Medicamentos importados, una odisea

Denuncian crecientes dificultades para conseguir algunos remedios
Sebastián Ríos
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20 de marzo de 2012  

Laura Samá tiene 28 años y, desde hace tres, un diagnóstico de colitis ulcerosa que la obliga a tomar diariamente un medicamento para mantener bajo control esa enfermedad intestinal y evitar los molestos y dolorosos brotes que la caracterizan. Pero ahora Laura ha sumado otra complicación: ese medicamento ya no se consigue fácilmente en las farmacias.

"Tomo Pentasa, de Laboratorios Ferring, una versión importada de la mesalazina, porque cuando comencé con la nacional tuve una reacción alérgica que me dejó internada. Los estudios mostraron que soy alérgica a los excipientes de la fórmula nacional. Pero desde hace un mes tengo que hacer un rally por las farmacias para conseguir Pentasa", contó Laura, y agregó: "Ahora me queda medicación para 10 días, por lo que voy a tener que empezar a recorrer farmacias de nuevo".

Las dificultades para conseguir ciertos medicamentos o insumos médicos han comenzado a multiplicarse en las últimas semanas, como resultado de las trabas impuestas a la importación de ciertos productos que poseen versiones locales. Pero ésa no es la única causa: medicamentos que se elaboran en el país, como el Reliverán o el Tegretol (ver aparte), han sido afectados por demoras en la producción, mientras que faltantes de vacunas, como la triple viral, se deben a problemas habituales de su dinámica de la comercialización.

La suma de todos esos factores se manifiesta en las farmacias y en los vacunatorios. No es que no haya remedios, coinciden pacientes y médicos, sino que la disponibilidad de algunos se ha reducido sensiblemente, lo que está obligando a los pacientes a peregrinar por las farmacias para tratar de asegurar la continuidad de sus tratamientos.

Es el caso de Liliana Machicote, que cuida de la salud de su padre y de su madre, ambos en tratamiento tras haber sufrido accidentes cerebrovasculares. "Toman anticoagulantes (clopidogrel, cilostazol), pero desde hace dos meses me resulta muy complicado obtener la medicación -afirmó-. En todas las farmacias de La Plata me dicen que están en falta, tienen demoras, los piden al laboratorio, y termino consiguiendo sólo una caja, cuando la prescripción es de dos por mes."

La nueva rutina de Liliana comienza visitando las seis farmacias de su barrio, pero como no consigue los medicamentos debe irse a las farmacias "grandes del centro" de La Plata, donde la respuesta afirmativa tampoco está asegurada. "Lo mismo me sucedió a fines de enero, cuando mi madre salió de una internación y debía tomar clindamicina, un antibiótico que no podía ser reemplazado por otro porque la indicación era muy precisa", agregó Liliana.

Estrés adicional

Para los pacientes en tratamiento por enfermedades crónicas, la sola posibilidad de no saber a ciencia cierta si la semana que viene o el próximo mes podrán contar con los medicamentos agrega un factor de estrés adicional, que se suma al saberse dependientes de la medicación de por vida.

"Yo tengo una hija que tiene epilepsia, hace 4 años que toma un medicamento, el Valcote 125 mg, con el que no ha vuelto a tener convulsiones -relató Patricia Jiménez, en conversación telefónica desde San Miguel de Tucumán-. Desde principios de mes cuesta conseguir el medicamento: en la farmacia donde lo compraba no lo tienen y he tenido que ir a otras, en donde dicen que no lo tienen y tardan después en conseguirlo."

Patricia es médica y aclara que cambiar de antiepiléptico -una posibilidad que asegura constituye hoy uno de sus más grandes temores- no es un trámite sencillo. "Requiere un tiempo de adaptación en el que se va sacando de a poco una droga y se va introduciendo la otra. Mi objetivo ahora es contar con el medicamento hasta mayo, que es cuando mi hija debe realizarse un electroencefalograma para evaluar el tratamiento", dijo, y agregó: "Mi primera reacción ha sido que compremos todo lo que se pueda, pero ésa no es la solución, porque si uno hace acopio les quita a los demás".

La incertidumbre de no saber si en un futuro cercano se podrá continuar el tratamiento suma una demanda extra a la ya empobrecida oferta de algunos productos. "Tengo una hija de 8 años con parálisis cerebral, que usa pañales que no son ni de adultos ni de bebes y que son importados. Hoy hay que pedirlos, porque no los tienen, y esperar a que lleguen; por eso trato de hacer un pequeño stock -dijo Fátima Alvarez Colodrero, mamá de Pilar-. Por mi parte, yo recibo alimentación por vía parenteral, y esta situación me llevó a pensar qué pasaría si mañana me tienen que cambiar el catéter, algo que puede ser necesario en algún momento y que no se puede prever."

Contó Fátima que esa inquietud la llevó a llamar a la empresa importadora de los catéteres que le permiten alimentarse. "Me dijeron que por el momento había catéteres como el mío, que lo que estaban faltando eran otros productos, ya que ellos importan también productos para diálisis o para cardiología." La respuesta, señaló, no la dejó tranquila.

Incertidumbre

El panorama que surge tras consultar a decenas de médicos de las más diversas especialidades es que los faltantes de medicamentos afectan hoy a muy pocos productos, y muchas veces por breves (aunque imprevisibles) períodos, marcados por el tiempo en que las empresas logran retirar los medicamentos o los insumos de la Aduana.

"Hace tres semanas hubo un faltante de una sustancia que se coloca dentro de los implantes de semillas radiactivas, que usamos para tratar a pacientes con cáncer de próstata. Si bien las semillas se fabrican acá, el iodo es importado -comentó la doctora Berta Roth, a cargo del Area de Terapia Radiante y Diagnóstico por Imágenes del hospital Roffo-. No tardó más de una semana en solucionarse, por lo que no tuvimos que suspender los tratamientos, pero sí tuvimos que demorarlos."

Pero a veces los plazos de espera no son tan terminantes. Es el caso de Cristina Wakin, que fue operada de tiroides y que cada 6 meses debe realizarse chequeos para descartar que la ausencia de esa glándula esté afectando su salud. "Cuando fui a sacarme sangre, la recepcionista del laboratorio me dijo que me tenía que dar una fecha de entrega de los resultados para el 9 de abril, a no ser que quiera retirar el resto de los estudios, y el de la vitamina D lo vamos viendo...", dijo. La recepcionista le explicó que no estaban consiguiendo el reactivo para hacer ese estudio "por problemas de importación".

"¿Y si en abril no consiguen los reactivos?", se preguntó Cristina al salir del laboratorio. Al menos hoy, esa pregunta no tiene respuesta.

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