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No me gustan los amigos de mi hijo

Desde el jardín de infantes, hasta la adolescencia, los amigos son parte de la formación social de nuestros hijos. Qué tanto influyen en su día a día y ¿qué hacer cuando no nos gustan algunas de sus actitudes?
Verónica De Martini
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20 de octubre de 2015  • 00:41

Nadie está obligado a querer a todo el mundo, pero cuando se trata de los amigos de nuestros hijos queremos llegar a quererlos como si fueran propios. Nos preocupamos desde temprana edad por su entorno, queremos que sean felices y que estén rodeados de, lo que nosotros creemos, es lo mejor para ellos.

Según cada etapa de la edad escolar la amistad tiene un grado de compromiso y afecta de diferentes maneras. Podremos elegir la escuela, el club, el barrio donde vivir, pero las amistades ya no dependerán de nosotros. Como padres la tarea principal es la de formar a los hijos, y si bien la escuela coopera para ese fin, la base es la familia. Por lo tanto, la educación que reciban en el hogar será la que demuestren en sus otros ámbitos.

En el jardín de infantes

Para muchos niños es el primer lugar de socialización fuera del hogar y los padres tendrán la oportunidad de observar cómo reaccionan sus hijos en el contacto diario en un ambiente que no es familiar. Es en esta etapa cuando los padres empiezan a no estar conformes con la actitud de algún amigo de su hijo, y encienden el alerta ante algún cambio de comportamiento extraño o novedoso como decir malas palabras, pegar o hacer "berrinches". Sin enojarse ni preocuparse en exceso, lo importante es acompañar a los hijos en esta primera experiencia de inicio en la escolaridad y darles un espacio para dialogar acerca de su día en la escuela.

Una buena relación con la maestra favorece el ida y vuelta de información entre lo que pasa en la escuela y en la casa. "Se puede conversar con la directora y el equipo de orientación (EOE) del Jardín, para evaluar, por ejemplo, la posibilidad de asistir a una clase abierta en la que puedan participar los padres. Allí van a tener en vivo y en directo la oportunidad de detectar si es que hay conductas que el niño está copiando de algún compañero, y luego en conjunto con la psicopedagoga, trabajar en el por qué de esa imitación de conductas negativas ", aconseja la Lic. Mariana Kersz. Otra manera de cuidarlos es tomarse el tiempo de conocer a los padres de los niños de la sala y así tener un acercamiento más concreto a la educación, idiosincrasia e ideología de cada familia.

Es importante comprender (y aceptar) que una vez que los hijos entran en la escuela, en cualquiera de sus etapas, necesariamente algo va a cambiar. Será ese el momento de detectar si lo que vemos en sus amigos son cuestiones reales o si es algo que están aprendiendo en casa al ver o escuchar a alguien de la familia. Para la Lic. Hebe Perrone "muchos papás culpan al compañero del aprendizaje de malas palabras, pero no reflexionan acerca de lo que ese niño escucha en su casa. Piensan que el amigo los volvió egoístas, sin embargo el egoísmo es una característica derivada del egocentrismo típico de buena parte de la infancia. Característica que sólo se manifiesta y potencia con los pares y los hermanos. El niño no nace sabiendo compartir, lo aprende como parte de su proceso de socialización, dentro del cual lucha por hallar su espacio".

Cuando empiezan la primaria

Como padres somos el espejo donde los niños se ven reflejados, y mucho de lo que hagamos nosotros, aunque sean actos pequeños e imperceptibles, son cuestiones que modelan la conducta de nuestro hijo. "Si ellos nos ven felices en las reuniones de amigos y observan que podemos vincularnos con gente diametralmente opuesta a nosotros en un marco de respeto y calidez, probablemente esto mismo es lo que lleven los chicos a la escuela y logren una convivencia armoniosa en el día a día" asegura la Lic. Kersz.

