Medidas necesarias, pero no suficientes

Alberto José Silveira
Alberto José Silveira PARA LA NACION
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10 de junio de 2016  

En el mundo actual en el que la seguridad vial se concibe, de acuerdo con la "Visión Cero", como una obligación del Estado y de la sociedad de evitar o minimizar todo tipo de riesgos a los usuarios de las rutas, generando vías que garanticen su seguridad, en la Argentina tenemos muchas asignaturas pendientes.

Entre ellas se encuentran la construcción de autovías y autopistas para evitar los choques frontales, rutas con perfecta señalización horizontal y vertical, la construcción de banquinas asfaltadas, el adecuado y permanente mantenimiento de las cintas asfálticas, entre otras. Todas estas causas presentes en miles de muertes, heridos graves y discapacidades permanentes.

Son medidas imprescindibles sí, pero no suficientes. Las vías de tránsito más seguras constituyen sólo uno de los pilares de la seguridad vial. Las Naciones Unidas destacan que para la reducción significativa de los muertos en el tránsito, en el contexto de una buena gestión de la seguridad vial, resulta fundamental ocuparse también de lograr usuarios más seguros por medio de la concientización, la educación y el eficaz contralor del cumplimiento de las normas esenciales para preservar la vida, además de consecuentes sanciones efectivas a los transgresores.

Este camino insoslayable del control y la sanción para cambiar conductas y reducir tantas muertes evitables (que nuestras autoridades se resisten a recorrer) está probado exitosamente en los países con mayores logros en la reducción significativa de las víctimas del tránsito.

Sin mayores logros

Por ello, pese a haber transcurrido la mitad de la década establecida por la ONU para incrementar la seguridad vial en el mundo, y ante la que la Argentina se comprometió a reducir los muertos en el tránsito en un 50%, casi nada se logró.

En el país, desde hace más de 25 años no disminuyen los muertos en el tránsito porque, entre otras cosas, no se realiza una política seria y eficaz para lograr cambios de conductas esenciales, como el uso absoluto de cascos y de cinturones de seguridad, el control de los límites de velocidad y del consumo de alcohol y de drogas, y también la siempre ignorada prioridad al peatón. Menos aún sobre problemas nuevos, como la duplicación o más del uso de celulares al volante.

Mientras el Estado siga ausente en el tránsito de cada día, no podremos avanzar significativamente contra esta sangría que nos quita, en cifras gruesas, una vida por hora.

El autor es presidente de Luchemos por la Vida

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