Más de treinta años de precariedad laboral

Desde 1974, el porcentaje de las personas que trabajan en el sector microinformal aumentó; también disminuyeron la calidad del empleo y el ingreso

Florencia Abd
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18 de mayo de 2019  

Una estructura ocupacional endeble, o vulnerable, es la realidad que padece la Argentina por lo menos desde fines de los años 1980. Los microdatos de Indec muestran que en esta década llegaba al 22,1%, a fines de los 90, al 44,1% de los ocupados, en el 2003, al 46,1% y en 2018, al 49,3 % con una salvedad: estos empleos fueron decayendo, a lo largo de los años, tanto en productividad como en salario, con su correspondiente incidencia en la calidad de vida de las personas y sus familias.

Con su nuevo informe sobre el mundo del trabajo, llamado "Heterogeneidad y fragmentación del mercado del trabajo" (2020-2018), el Observatorio de la Deuda Social de la UCA pone el foco en un inmenso sector microinformal que supera hoy las 7 millones de personas. Este sector, que trabaja en actividades laborales autónomas, no profesionales, de baja productividad, alta rotación y "baja o nula vinculación con el mercado formal" según la UCA, pero que manifiesta (en un 45,1%) que quisiera hacerlo durante más horas, es la llave para lograr que el país finalmente logre superar la pobreza, o por lo menos gran parte de ella. Esta idea, apuntalar a un enorme sector que quiere trabajar pero que no tiene las herramientas para progresar, refleja la propuesta de llevar adelante un cambio cultural en la Argentina, donde el sector público, pero también el formal (y empresarial) tienen mucho que ver en tender una mano para "nivelar para arriba". Por supuesto que el sector privado formal tiene que ser estimulado, es esperable que en algún momento lleguen las anunciadas inversiones, pero el esfuerzo por salir adelante no termina ahí ni mucho menos.

Canalizar la energía para el trabajo, desde el punto del vista del empleador, del trabajador y de los emprendedores de este sector microinformal es una deuda pendiente. Con múltiples herramientas a definir, como créditos a tasa negativa, baja de impuestos o propuestas de capitalización y también de capacitación, ésta es, según Agustín Salvia de la UCA, uno de los máximos referentes en el país en el ámbito de la investigación y análisis de los indicadores sociales, la salida que necesita la Argentina si piensa en crecer y también en cerrar la brecha entre la mitad de los ocupados con empleos de calidad y la otra mitad en la microinformalidad. Una vez que crezca saludablemente este sector, ya sea con trabajos que ya tenían o con otros nuevos, pero de alta productividad, la inversión dará sus frutos en su calidad de vida y la de sus familias, y también, a través de una mayor productividad, en el crecimiento del país en general.

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