Un buen paso para conocer mejor al grupo que los rodea es sugerirle que los invite a su casa, así se podrá observar cómo se comportan entre ellos. La elección de los amigos no está bajo el control de los padres por eso es importante que sean los hijos los que aprendan a diferenciar los que son buenas influencias de las que no. En estos casos la Lic. Mariana Kersz aconseja que "decirle "ese chico no me gusta para vos" o "no quiero escucharte hablar de él", no es lo mejor porque les estamos dando un mal mensaje: les hablamos de puertas cerradas y temas de los que no se hablan en casa, subestimando su capacidad de respuesta y comprensión al respecto. Por el contrario, incentivarlo y motivarlo en las actitudes positivas que tengan sus amigos sí es algo beneficioso. Cuando los amigos lo inviten a un cumpleaños, a dormir, o lo llamen para ir a jugar, se les puede transmitir la tranquilidad de que esas son las actitudes que tienen los buenos amigos. Decirle "¡qué bueno que vayas a jugar a la casa de tu amigo!" o "contame cómo te fue en la piyamada", son puertas que como padres abrimos al diálogo y damos un mensaje claro: "de esto se trata una buena amistad"; es una manera sutil de señalarle qué hacen los amigos. Nunca censurar ni cortar el diálogo sino, por el contrario, abrir siempre la posibilidad de que el niño converse acerca de sus amigos y nos dé sus puntos de vista. No es lo mismo decirle a un niño "no me gusta tu amigo porque le grita a los demás", que preguntarle "Hoy estaba pensando en tu amigo... justo ayer lo escuché gritándole a otro chico... a vos ¿cómo te cae eso?".

Es en la escuela primaria en la cual pasa la mayor parte del día, y "el grupo suele potenciar los aspectos positivos y los negativos de cada miembro. Facilita la emergencia de los afectos más primitivos, promueve los enfrentamientos, todo esto acompañado de un notable desarrollo de la motricidad. El joven tranquilo y reflexivo, se convierte en un huracán al unirse a su grupo", reflexiona la Lic. Perrone. Y agrega: "No culpar a los amigos, es una buena actitud de los padres, pero también lo es ayudarlos a comprender que reunirse con los que pegan a los más débiles, o a los que someten a bulling a un compañero, es provocarles un sufrimiento innecesario. Hablar de valores positivos ejercerá un cambio positivo en su conducta".

Transitar la adolescencia

Durante la secundaria los chicos prefieren pasar más tiempo con sus amigos que en la casa, y por eso las amistades en esta etapa son sumamente importantes. Los adolescentes tienen la imperiosa necesidad de formar un grupo de pertenencia y el grupo tiene una influencia absoluta, "sus acciones y palabras son conductas a seguir. El adolescente puede aceptar cualquier propuesta de su grupo para no quedar afuera" asegura la Lic. Perrone y aconseja que hay que acordar nuevos límites entre padres e hijos siendo firmes pero no rígidos.

La Lic. Kersz aclara que hay "una sutil diferencia entre mostrar interés por los amigos de tu hijo y meterse continuamente en su espacio. Lo ideal es encontrar el equilibrio: mostrarse interesado por las amistades pero sin juzgar ni criticarlos. Cuanto más intentes alejar a tu hijo adolescente de los amigos, más intentará acercarse, justamente porque en esta etapa hay una lucha de sentimientos encontrados que lo hacen rebelarse y alejarse de lo que lo une a la familia; el adolescente quiere independizarse, siente que no es comprendido por la familia, que en los amigos encuentra su lugar en el mundo. Criticar a los amigos hace que el adolescente se ponga a la defensiva, generando una situación tensa y un clima hostil".

El mayor consejo es tener paciencia, y como padres estar presentes y atentos, sosteniendo cada situación, sin generalizar y dejarles el lugar de elegir y que se equivoquen. "Preguntas como "¿con quién te fuiste?", "¿dónde estuviste a la noche?", "¿qué hiciste?" son demasiado directas y a los adolescentes pueden resultarles muy invasivas. Recuerden: el adolescente está en el proceso de lograr independizarse. Es mejor hacer preguntas abiertas, interrogantes que abran a la charla, y no que cierren ni transmitan una sensación de censura. Preguntar "¿cómo te fue ayer?" va a ser mejor recibido por ellos. También es válido tener un pacto para que los chicos cuenten dónde están, por ejemplo cuando llegan a la casa de los amigos mandar un mensaje avisando que llegaron bien. Por supuesto esto hay que conversarlo previamente y aclarar que es sólo un mensaje de texto y que es por la tranquilidad de todos" recomienda la Lic. Mariana Kersz.

"Los padres deben confiar en lo que transmitieron y buscar ayuda profesional cuando tienen dudas que no pueden resolver" concluye la Lic. Hebe Perrone.

Cuándo pedir ayuda

Hay situaciones en donde los padres ya no saben qué hacer respecto de los amigos de sus hijos y todo comienza a tornarse mucho más complejo. Cuando las relaciones ya son tóxicas y graves (como el uso de drogas por ejemplo) se necesita más que una charla abierta y firme con nuestros hijos. En estos casos es saludable pedir ayuda psicológica para que nos brinde las herramientas para lidiar mejor con cada situación en particular.

Expertas consultadas: Lic. Hebe Perrone, Directora de la carrera de Psicología de la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló. Lic. Mariana Kersz, MN 59610, Directora de Clínica de Parejas

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