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Historias inesperadas

Mujeres al volante: Victoria Ocampo fue una pionera

Daniel Balmaceda
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13 de agosto de 2019  • 00:16

El primer registro para conducir expedido en la Argentina fue para Dalmiro Varela Castex en abril de 1906. El segundo fue para el doctor Francisco A. Cobos. El listado continúa con nombres más o menos interesantes, pero cabe preguntarse: ¿las mujeres no manejaban? Claro que sí.

La pionera debe haber sido Armandina Poggetti, quien fue célebre en su tiempo por otras cuestiones. Armandina fue la primera mujer que se recibió de farmacéutica, carrera en la que imitó a su padre. En cuanto obtuvo el título profesional en 1902, instaló su propia farmacia. Manejó sin registro, pero siempre acompañada por su marido.

¿Cómo se obtenían los primeros registros?

Se daba un examen simple: uno debía manejar su auto de manera correcta delante del intendente y otros dos funcionarios que firmarían el carnet. Las mujeres que obtuvieron los dos primeros registros de conducir fueron las hermanas Gath, Violeta y Ofelia, hijas de Alfredo, uno de los dueños de Gath & Chaves. Recibieron su certificado en mayo de 1912, aunque no se animaron a moverse por la ciudad a la vista de todos. Sólo manejaron en lugares privados. Las próximas en aprobar sus exámenes fueron Julia P. de Oviedo, Teresa Farga, Elvira Jones y Raquel Aldao. Ellas tampoco se sintieron preparadas para salir a la calle.

Hasta que se presentó Magdalena "Malena" Madero de Tornquist, una mujer singular y emprendedora. Le dieron el carnet femenino de conducir número 7. Fue otorgado el 11 de octubre de 1912 -cinco meses después que las Gath- y llevaba tres firmas: la del intendente Joaquín Anchorena, la del secretario de gobierno, el jujeño Atanasio Iturbe y la del director de Alumbrado Público, el ingeniero Jorge Newbery.

La autorizaron para manejar autos a explosión de no más de 50 c.c. Manejaba por Palermo en compañía de parientes, como su marido, Carlos Alfredo Tornquist (banquero y socio fundador del Automóvil Club Argentino y del Club Argentino de Golf) y su hermana, Sara Madero de Anchorena, casada con el intendente que le había otorgado el registro. El hecho de que su cuñado le haya otorgado la licencia, la convirtió en dueña de una frase que solía repetir: "Por una 'cuña' obtuve el registro". "Recuerdo -dijo en un reportaje hecho en 1969- que en una oportunidad, paseando por Florida, una chica se me cruzó y no pude evitar golpearla con el auto, pese a que iba muy despacio. Yo me di un susto horrible y me bajé para ayudarla, pero no tenía nada. No obstante, le di mi tarjeta por cualquier eventualidad. Al día siguiente vino a visitarme y me trajo de regalo un ramo de flores".

Magdalena Madero ha sufrido otros percances: "Por el año 20, venía manejando mi Rolls Royce, acompañada de una señora y sus dos hijos, y salió un automóvil de la oscuridad, llevándome por delante y haciéndome volcar. Ese fue mi peor accidente. Otra vez, con un Packard atropellé a un chico. Me di un susto espantoso. Paré y al bajarme, salió disparando de abajo del coche y no lo vi más". Adolfo Bioy Casares fue quien evocó en su Breve Diccionario del Argentino Exquisito, que en aquella época se decía "automóvil" y "coche". ¿Auto? Jamás.

Magdalena y Armandina no deben haber pasado desapercibidas en sus travesías automovilísticas. Aunque mucho más escandaloso fue lo que hizo la escritora Victoria Ocampo. En 1914, ya casada, ¡salió a manejar sola, sin compañía! Fue un caluroso domingo de carnaval en que fue a dar unas vueltas en un Packard descapotable. Así, a la vista de la gente, esta señora de veintitantos años se paseaba por Buenos Aires. Cuenta Ocampo que el mayor problema se daba cuando quedaba en una esquina, atascada por el tránsito o la gente que cruzaba, sin posibilidades de apretar el acelerador para huir. "En aquellos días -relató la escritora- estaba de moda una palabra que se ha dejado de usar: 'machona'. Con esa palabra parecían aliviarse los hombres del desagrado o sorpresa de encontrarse con una mujer al volante". También recuerda que alguna vez le gritaron: "¡Andá a lavar los platos!".

No sólo los hombres tenían prejuicios. Una tía de Victoria le contó, divertida, que se había encontrado con otra parienta solterona, quien, con sofocación en el pecho y escandalizada, le contó: "¡La hemos visto a Victoria manejando de manga corta y sin chauffer!". Pronunciado a la francesa, claro.

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