego y crianza. Cómo la teoría del apego ilumina nuestra forma de ser padres (Grijalbo, 2019), las psicólogas Inés Di Bártolo y Maritchu Seitún explican que la teoría del apego es el desarrollo del vínculo entre el bebé y su cuidador, habitualmente, su madre o su padre. "Es una relación que se construye de a poco, en la que la cercanía física se combina con la disponibilidad, las miradas, la estimulación, el juego y los buenos cuidados. Es un vínculo de confianza, que ayudará a los hijos en su relación no solamente con sus padres, sino con los demás, y que influirá también en la elección de sus amigos, de sus parejas".

Pero Seitún se apura en diferenciar la teoría del apego de un movimiento que se puso de moda y que supone que tener al bebé en brazos todo el tiempo, amamantar hasta que el niño diga basta y practicar el colecho le darán toda la seguridad que necesita. "Esos hábitos pueden ser ingredientes, pero existe el apego sin el colecho o con una madre que decide que le dará mamadera a su hijo", dice Seitún, autora de otros tres libros que abordan la temática de la crianza.

-¿Cuáles son los pilares de la teoría del apego?

-Tiene que ver con el vínculo que se establece entre un chico y su cuidador. Esa persona que entiende lo que le pasa, que está disponible cuando el bebé lo necesita. Que le ofrece un entorno seguro, una base desde donde ese chico va a salir a investigar el mundo y a donde podrá volver cuando esté en emergencia. Lo que arma el apego es una matriz sólida que también determinará cómo serán los vínculos futuros.

Apego y crianza; autoras: Inés Di Bártolo y Maritchu Seitún; editorial: Grijalbo
Apego y crianza; autoras: Inés Di Bártolo y Maritchu Seitún; editorial: Grijalbo

-Cuando se habla de la teoría del apego siempre se la menciona a la madre como la referente.

-También puede ser el padre. O un cuidador. Hay una manera muy simple de identificar quién es esa persona. Cuando un chico se cae y se lastima, ¿a quién llama? Esa es la figura del apego, y al año de edad ya se puede vislumbrar cómo es ese vínculo.

-¿Es viable la teoría del apego cuando las exigencias laborales dejan poco tiempo para estar en casa?

-Sí. Lo importante durante ese primer año es estar lo que se determina establemente presente y ofrecer la disponibilidad suficiente que el chico necesita. Por supuesto, tener un hijo implica cambios y renuncias. Pero no son para toda la vida. Yo les aconsejo a los padres que durante ese primer año hagan el mayor esfuerzo posible. Y si a veces no se puede compartir con el bebé todo el tiempo que uno quisiera, es mejor hacerse cargo que cargarse de culpas. No es tan grave que uno se pierda cosas que pueden resultar tan importantes como el primer paso de un hijo. Si no estuve en ese momento puedo compensarlo en otra situación. Pero la culpa no es buena consejera.

-¿Qué queda del apego cuando se llega a la etapa de la adolescencia?

-Ese vínculo de cercanía y seguridad perdura en la adolescencia. Los papás seguimos siendo figuras, referentes, y aunque cuando tratemos de explicarles algo a nuestros hijos y ellos nos miren con cara de fastidio, o nos digan que no seamos pesados, igual nos escuchan. Aunque se empeñen en hacer todo lo opuesto, en discutirnos todo, esa confianza que se construyó desde la infancia deriva en una brújula que los orienta. Y lo más importante es que esa matriz que definió esa primera relación será determinante en otras relaciones. Solemos repetir nuestros vínculos primarios. Si tuvimos la experiencia de una relación empática, segura y respetuosa, será más fácil reconocer las relaciones tóxicas y apartarse de ellas.

-¿Qué significan "las voces en estereofónico" en la adolescencia?

-Los adolescentes se alejan o no quieren escuchar a los padres porque ya los llevan adentro. No solo en la modalidad del vínculo, sino también en su cosmovisión: sus pautas, sus reflexiones. Entonces, cuando una madre le dice a un hijo que no maltrate a su hermano menor, por ejemplo, lo que les fastidia es que, además, de esa voz interior que es como un pájaro carpintero que machaca con una idea, venga de afuera otra voz idéntica y les hable al mismo tiempo. Un chico de 14 años puede fastidiarse porque le dijimos que no podía hacer tal o cual cosa, y ese chico es capaz de tirar la silla al piso y encerrarse en su cuarto de un portazo. Pero los portazos de los adolescentes no deberían enfurecernos. No sirve de nada que abra la puerta y empiece a gritar de manera descontrolada. Hay que aprender a hablar después de los enojos sin dar el brazo a torcer. Los límites los ayudan a crecer.

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